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Opinión
· Artículo de opinión
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| El día después |
| Ángel Ruiz Cediel |
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Tal y como se sabía, Zapatero dimite y se retira al alcázar de la jubilación dorada (con un estupendísimo sueldo vitalicio) después de haber descuartizado España , su economía, su configuración, haber ninguneado al país en el ámbito internacional, haber producido daños semejantes a los de un conflicto armado y de haber dejado un legado recalcitrantemente siniestro tanto para los españoles que equivocadamente confiaron en él como para quienes vieron en su desgobierno el resultado de las luchas intestinas de los sociatas.
Dentro y fuera de España los escombros que deja son tantos que se precisarán décadas de conflictos y arduo sufrimiento para volver a un punto cero respecto de dónde estada el país cuando arribó al poder, cosa que aún, lamentablemente, no ha concluido, pues que incluso infaustos personajes de ayer, como Boyer o Rubalcaba ,campean con sus tinieblas, tal vez repitiendo –seguro- la traca de despedida de la etapa del nunca castigado Felipe González. Y, como sucediera con aquél, es más que posible que Zapatero se vaya de rositas y no pague pena alguna por haber arrasado España y la convivencia entre los españoles, además de por haber multiplicado la corrupción –como siempre que gobiernan los sociatas- y de haber puesto a la lucha antiterrorista en un estado muy anterior a donde la dejaron sus predecesores.
Poco importa quién le suceda dentro del partido, porque ya está demostrado que siempre son más de lo mismo: stalinistas, liberticidas, dictatoriales, chiringuiteros, corruptos, etc. Si fuera Rubalcaba, malo, porque con su hedor a checa y su tétrica sombra de manipulador y tramposo empedernido entenebrecerá el Estado hasta que el enfrentamiento social sea inevitable; si, por el contrario, fuera Chacón, malo también, porque de quien no tiene cualificación alguna –más allá de ser mujer y tener un pastazo, que parece ser que es lo que toca- nada se debe esperar, salvo despropósitos como declararse pacifista siendo Ministra de Defensa o dejar al país tal y como ha dejado el Ejército, convertido en algo obsoleto, inútil y sin función alguna más allá de producir honda lástima. Pero es que si fuera cualquier otro candidato, hoy por hoy desconocido por la masa social, ya sabemos qué se puede esperar de los sociatas: improvisación, trampas, enfrentamiento social, etc. Frikis, frikis, frikis. No da para más. Ahí tienen su elenco... y sus resultado, que son un acta incontestable.
En el PP ni se puede ni se debe confiar. Quien no ha tenido arrestos para presentar siquiera una moción de censura cuando el país en pleno estaba manga por hombro, no merece bajo ningún concepto confianza alguna. Quien no ha estado dispuesto a perder por la dignidad de su país, no debe ganar. Ellos mismos se han descalificado, y ellos mismos han sido quienes se han cerrado las puertas de la confianza de los ciudadanos, o, al menos, así deberían entenderlo los votantes.
España no necesita más tibios ni tampoco oportunistas, y han jugado durante siete años precisamente a esto, han evitado por todos los medios el enfrentamiento cuerpo a cuerpo y han optado por esperar a que el adversario se desgastara, cuando no era la cuestión que el adversario o lo que sea saliera del poder, sino que el país en pleno les reclamaba por activa y por pasiva una serie de acciones que en absoluto han sabido satisfacer. Querían el poder, no soluciones para España, y ahora debe la ciudadanía obrar en consecuencia: quien no supo ser oposición, reservándose para el gobierno por desgaste del rival, no sabrá ser Gobierno. Serían más de lo mismo.
¿Y ahora qué?... UPyD, ni cuenta; IU, es un fantasma del cretácico anterior; los nacionalistas deben no sólo ser parados, sino recluidos en el siniestro rincón del inmovilismo nazionalista propio del XIX al que pertenecen; y las nuevas opciones, por más que resulten simpáticas u oportunistas, son temibles debido a su falta de experiencia. Me refiero a Ciudadanos o a Los Verdes. Respecto de estos últimos, no hay duda de que son una tentación, habida cuenta de la difícil encrucijada en que nos está poniendo nuestra propia tecnología, lo de Fukushima y todo eso que vende tanto; pero se debe tener en cuenta que son partidos conformados por personas sin cualificación alguna en la política, los cuales serían nada más que carnaza para los predadores profesionales del Estado y una piruleta para los tiburones internacionales, además que pasaría con ellos como con aquel alcalde de los primeros años de la democracia que decía que “votadme a mí, que ya tengo prados y vacas y una casona y dinero”, y todo pudiera ser que también quisieran aprovechar la circunstancia. Y, por último, nos queda Ciudadanos, la fuerza emergente que puede sacar mayor rentabilidad al descalabro del PSOE y al más de lo mismo del PP.
Lo saben, y están, como en sus días la UCD, nombrando a diestro y siniestro a personajes que nada tienen que ver con el Estado o con tener proyección de estadistas, sino que completan listas a toda prisa, casi con seguridad incorporando a cualquier pelagatos o a cualquier suerte de frikis o personajes notables en sus campos que, por más fama o notoriedad coyuntural que tengan, lo ignoran todo de lo que es un Estado o de las servidumbre que lleva a aparejada una tarea de Gobierno. Concluyendo: de Los Verdes se puede esperar improvisación, y de Ciudadanos, también.
Mal futuro el que nos espera el día después, en fin. Lo deseable sería un Gobierno fuerte, capaz y experimentado que pueda mirar muy lejos para reconstruir el Estado, a la vez que tuviera la capacidad de analizar punto por punto lo que han hecho los sociatas desde que alcanzaron el poder allá donde han estado, y, en su caso, desgobernar lo gobernado y depurar las responsabilidades penales a que haya lugar; pero tal partido no existe. Hubieran sido miembros del Gobierno o de los gobiernos locales, mala cosa será que tengamos que caminar hacia el futuro sin la ejemplarización de que los delitos se castigan... incluso en la clase política. Una china en el zapato que nos obligaría a cojear durante un tiempo que no tenemos, y una tarea que, de ninguna manera, ni Ciudadanos, ni Los Verdes, ni el PP, ni IU, ni UPyD ni, por supuesto, los nazionalistas pueden llevar a cabo.
¿Qué nos espera, pues?... En mi opinión, lo que mejor nos puede pasar es que rehabilitemos al Dios tan perseguido de los sociatas y que recemos, que recemos mucho, porque han arrasado los todo de tal manera que cualquier partido o político que venga tras de ellos, sea o no de ese partido, sólo puede producir pánico. Que el Cielo, en fin, nos coja confesados: estamos solos ante nosotros mismos.
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