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Catálogo de mentiras

José Calleja
Redacción
jueves, 10 de febrero de 2005, 04:08 h (CET)
Primero dijo que no se apoyaría en ETA-Batasuna para nada, y ahí esta el plan para crispar, bendecido por los votos de la banda. Luego dijo que el referéndum sería en ausencia de violencia, y ahí está esa convocatoria electoral mediopensionista -mitad referéndum, mitad autonómicas- cuando todavía no se han reparado los desperfectos y el miedo de la bomba de Getxo. Antes el problema era Aznar, al que se presentaba como culpable de la radicalización que supone el plan divisor; ahora está Zapatero, obsesionado por situarse en las antípodas del anterior presidente, y resulta que es cuando la maniobra propagandística del nacionalismo para seguir en el poder se pone de largo en el Congreso y se somete a votación. Por si queda alguna duda del catálogo de mentiras con el que el régimen nacionalista pretende perpetuarse en su situación de privilegio, ahí está el cinismo de pedir que se legalice a los de HB, cuando desde el minuto uno este plan está destinado a succionar el máximo posible de votos de los radicales, visto que se había tocado techo en el electorado templado. Ibarretxe tiene prisa y le vendría fatal la legalización de HB, porque entonces no se podría llevar de ese caladero los votos con los que espera conseguir la mayoría absoluta. Vale ya de cinismo.

La mentira más gorda, y mira que el nivel es alto, consiste en presentarse como representante exclusivo del pueblo vasco; un pueblo al parecer único, sin fisuras, sin matices, en el que, como le gustaba a Franco, todos los buenos vascos le apoyan y los que no apoyan al lunático es que no son vascos. Mientras él asume arrogante el papel de caudillo, la soberanía del Congreso de los Diputados, que representa a cuarenta y dos millones de españoles, en la que hay más diputados vascos del PP y del PSOE que la suma de todos los nacionalistas, se despacha de forma machacona, tramposa y antidemocrática, como 'el pacto de Rajoy y Zapatero', dos mindundis, al parecer, que apenas suman 22 millones de votos, según repite su mentirosa propaganda.

Ha podido hacerse un publirreportaje en el Congreso; se ha violentado el Reglamento para que hable, de saque, 32 minutos y no 10, para que tenga luego réplica, dúplica y dos huevos duros; le han sentado en un escaño cuando no es diputado y por tanto no tiene derecho a ese asiento, se le ha puesto alfombra de amabilidad, ni una palabra más alta que otra... Es igual, la deslealtad intrínseca del nacionalismo vasco le impedirá reconocerlo: entiende que la soberanía popular de 42 millones de españoles, vascos incluidos, es una minucia si se compara con su plan apoyado por ETA.

Estamos asistiendo a una gigantesca operación propagandística, a un golpe de Estado contra la democracia, adobado de prepotencia, mentiras y desprecio a las víctimas del terrorismo. No se quiere hablar del terrorismo nacionalista vasco, ése que va a impedir que gentes como Buesa y Ordóñez, Casas o Iruretagoyena puedan votar en las próximas elecciones plebiscitarias. Estábamos jugando una partida de ajedrez, le pega una patada al tablero y con aire de falsa ingenuidad pregunta: ¿Qué hay de malo en ello?

En la campaña de mentiras a go go, se nos dice ahora que hace falta un Suárez; alguien valiente. Bueno, pues que tome nota Zapatero sobre cómo las gastan los nacionalistas vascos. Al Suárez que dicen echar de menos, el PNV le montó una campaña de boicot, de declaración de 'persona non grata', con pronunciamientos en los ayuntamientos controlados por el régimen nacionalista, cuando el aquel entonces pisoteado presidente osó decir que quería visitar el País Vasco.

Ya llevamos casi treinta años de democracia, tiempo suficiente para saber cuál es el juego de un nacionalismo vasco insaciable, despectivo con la democracia y con los que no son nacionalistas, y que quiere tener todas las ventajas políticas del autogobierno, y de la independencia, sin ninguno de los inconvenientes económicos. Ya saben: todas las cajas vascas esparcidas por toda España, casi ninguna caja española aquí.

Madrazo, que juega ahora el mismo papel que aquéllos que nos explicaban por qué ETA mataba a unas víctimas determinadas, ha dicho que es necesario convocar una manifestación a favor del plan crispador, para saber lo que piensa la sociedad vasca. Bueno, hasta ahora, que yo sepa, ha habido dos manifestaciones, cada una con más de cien mil vascos asistentes, en las que se pedía que el nacionalismo no fuera obligatorio y se decía que con violencia no es plan, sino chantaje, y que el mejor plan era la Constitución. A ninguna de las dos fue Madrazo, claro. Hubo otra, la primera convocada por ¿Basta Ya!, en febrero de 2000, en la que bajo una lluvia infame miles de vascos salieron a decir que se puede ser vasco y no nacionalista; dos de sus asistentes, Buesa y López de Lacalle, fueron asesinados más tarde y un tercero, José Ramón Recalde, salvó la vida de milagro. Por cierto, Recalde, persona extremadamente crítica con el PP, ha recordado que el PNV engaña a los socialistas desde la época de Ardanza y sostiene que hemos pasado de un cínico, Arzalluz, a un fanático, Ibarretxe ('Abc', domingo 30 de enero).

El catálogo de mentiras es interminable, pero hay una que dice Ibarretxe y que resulta especialmente dolorosa: del País Vasco no se ha tenido que ir nadie. Hombre, hasta el fanatismo tiene límites, no se puede ser tan ajeno al desgarro de tantos vascos. Mira, Juanjo, se han tenido que ir: familiares de víctimas del terrorismo, que después de perder a su ser querido se han exiliado con lo puesto; empresarios sometidos a la extorsión por parte del terrorismo nacionalista vasco -hay extorsión, ¿sabes?-; políticos amenazados, gentes anónimas a las que sencillamente se les hacía insoportable el clima de linchamiento contra los vascos del PP y del PSOE; policías, no sé si sabe el lunático que hay ertzainas que viven en Cantabria y que uno de los asesinados por ETA el 21 de noviembre de 2001 vivía en la provincia de Burgos. ¿Cómo se puede ser tan cínico? ¿Cómo se puede mentir de esta forma? ¿Cómo se puede insultar así a tantos y tantos vascos que viven en Alicante, Valencia, Andalucía, Cantabria, La Rioja, Madrid, Canarias...?

No sé qué más insultos a la inteligencia y a la democracia tiene que proferir para que algunos de los que aún piensan en votarle se den cuenta de su catadura moral y se percaten de cómo no hace falta que se haya aplicado su delirio para que la sociedad vasca esté ya más dividida, más crispada y más insegura que antes de esta brillante idea; mucho más crispada, incluso, que cuando ETA mataba a razón de veinte o treinta personas al año. Por cierto, si ETA no mata desde mayo de 2003 es gracias al éxito de una política antiterrorista a la que siempre se ha opuesto el gran crispador.

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