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Opinión
Etiquetas:   Ser o no ser  

Era por eso, o por otra cosa

Manuel Alcántara
Redacción
viernes, 4 de febrero de 2005, 23:39 h (CET)
Es consolador comprobar que la ciencia médica ha inventado muchos más remedios que enfermedades. Hay fármacos que hacen milagros, a condición de creer en los milagros, y otros que nos obligan a algo mucho más meritorio: esperar que sucedan. Hace más de cuarenta años que Pablo Neruda me recomendó que tomara infusiones de boldo, después de haber compartido algunas botellas de «inteligente vino». Creía él que el boldo es benéfico y yo, que creo en Pablo Neruda, le hice caso. Me gusta bastante menos que el gin-tónic y que el cubata, pero me he hecho un adicto. Casi todas las medicinas que he ingerido en mi vida me las ha aconsejado un amigo, no un farmacéutico. Los farmacéuticos de cabecera lo que me han aconsejado es que tome las menos posibles.

Atribuyo al boldo, que tengo entendido que es un arbusto de la familia de las monimiácias, la irreprochable conducta de mi hígado, pero vaya usted a saber si será por eso o por otra cosa. Los privilegios son siempre de linaje divino. Bien por el efecto de nuestras creencias o bien por el efecto placebo. Hablo de estas cosas porque una revista médica más prestigiosa incluso que otras revistas médicas, ha tenido que retirar su acusación sobre los efectos secundarios del antidepresivo más célebre de nuestra época: el famoso Prozac. Alguien escribió un libro con el afortunado título de 'Menos Prozac y más Platón'. Por supuesto. Menos Prozac y más percebes. Cada uno de nosotros tenemos la obligación moral de descubrir nuestros antidepresivos más eficaces. Yo, que creo que lo mejor para la resaca no es la aspirina, aunque soy un consumidor habitual, sino la moderación etílica del día anterior, también creo que lo mejor para evitar las depresiones es no dejarse deprimir. Siempre hay motivos para hundirse en uno mismo, pero también los hay para saber que somos cada uno de nosotros los que tenemos que sacarnos a flote. En ese salvamento de náufrago que siempre he sido sigo atareado. Lo único que no se puede permitir a un náufrago es hacer una huelga de brazos caídos.

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