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El reino feliz
Octavi Pereña i Cortina
Bután, el diminuto país situado en la falda del Himalaya es la única nación del mundo que en vez de interesarse por el PIB (Producto Interior Bruto) se preocupa por el FIB (Felicidad Interior Bruta). Este modelo de gobierno que puede parecernos extraño ha hecho que este país se haya desarrollado de manera distinta a los otros y que haya aportado prosperidad a sus habitantes, hasta el punto que en el 2007 fuese el país que más rápido creció alcanzando una renta por per de 1350 dólares anuales, la más alta de todo el Sudoeste asiático.
A los 17 años Jigme Singye Wangchuch heredó el trono. Viajó por todo el país hablando con la gente, llegando a la conclusión de que el progreso de su pueblo no se podía medir exclusivamente por el dinero. El crecimiento económico tenia que ir acompañado del cultural, espiritual, medioambiental, así como de un buen gobierno.
Yeshey Zimba, que fue ministro de Trabajo y de Desarrollo Humano y dos veces primer ministro, afirma que “la felicidad es subjetiva, y que no podemos garantizar que la gente lo sea, sería muy ingenuo pensar de esta manera. No obstante, sí que desde el Estado podemos establecer las condiciones para que los butaneses tengan la posibilidad de serlo”.
El visionario Jigme Singye Wangchuch asumió rápidamente que su país jamás llegaría a ser un ejemplo de potencia económica, ni militar, pero supo ver en la identidad butanesa su fuerza y autenticidad y sobre este pilar diseñó su plan.. Quien fue primer ministro afirma: “Empezamos nuestro desarrollo muy tarde, así que, teníamos un largo camino que recorrer…Hemos encontrado un modelo que nos funciona por otras vías de desarrollo. Nos hemos fijado en países que han crecido mucho económicamente, pero que han destrozado su propia cultura, sus valores y entorno natural, para no hacer lo mismo. La población de estos países tiene recursos, pero no es feliz…Mientras sigamos teniendo apegos y deseos materiales seguiremos sufriendo”.
Cada dos años una muestra de ciudadanos butaneses responde al cuestionario elaborado por el gobierno para medir el índice de felicidad de sus habitantes. El indicador se sostiene en los cuatro pilares que según el gobierno posibilitan que una sociedad sea feliz: La economía, el patrimonio cultural, el medioambiente y el buen gobierno. Me inclino por poner el buen gobierno como el pilar básico para convertir cualquier país en el reino feliz, como Mercedes de la Rosa dice que lo es Bután.
Nuestros gobiernos estatal y autonómicos, ¿estarían dispuestos a tener en cuenta lo que Alfonso Domínguez, diseñador de moda, dice cuando el periodista le pregunta si la política lo beneficia o le perjudica como empresario. He aquí la respuesta: “Esto es como plantearse si la luna nos beneficia o nos perjudica. La política está ahí y según como se organice incide en todos nosotros. Queramos o no, somos animales políticos. En esto soy muy anglosajón, a la vez que admiro a los griegos y a los romanos. Pobre del país que deja la política sólo en manos de los profesionales de la política. Tenemos una sociedad civil fantástica, que es de todos, y los empresarios y los emprendedores se la juegan más que otros, porque tienen mucha gente a su cargo. El absentismo es negativo, porque para decidir las cosas importantes hay que tener en cuenta la opinión de una sociedad que se pronuncia sobre ellas. Una sociedad que no opina y no se pronuncia sobre las cuestiones que le afectan es una sociedad temerosa, enferma y con una gran falta de madurez democrática”.
Eliu, uno de los amigos que inútilmente intentaron consolar al afligido Job, hizo esta pregunta: “¿Podrá gobernar alguien que odia la justicia?” La respuesta lógica es no. Josafat, rey de Judá escogió jueces a los que dijo: “Mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar del Señor, mirad lo que hacéis, porque en el Señor nuestro dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de soborno” (2 Crónicas 19:5-7).
El problema no es la separación Iglesia – Estado, que la apruebo, sino el hecho de que el hombre haya proclamado su autonomía con respecto a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, lo cual le ha llevado a constituirse en modelo del bien y del mal, resolución que ha causado la grave crisis, no solamente económica, sino de valores éticos y morales que nos incapacita para salir del pozo en el que hemos caído.
El principio que debía regir a los jueces escogidos por Josafat era el temor del Señor porque su comportamiento será una reproducción del de Dios “en quien no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de soborno”. ¿Se puede imaginar el lector como sería nuestro país si nuestros gobernantes, en todos los niveles fuesen personas temerosas del Señor, que diesen a toda la población el mismo trato y que no aceptasen sobornos de los poderosos? Cuando un gobernante recibe dinero de manera fraudulenta se ve obligado a dar luz verde a proyectos que a menudo no sirven para convertir a nuestro país en el reino feliz.
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