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Tags: Opinión · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
Señor; sí, señor!


Ángel Ruiz Cediel


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 30 de marzo de 2011, 09:09
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¡Sus órdenes!, decíamos en España la soldadesca cuando aquello de la mili. El Gobierno de España, por ser más internacional, prefiere la disciplina imperial y, a todo mandato que recibe de quienes le tienen bien sujeto por los nueve –que son todos los que cuentan con alguna clase de poder dentro y fuera de España-, responde, a la vez que da un terciado taconazo que le endereza el espinazo desde la rabadilla al cogote: ¡Señor; sí, señor!

Ya sabemos, gracias a Wikileaks, que exactamente eso fue lo que les dijo a las autoridades imperiales cuando el caso Couso y otros que eran de especial interés para el Pentágono o la Casa Blanca o cualesquiera de las multinacionales de aquellos lares: ¡Señor; sí, señor! Y, claro, hizo lo que pudo ante sus señorías magistrados que llevaban los distintos casos, puso en movimiento a su Fiscal y hasta el señor Ministro de Exteriores se disculpó tanto y tan reverentemente como pudo, arguyendo que estaban haciendo lo imposible por darles gustirrinín.

A quienes en España les han afeado su proceder con la crisis no han dudado ni un momento en llamarles traidores, antipatriotas y holgazanes; pero si quienes lo han hecho han sido la señora Merkel, el señor Francozy o las autoridades de Bruselas, han puesto recio ademán, se han cuadrado y gritaron: ¡Señor; sí, señor! Y, claro, han puesto enseguida en planta –a su manera, por supuesto- cuanto les han ordenado porque son muy bien mandados y obedientes como nadie, pues ya se sabe, y así lo ha confirmado el señor Presidente, que no es lo mismo estar en la oposición, donde se puede prometer el oro y el moro, que en el poder, donde las cosas tienen sus servidumbres.

Si ya se vio con Aznar y el Medicamentazo que las que cortan el bacalao en la Sanidad española son las multinacionales Farmacéuticas, con Zapatero presenciamos que ellos eran más campechanos y estaban dispuestos a ponerlas coto y echar el freno, como muy bien se vio con aquello de la gripe A y todo eso, en que se las adquirió unos cuantos cientos de millones de euros en placebos que finalmente conocerán los delirios de la hoguera o serán regalados a países del Tercer Mundo para que se entretengan con inutilidad, y, entonces la señora Trini dijo “¡Señor; sí, señor!” como ahora la señora Pajín canturrea ante ellas sumisamente “¡Señor; sí, señor!”, cuando un díscolo Presidente de Xunta dice que mejor que genéricos porque son más baratos, sabiendo de sobra, como debería saber, que no se trata de eso, sino de obedecer como Dios o el diablo manda y de hacer infamemente ricas a las señoras Farmacéuticas.

Pero no es sólo en los ámbitos internacionales, que va. También los patrios, también. Si es la Banca o los Taytantos Magníficos los que le tienen agarrados de los nueve, el Gobierno en pleno se cuadra y con unánime voz gritan: ¡Señor; sí, señor! Por eso la Banca en España es la única del mundo que, además de cobrar en vez de pagar como es de ley por tener una cuenta corriente en sus bancos, cuando conceden una hipoteca sobre la compra de una casa, si el paganini no abona las cuotas con religiosidad cristiana, le quitan demoniacamente la casa en cuestión y el paganini sigue pagando como si tal cosa, atropello donde los haya; pero es que también entre esos Taytantos Magníficos los hay que quieren su tajada y reciben por ello, además del consabido “¡Señor: sí, señor!”, generosos estipendios como ayudas –como los sindicatos- para que repartan beneficios, subidas de precios en plan impuesto revolucionario, gangas aeroportuarias o las joyas de la corona que se les antojen y todavía resten entre los haberes del Estado.

Y es que el PSOE y Zapatero y sus chicos son muy obedientes y mejor mandados. Y disciplinados, muy disciplinados, a pesar de que cuenten en sus filas con una Ministra de Defensa pacifista, la cual ha dejado al Ejército en cuadro, incapaz de guardarse a sí mismo o de tener un aquél… con Chad, sin ir más lejos y sin faltar. Serán lo que sean, pero saben cuadrarse y gritar marcialmente “¡Señor; sí, señor!, así les manden desde fuera lo que sea o desde dentro quienes son lo bastante escualos. A la ciudadanía, sin embargo, que le den. La ciudadanía, a ellos, sí que deben decirles:“¡Señor; sí, señor!, se les pida lo que se les pida, les regalen el desempleo que quieran, les atraquen con sus leyes, les regulen hasta el ventosear o los dejen en la miseria del desempleo para mayor gloria de los señores mandos.

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