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La obra póstuma de Eugène Ionesco
Mario López
Vivimos en un país en el que se construyen aeropuertos para solaz de pensionistas y desocupados en general que prefieren conjurar la esclerosis, antes que caminando por veredas o paseos umbríos o angostas trochas, diseminándose por amplias pistas de aterrizaje excusadas al tráfico aéreo.
Si lo hubiera sospechado, Eugène Ionesco se habría ahorrado el arduo trabajo de escribir su drama "El peatón del aire", pues el dramaturgo no habría soportado la idea de que el presidente de la Diputación de Castellón llegara a superar su exuberante genio literario con una obra civil de uso tan excepcional en su género.
Vivimos en un país en el que se inauguran hospitales sin camas, de tal suerte que permite desarrollar un ingenioso operativo cotidiano para traer y llevar, de un lado para otro, el necesario número de dotaciones que los enfermos van demandando en los diferentes puntos de nuestra geografía. Si lo hubiera sospechado, Eugène Ionesco se habría ahorrado el arduo trabajo de escribir su drama "Las sillas", pues el dramaturgo no habría soportado la idea de que la presidenta de la Comunidad de Madrid llegara a superar su exuberante genio literario con la más rudimentaria logística hospitalaria.
Vivimos en un país en el que el cuerpo de bomberos de su capital está todo el día a la gresca con el alcalde, por sentirse desasistido de aquel que no les provee de los efectivos humanos y medios materiales suficientes para garantizar el servicio que el pueblo soberano le ha encomendado, sin que ello le haya supuesto un freno para soterrar ilegalmente una carretera de circunvalación y levantar una ciudad olímpica que jamás albergará los Juegos Olímpicos. Si lo hubiera sospechado, Eugène Ionesco se habría ahorrado el arduo trabajo de escribir su drama "La cantante calva", pues el dramaturgo no habría soportado la idea de que el alcalde de Madrid llegara a superar su exuberante genio literario con sus faraónicos devaneos.
¿Será, quizá, que la España de los últimos años es la obra póstuma de Eugène Ionesco? ¿Se puede vivir más en el absurdo?
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