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Tags: Opinión · Disyuntiva · Rafael Pérez Ortolá
Vendidos al por mayor


Rafael Pérez Ortolá


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
sábado, 26 de marzo de 2011, 00:00
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De uno en uno, o al por mayor, implica muchas diferencias si uno va a ser vendido de alguna manera, artimañas o grandes gestiones; porque, esa es otra, ¿Cuántos métodos de compraventa existen si si se manejan seres humanos? Unos se venden al diablo, o a los diabólicos, bajo el señuelo de la obtención de unos determinados beneficios; que no siempre se consigan los resultados apetecidos no anula la cesión personal previa. Formas existen de compras descaradas, a las claras, como auténticos sobornos; vas a obtener tales puestos o prebendas, a condición de un servilismo permanente, bajo renuncias o trampas. En otras ocasiones, las maquinaciones provocan formas sibilinas para apoderarse de las características peculiares de las personas. Y lo que es peor, a veces, uno queda vendido, a la intemperie, por IMPREVISIÓN o descuido de sus cualidades; en estos casos desdichados, la venta se ha desarrollado sin intercambio de bienes materiales ni culturales. El abandono propio les condujo a la vorágine de las disposiciones ajenas, quedaron a merced de las circunstancias extrañas.

Hace unos años escribía José Jiménez Lozano, “Me aterra lo sagrado”, por lo poderoso y por las exigencias de lo que entendemos como tal; a ese ente debemos someternos de buen grado, a él hemos de venderle el alma, eran las ideas centrales de su comentario. De por sí, la consideración de SAGRADO se nos ofrece bajo la consideración de muy variados matices e imprecisiones. Dios sabrá mucho del asunto, pero convendremos en las carencias de los humanos a la hora de acercarnos a dichos conceptos. No es lo mismo el planteamiento del significado de lo sagrado de cara a las personas, como colectivos o particulares, cuando afrontan los misterios; que dar por bueno, lo de considerar sagrado e irrefutable el concepto derivado de las simples reflexiones de otras personas; no dejan de ser intérpretes como cualquiera.

Hay circunstancias que podemos elegir, mientras otras nos caen encima sin autorizarlas. Queramos o no, ahí tenemos los MISTERIOS del Universo, la vida y lo sagrado, como parte de ellos; forman parte de nuestro acompañamiento ineludible. ¿Tratamos de afrontarlos? ¿Los respetamos al menos? Corren tiempos de gentes muy liberadas, prescinden de todo aquello que no dominan, o lo creen así. En el caso mencionado, esquivan las preguntas sobre lo sagrado o conceptos similares de gran entidad. Estas fechas de Cuaresma y Semana Santa son propicias para que detectemos la ausencia de preguntas sobre el particular. Se persigue una vida sin grandes planteamientos, de hecho, esa es la panorámica bien visible en el espectro sociológico que nos corresponde.

Sin las preguntas, ¿Desaparecen también las respuestas molestas? Nada de eso, se multiplican; porque los interrogantes quedan “reprimidos” en los terrenos del subconsciente. ¡Ah! Pero lo reprimido no permanece quieto, provoca después CONDUCTAS NEURÓTICAS fuera de todo control. Se perdió la oportunidad de la reflexión atinada, de los razonamientos o del simple diálogo constructivo. En vez de eso, los esquemas sociales estallan en cada esquina; paces que son guerras, disfraces democráticos autoritarios y corruptos, derechos humanos deslavazados, intolerancias y crispaciones. ¿Ni se sabe ni interesa el punto de partida?

Cuando las ideas pierden sus argumentos, no tienen pies ni cabeza; se habla, sí, se habla sin detenimiento, el parloteo abruma, lo que no sé es si se habla de nada. Pasa lo mismo con las imágenes, el desaliño es manifiesto, nos muestran de todo; aunque, repito la idea, no sé si nos enseñan nada verdadero. A este paso van a quedar muy pocas cosas francas, porque todo es CUESTIÓN de FE, lo de más acá y lo de más allá. Nos ha caído como una maldición, se desvanecieron los asideros para los apoyos momentáneos, no digamos si pretendemos los de mayor fuste. Tan potente es el desaguisado, que si observamos alguna persona o entidad con buenas trazas, estas se valorarán como un signo de sospecha, qué estarán maquinando detrás de la fachada halagüeña. No quedan escapatorias, cada quién espabilará por su cuenta y deberá responderse hacia el fondo de la cuestión. ¿En qué puedo creer? Si nos apartamos de las preguntas, se amplia la “neurosis”, las conductas seguirán alocadas.

Sin embargo, el protagonismo se ejerce pocas veces con decisión; al contrario, surge un sinfín de retraimientos conducentes a que uno mismo pase al segundo plano y se deje llevar por el conjunto social que le tocó en suerte. No se sabe bien el origen de ese apocamiento personal. Canetti lo cifraría en el miedo al contacto con lo foráneo, incluídos los sujetos del entorno. Ortega se centraba en la pereza, opuesta al esfuerzo preciso para plantearse una posición concreta. Y habrá muchas más interpretaciones al respecto, pero la realidad emerge por unos fundamentos o por los contrarios, los individuos se refugian en el ESCUDO MASIFICADO, con él se siente el alivio del disimulo, el anonimato diluye la decisión personal. La profusión del anonimato es patente en las actuales redes sociales. Aunque se consiga una tranquilidad falsa, se consiguió el objetivo, el escudo amortigua las sensaciones de los roces. Como una especie de disgregación voluntaria de la persona. Es una práctica muy potenciada por las grandes facilidades actuales, los criterios apuntan en ese sentido.

Las agrupaciones masificadas, por su mediocridad, no favorecen el esfuerzo de las intensas investigaciones, los buenos expertos no son bien recibidos en su seno; el estudio trabajoso y la dedicación estropearían el efecto masa. Las grandes preguntas sobre los límites del conocimiento y los misterios fueron reprimidas hace tiempo. Pero el fondo brotará de nuevo, neuróticamente, disparatadamente, en forma de una razón, una técnica o una ciencia, que no se ciñen a sus limitaciones. Se presentan con la investidura de los nuevos gestores del Universo. Es una labor que les supera con creces, está a la vista. Quedan retratados con la imagen de ORÁCULOS PRETENCIOSOS; ofrecen una sabiduría de la que carecen, sin humildad y avasalladores. Por supuesto, sin el menor atisbo de una adaptación a la mente de cada ciudadano; sus vuelos no les permiten el contacto con la gente corriente, a la cual desprecian y utilizan.

Es evidente la conclusión, cada persona involucrada en las nefastas masificaciones, y de alguna manera todos estamos expuestos a ellas; todos, por lo tanto, nos vemos abocados a unos peligros bien visibles, que nos acechan con sus formatos curiosos, sorprendentes e incluso magníficos. Se les ha venido a denominar como MASAS INVISIBLES, porque se nos escapan sus verdaderos instigadores. Si en la antigüedad se citaban como espíritus de inciertos designios, sus características son ahora de lo más modernas y encubridoras. Atmósferas económicas al servicio de ciertos “dioses”. Políticas con unas tramas absorbidas por “dioses”. Espíritus artísticos ponzoñosos y acomodaticios al mejor postor. Sectarios de cualquier doctrina que permita las manipulaciones de las personas, de sus rasgos peculiares y también de las cuotas comunitarias que les pertenecen. Es decir, masas invisibles sólo hasta cierto punto, debido a sus ocultamientos, pero en cualquier caso reales; constituyen un mal que nos pesa a diario. Nos venden al por mayor, ni tan siquiera consideran la pequeñez que les supone cada insividuo en particular.

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