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Opinión
Etiquetas:   Bromas aparte  

¿Para qué un Carnaval?

Ezequiel Estebo
Redacción
miércoles, 9 de febrero de 2005, 00:54 h (CET)
Contra lo que pudiera parecer cuando uno ve las imágenes de Río de Janeiro, Gran Canaria o Cádiz en estos días, los carnavales en líneas generales han ido decayendo a lo largo de los años.

Yo recuerdo que en los años de mi infancia la gente salía masivamente a la calle disfrazada. Ahora no. Si antes todas las calles estaban llenas de gente disfrazada con ganas de reírse y hacer reír, ahora no sucede así.
Ahora uno tiene que irse a calles características de estas fiestas para encontrarse a grupos de personas disfrazadas y según donde incluso ni eso.

A medida que fui creciendo fui viendo como esta tendencia se acentuaba más y más hasta la actualidad en que los carnavales son, en general, una fiesta muy típica pero poco seguida. Las explicaciones fueron cambiando con el
tiempo: Ya no estás en la edad, es que ahora todo va más caro y la gente no tiene dinero para gastarse en eso... O incluso, los más modernos -que no siempre progres- me llegaron a decir que eso era cosa del pasado, fiestas de sus abuelos pero que vamos, ¡carnavales!, en fin, en fin... a estas alturas de la historia...

Pero lo cierto es que yo no creo que nada de todo eso tenga mucho que ver.
El dinero influye, pues sí; y es cierto que esa "moda" de disfrazarse con un mono azul y una careta no surgió de la nada; pero básicamente, yo creo que lo que sucede en torno a este asunto es que la gente ha perdido su sentido del humor o van demasiado tiempo disfrazados a lo largo del año como para verle la gracia de disfrazarse en los días que realmente se destinan a tal efecto. O ambas cosas.

Vivimos, es curioso, en una sociedad llena de información; y, según dicen las mentes pensantes del planeta, la información nos hace libres (aunque yo discrepo de esto, y algún día tal vez me anime a exponer aquí mi particular teoría). Sin embargo, vivimos en una de las sociedades menos individualistas de la Historia. Las líneas del pensamiento único y los nuevos gurús de la ética, que son al fin y al cabo los que hacen las veces de curas para los que no tienen fé, han ido haciendo de esta sociedad un paradigma de apaciguamiento. Nadie levante la voz, nadie piense por sí mismo. Y así es como llegamos al día en que los carnavales sólo lo son donde se da la suerte de juntarse un grupo de gente con ganas de no ser apaciguados o más comunmente donde es un negocio.

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