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Tags: Opinión · The Washington Post Writers Group · E. J. Dionne
La sorprendente nueva clase política


E. J. Dionne


E. J. Dionne E. J. Dionne
martes, 29 de marzo de 2011, 08:45
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COLLEGEVILLE, Minn. -- La batalla electoral por la región de los lagos está transformando la política norteamericana. Cuestiones de lucha de clases o influencia sindical vuelven a la vida tras pasar latentes mucho tiempo. Y una parte del país que fue imprescindible en la ola electoral Republicana de 2010 se aleja del Partido Republicano tan sólo unos meses más tarde.

Los gobernadores Republicanos, Wisconsin y Ohio sobre todo, se negaron la luna de miel política abriendo un ataque frontal a los sindicatos de funcionarios y haciendo propuestas presupuestarias que incluyen acusados recortes de programas populares.

Los Demócratas de la zona están encantados con el rápido cambio de su suerte. Hace unos meses temían que una región dominada por el Presidente Obama en los comicios de 2008 se estuviera volviendo en su contra. Los triunfos Republicanos en Wisconsin y Ohio, y también en Indiana, Michigan y Iowa, todo auguraba problemas al presidente.

Ahora, por motivos más relacionados con las decisiones adoptadas por los gobernadores Republicanos que por cualquier cosa que haya hecho el presidente, muchos votantes, de la clase obrera blanca en particular, empiezan a tener dudas.

"Desde luego abordamos la cuestión de los Demócratas Reagan", dice el alcalde de Milwaukee Tom Barrett refiriéndose a los votantes de clase obrera que empezaron a dejarse llevar por la deriva Republicana de 1980. Barrett perdió frente al Gobernador Scott Walker en noviembre por un margen del 52% frente al 46%, pero los últimos sondeos sugieren que derrotaría a Walker de celebrarse una segunda vuelta. En Ohio, el Gobernador Republicano John Kasich, que ganó por un margen estrecho en 2010, ha visto caer su popularidad hasta el 30% según una encuesta.

En entrevistas telefónicas durante la semana pasada, los políticos Demócratas de toda la región evitaban hacer manifestaciones de victoria prematuras. "No creo que lo sepamos hasta noviembre de 2012", responde el Gobernador de Minnesota Mark Dayton al ser preguntado si las maniobras Republicanas contra los sindicatos de funcionarios terminarían siendo un gran error.

Constituye una ironía política que los Republicanos estuvieran claramente convencidos de que los funcionarios sindicalizados eran tan impopulares que plantarles cara les haría quedar bien frente al votante.

"Formaba parte de una estrategia de la franja de extrema derecha de la maquinaria ideológica Republicana dividir a los empleados del sector privado de los trabajadores del sector público", dice Dayton, un Demócrata que obligó a retroceder la marea Republicana de 2010. Tras décadas de "gigantesca transferencia de riqueza a las clases más altas", dice Dayton, la campaña contra los sindicatos de funcionarios fue "la forma de desviar la atención" abriendo "un enfrentamiento en torno a quién gana un dólar la hora más o menos". La iniciativa, añade, "no ha salido tan bien como esperaban".

El Senador Sherrod Brown, Demócrata de Ohio, decía que hasta los simpatizantes sindicales estaban sorprendidos por el extremo al que el enfoque de los Republicanos "les explotó en la cara" y que "los sondeos de apoyo a la negociación colectiva de los funcionarios son más claros de lo que nunca esperaron los sindicalistas".

Otra sorpresa: el extremo al que los Demócratas, reacios durante mucho tiempo a la acusación de "lucha de clases", están ahora más impacientes que nunca por presentar a los Republicanos como la formación de los privilegiados.

Barrett relataba una parábola que causa sensación entre los Demócratas de Wisconsin, que habla de una estancia en la que "un multimillonario, un activista fiscal y un sindicalista" se enfrentan a un plato de 12 galletas: "El multimillonario coge 11 y dice a los otros dos que 'aquel tipo trata de robaros vuestra galleta'".

Aun así, los Demócratas son conscientes de que el alejamiento de los Republicanos es también una reacción contra la ideología. Dayton ve en los métodos de intimidación del Partido Republicano empleados en Wisconsin algo contraproducente en una región orgullosa de su tradición de construcción del consenso y buena administración pública.

Y Brown dice que aunque la tasa de paro fue la cuestión más importante de las elecciones del año pasado, uno de los argumentos Republicanos más eficaces fue la afirmación de que "Obama gobierna por ideología". Esa acusación se ha vuelto en su contra porque "ahora, ellos se están extralimitando por ideología".

El Senador Al Franken dice haber visto salir por la culata esta reacción también en la batalla presupuestaria de Washington, poniendo el ejemplo de importantes empresarios de Minnesota, Republicanos incluidos, decepcionados ante los recortes de los programas de formación laboral eficaces.

La primera prueba de fuego de la nueva clase política tendrá lugar en Wisconsin. David Prosser, magistrado conservador del Supremo del estado, se enfrenta a un reto sorprendentemente duro en unas elecciones el 5 abril contra Joanne Kloppenburg, que cuenta con el firme respaldo de las fuerzas anti-Walker. A finales de este año, varios senadores Republicanos del estado podrían enfrentarse a plebiscitos del votante.

Las pruebas a largo plazo determinarán si los rumores salidos de las luchas por la igualdad económica en el interior se escuchan mientras el Congreso debate los recortes presupuestarios -- y el grado al que Obama, que ya se ha beneficiado de enfrentamientos que no abrió él, decide unirse a la refriega.

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