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Televisión y Medios
Etiquetas:   Crítica de televisión  

Simpson

Javier Brazales
Redacción
sábado, 26 de febrero de 2005, 00:11 h (CET)
El malvado y despreciable Burns, tan rico como feo y torvo, desea hacerse con todo el poder en Springfield. Para ello se dedica a comprar todos los medios de comunicación de la localidad, ya con dinero, ya con amenazas y extorsiones. Sólo Lisa Simpson se resiste: su pequeño boletín se convierte en un éxito de ventas y la libertad de expresión se alza contra el villano. Finalmente, todos los ciudadanos de Springfield optan por editar su propio boletín: es la apoteosis de la libertad de expresión, pero, por debajo del sublime concepto, lo único que hay son toneladas de papel llenas de estupideces y necedades escritas por cualquiera.

Es malvado el monopolista Burns, pero los demás son simplemente tontos. Moraleja: desconfíe usted del mal menor; no deja de ser un mal como otro cualquiera. Este es el resumen del episodio de 'Los Simpson' (el número 335) que vimos el sábado noche. Un argumento acre y desengañado, un guión donde cada chiste es un (brillante) navajazo, una visión del mundo que abraza el nihilismo por pura desesperación. No hay nadie capaz de contar estas cosas en formatos convencionales para adultos, porque nadie se atreve; se entiende, pues, que los creadores de la historia hayan optado por los dibujos animados, cuya expresa irrealidad permite que no nos tomemos el relato demasiado en serio. Pero, evidentemente, no es una historia para niños.

No se trata de que sea malo para los niños el que alguien les explique que la vida es una mierda; eso, por supuesto, no es edificante, pero no es el problema principal de 'Los Simpson'. El problema de los grotescos seres amarillos de Matt Groening, en un contexto como el que les atribuye Antena 3, es que son ininteligibles: estos dibujos están pensados para que al adulto convencional reflexione, aunque sólo sea un poco, y no para servírselos a los niños a la hora de comer o en la noche temprana del sábado. Parece, sin embargo, que el programador de Antena 3, adulto convencional, no ha reflexionado debidamente.

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