|
Lectura iluminada
Octavi Pereña i Cortina
Ángeles Caso termina su escrito ‘Los libros de Hitler’, así “¿Puede el mal estar tan arraigado en una mente que nada consiga exterminarlo? ¿Ni siquiera cuando tienes toda la sabiduría del mundo a tu alcance? Pues vaya desastre…Da mucha pena descubrir todo esto. En nuestro afán de santificar la cultura, queremos creer que leer nos hace mejores personas”. La publicidad pretende hacernos creer que por el mero hecho de leer mejoraremos nuestra conducta. Estamos immersos en un boom editorial que nos presenta los libros y su lectura como la panacea al rompecabezas social. La realidad no es así.
Es cierto que muchos libros aportan conocimiento y cultura, pero no forzosamente sabiduría. Por lo tanto se debe ser muy cuidadoso a la hora de escoger los libros y como se leen. Henry David Thoreau dice al respecto de los libros: “Leed primero los mejores libros, porque sino descubriréis que no tenéis tiempo para leer los que valen la pena dedicarles un tiempo”. El boom editorial pone en las librerías mucha literatura basura que exige mucho discernimiento para saber distinguirla y rechazar la que se lo merezca. Así se podrá aprovechar el escaso tiempo de que disponemos para prestar atención a los libros que se lo merecen.
Volviendo a los libros de Hitler Ian Kershaw extrae de ‘Mein Kampf’ el siguiente texto: “leer no es un fin en si mismo, sino un medio para un fin”. Hitler explica lo que significa: “El hombre que posee el arte de leer correctamente, estudiando un libro, revista o panfleto, instintivamente e inmediatamente se da cuenta de aquello que en su opinión merece ser recordado permanentemente, sea porque coincide con su propósito o porque sólo se merece ser recordado. Una vez el conocimiento se ha obtenido de esta manera se lo coordina correctamente con el retrato de alguna manera existente de este o aquel tema creado por imaginación, servirá para corregir o complementar, así enaltecerá la exactitud o claridad del retrato”.
Hitler nos viene a decir que la lectura no sirve para adquirir nuevos conocimientos que ayuden a mejorar la personalidad, sino para confirmarla. Cuando se tiene una idea preconcebida, las lecturas solamente sirven para mantener con más fuerza los conceptos que se tienen. Esta manera de leer crea una costra mental que impide que algún rayo de luz que destelle del libro penetre en la mente y proporcione un nuevo concepto que mejore el que ya se tenía. Esta tozudez debe desecharse porque el ser humano todavía no ha alcanzado la perfección.
La Biblia tiene el propósito de enderezar al hombre que se ha torcido por el pecado. Por un lado nos muestra a Jesús el hombre perfecto que debe ser el espejo en el que debemos contemplarnos. Por el otro, descubre aquello interno o externo que nos aleja del hombre perfecto. Debido a ello no podemos abrir la Biblia con ideas preconcebidas y distorsionar su mensaje para que encaje con lo que creemos que es. Esta manera de leer la Biblia nos hace más daño que una granizada. La Biblia ha sido escrita para destacar el desvío moral que se ha producido en nosotros a consecuencia del pecado y de haber abandonado a Dios. También actúa de plomada que marca el grado de desviación producido para que con la ayuda del Señor Jesucristo se pueda enderezar y así evitar el colapso.
Para acercarnos a la Biblia para extraer de ella el jugo que contiene debemos hacerlo con la mente abierta que nos proporciona la humildad que permite vernos tal como realmente somos. El orgullo es un mal compañero de viaje que impide ver nuestra fealdad moral. A pesar de todos los conocimientos que los libres ponen a nuestro alcance no hemos podido transformarla en belleza. ¿Nos quedamos con la expresión de Ángeles Caso: “Pues vaya desastre” con la que finaliza su escrito? Ni pensarlo.
Sabemos que la gracia divina transforma la obstinación en humildad y, esta nos acerca a la Biblia con una mente abierta dispuesta a recibir la luz que nos permitirá ver que Jesús es el modelo de hombre perfecto que debe reproducirse en nuestras vidas. No es el lector quien decide lo que debe decir la Biblia, sino que es él que debe aceptar lo que el Libro dice. En las altas esferas eclesiásticas mucho se habla de la necesidad de cambio en las iglesias. Nunca se ha producido una reforma religiosa sin un sincero retorno a la Biblia con la disposición de aceptar lo que realmente enseña, guste o no. Esta necesidad de apropiarnos el contenido de las Sagradas Escrituras cristianas es muy necesaria en estos momentos de confusión religiosa de la que no se sabe como ponerle fin.
|