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Etiquetas:   La vida desde dentro   -   Sección:   Opinión

Predicar y no dar trigo

Santiago González
Redacción
jueves, 10 de febrero de 2005, 00:43 h (CET)
El lehendakari Ibarretxe se apareció el sábado a los medios y anunció que su Gobierno iba a «trabajar activamente» para que Batasuna concurra a las elecciones. ¿Qué entiende Ibarretxe por «trabajar activamente»? Misterio, porque lo único que estaba en su mano era apurar al máximo la legislatura con el fin de dar tiempo a que se configurase una candidatura 'blanca' y no lo ha hecho. El lehendakari tenía un problema de kalehendari con la Semana Santa de por medio y sólo pudo acortar la legislatura en 26 días, algo menos de lo que preveía Eguiguren, pero lo suficiente para que el Aberri Eguna de este año sea el arranque de la campaña electoral. Un pueblo elegido, guiado por su Juan Josué hacia su propio ámbito de decisión, su tierra prometida.

La vicelehendakari explicó una cosa y su contraria, a saber: que si existiera voluntad de legalizar a Batasuna se podría hacer en 48 horas, al tiempo que recordaba a los ilegalizados que «cada uno es responsable de sus actos».

Batasuna anima al lehendakari y su Gobierno a la coherencia. Si han redactado un Estatuto que declara explícitamente nulos determinados artículos de la Constitución en Euskadi y están en contra de la Ley de Partidos, nada hay en el terreno de los principios que les impida declarar no vigente dicha ley en esta comunidad. Ya puestos, y con carácter provisional, proponen aplazar las elecciones hasta que Batasuna esté en condiciones de concurrir a ellas.

El problema es que Batasuna ha sido ilegalizada por el Tribunal Supremo por formar parte de una banda terrorista y no puede presentarse a las elecciones. Aunque condene la violencia. Aunque forme listas blanqueadas. El mero hecho de estar apadrinadas por Batasuna las contaminaría para los tribunales. Es verdad que el par director de este Gobierno y sus socios pequeños muestran un saber más bien escaso sobre los rudimentos del Estado de Derecho, pero no está en manos del PSOE -y menos aún en las del PP, por razones obvias- legalizar unas listas electorales presentadas por Batasuna.

Los nacionalistas incruentos y ese mutante que responde al nombre de Javier Madrazo consideran que los radicales son imprescindibles, pero están dispuestos a repartirse sus escaños y arreglárselas sin ellos. Es el arte de predicar y no dar trigo. Lamentan la incomparecencia mientras se aprestan a recoger sus votos. Seguramente no es una actitud decente, pero tiene un precedente histórico. Vespasiano fue el emperador romano que construyó el Coliseo y dio nombre a los urinarios públicos, al establecer un impuesto sobre ellos en el siglo I. Cuando en el Senado se le reprochó el tributo escatológico, se hizo acercar el cofre de las recaudaciones y llevándose unos sestercios a las narices, dijo: «non olet».

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