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Tags: Sociedad · Salud · Ángel Ruiz Cediel
El cuarto jinete


Ingentes cantidades de isótopos radiactivos han sido distribuidos por las corrientes aéreas y marítimas


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 29 de marzo de 2011, 11:27
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Desde hace algo más de medio siglo el cáncer se ha multiplicado sobre la Tierra. De ser un mal esporádico, probablemente producido por un contacto casual o circunstancial con elementos naturales radiactivos, ha pasado a ser una de las causas principales de mortandad en todo el mundo.

Ángel Ruiz Cediel / SIGLO XXI

El uso de la energía nuclear como arma de guerra, primero, y las constantes pruebas nucleares llevadas a cabo en todo el planeta junto con el uso de la energía atómica para usos supuestamente pacíficos, después, han producido que ingentes cantidades de isótopos radiactivos hayan sido distribuidos por las corrientes aéreas y marítimas por todo el globo, importando poco o nada que en una zona concreta del planeta no se hayan realizado pruebas atómicas o instalado plantas nucleares, porque el viento o el mar llega a todos los confines.

Pero, por si esto fuera poco, hay que contar además con lo que a todas luces son guerras de saqueo, que son todos los conflictos armados locales que ha habido en el mundo después de la Guerra de Corea, que fue el último enfrentamiento ideológico. En esas guerras ilegales e injustas los fines han sido siempre dobles: por una parte, la apropiación de recursos naturales o culturales por parte de las coaliciones o Estados agresores, y, por otra, la de desprenderse de los propios residuos atómicos, deshaciéndose del uranio empobrecido que producen sus centrales nucleares en forma de munición de los ejércitos, al mismo tiempo que esos materiales residuales tienen el propósito de ser esparcidos con cada deflagración para eliminar a parte de los cuatro mil quinientos millones de personas que los poderosos dicen que sobran en el mundo para que el planeta sea sostenible. Unos efectos que producen no sólo una mortandad inmediata en los habitantes de estos países arrasados por las potencias, sino que también van acompañados de efectos secundarios que merman drásticamente el desarrollo futuro de las poblaciones, produciéndose malformaciones congénitas, esterilidades y aun muerte a edades tempranas que merman el ciclo de potencial crecimiento de la población, estableciendo en su lugar una contención de ésta.





Ya se sabe que África, hoy, es usada como el estercolero atómico y de residuos tóxicos de Occidente, en buena parte debido a la corrupción de los gobiernos locales que sostiene ese mismo Occidente, y esto después de que se comprendiera que arrojar al mar esos residuos, especialmente en el Mar Cantábrico español, causaba la intoxicación de buena parte de la fauna marina, la cual terminaba en la cadena alimentaria de la práctica totalidad del mundo desarrollado, pues que las corrientes oceánicas extendían por todo el planeta los isótopos radiactivos liberados. Pero si a esto le añadimos el resultado real de las últimas guerras auspiciadas o respaldadas por la ONU –artificio manipulado por los grandes tiburones económicos del planeta-, se ha de considerar que la cantidad de residuos radiactivos dispersados mediante la munición usada por los ejércitos invasores en los países afectados por esas patéticas resoluciones, es prácticamente equivalente a los residuos producidos por el conjunto de las centrales nucleares que operan en sus países. Una nueva forma de deshacerse de ellos, en fin, so capa de guerras justas que de ninguna manera lo son.

En Iraq, por ejemplo, la cantidad de uranio empobrecido esparcido desbordó con mucho la producción de residuos derivados de las centrales nucleares de EEUU e Inglaterra en su último decenio, y cuyos efectos produjeron incontables cantidades de víctimas al instante y producirán incontables muertes por causa del cáncer y de malformaciones congénitas… ¡durante los próximos 10000 años! Una barbarie genocida que se ha repetido en Afganistán y que a día de hoy se está produciendo en Libia. En este último y más reciente caso, los misiles de crucero o la munición usada por la aviación –en conjunto se han lanzado unos dos millones de kilogramos en bombas y misiles de crucero- contienen ojivas de uranio empobrecido, un material que cuando estalla la bomba es consumido en una pequeña parte, puesto que la deflagración produce temperaturas de unos 10000 ºC, pero del cual, el 70% se transforma en polvo y gas radiactivo del supertóxico y supercancerígeno óxido de uranio. Polvo y gases que permanecerán en el territorio, matando silenciosamente y lentamente a tantos como pueda durante algún que otro milenio, independientemente de lo que las corrientes aéreas arrastren a otros lares, donde se producirán efectos semejantes.



Para quienes no están interiorizados de las consecuencias de la energía nuclear, sea con fines pacíficos o no, estos días han tenido ocasión de ver en televisión algunas entrevistas a alguno de los escasísimos supervivientes de los genocidios de Hiroshima y Nagashaki, los cuales han tenido una vida atroz de cánceres de todo tipo, pero también una descendencia que ha presentado, o malformaciones irreversibles, o problemas de cánceres continuos. Y aún a la tercera generación le está sucediendo otro tanto. Tal vez por eso, lo de Fukushima, a consecuencia del tsunami, les preocupa tanto a los japoneses. Lo extraño es que no nos preocupe también a nosotros, pues que las masas de gas radiactivo están siendo absorbidas por la Jet Stream y, a través de ella, se está contaminando ya parte de Asia, el Norte de Europa y, previsiblemente, no tardará en llegar a la misma España, con especial incidencia en el centro de ella. Algo que ya sucedió con lo de Chernóbil, y eso que, siendo terrible en sus efectos de entonces y de los próximos milenios, es apenas un juego comparado con lo que está sucediendo en Japón.

El cuarto jinete del Apocalipsis, Pestilencia, fue liberado por las potencias hace ya más de 65 años, y desde entonces nos está regalando una muerte particularmente lenta y dolorosa, y, aunque no escuchemos el trote de los cascos del caballo, todos estamos siendo batidos por ella o encerrados en el Hades que arrastra consigo.

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