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España no tiene alma
Daniel Sanabria
Escribía José Ramón De la Morena en el prólogo de uno de sus libros que el éxito te cambia sin que tú te des cuenta. Debe ser cierto. Al menos es una de las explicaciones que le encuentro al cambio de actitud que experimentan los futbolistas cuando se ponen la camiseta de la Selección. Esa estrella que desde el verano pasado adorna la roja debe pesar como el plomo, porque desde entonces se mueven la mitad que antes.
Sabedores de que han cambiado la historia de este país, los jugadores de la Selección compiten como quien ya no tiene objetivos superables. No se puede ganar algo más importante que la copa del mundo. Quizá por eso les resulta tan difícil correr ante rivales como la República Checa o Lituania. Supongo que una fase de clasificación para una Eurocopa es un mero trámite que a ningún campeón mundialista le seduce en exceso.
Pero la camiseta de la Selección Española representa algo más que un equipo de fútbol. Representa un país que es campeón del mundo y que, ahora sí, recibe la mirada de todos los aficionados al fútbol. No se puede ridiculizar esta camiseta. Y jugando como lo hicieron los chicos de Del Bosque el pasado viernes se está ridiculizando la camiseta. Para España empezó el partido cuando se vieron por debajo en el marcador.
Hasta entonces aquello parecía un entrenamiento. Las ganas de ganar eran la mitad que cuando juegan con sus equipos. No excluyo a nadie e incluyo a todos. Sobre todo los del Real Madrid y Barcelona, que con sus equipos salen a muerte desde el minuto uno, y el viernes pasado se tomaron el partido de la Selección como una jornada de descanso.
La vida no funciona así. Si quieres descansar para estar bien con tu equipo, rechazas la convocatoria y punto. Lo que no se puede admitir es que los futbolistas que se están jugando la presencia de nuestro país en la Eurocopa estén pensando en ganar la Liga con su equipo durante esos noventa minutos. Porque esa es la actitud que demostraron ante la República Checa, la de un equipo sin alma, sin objetivos. Conclusión: peligro en Lituania.
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