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Desasosiegos innecesarios
Octavi Pereña
Una de las características de nuestro tiempo es la proliferación de especialistas en trastornos emocionales, de ansiedad y depresivos. La multiplicación de facultativos especializados en perturbaciones mentales se debe a que las personas no saben encontrarse bien con ellas mismas, por razones diversas.
Una de las cosas que perturban la paz mental es que se quiere dar respuesta a todo. Estas personas ignoran, o no quieren saber, que debe aceptarse que no es posible poder saberlo todo, que existen cosas envueltas en el misterio y que es perjudicial para la salud mental querer descifrar lo que está velado y que debe seguir escondido hasta el momento que a Dios le plazca descorrer el velo para que salgan a la luz. Quien desea saberlo todo soporta muy mal la incertidumbre. La preocupación enfermiza que afecta a tantos y que les preocupa a los especialistas en enfermedades mentales descansa sobre la intolerancia de no querer aceptar que la incertidumbre forma parte de nuestra existencia actual.
Es así. Estar excesivamente preocupado es tener la mente repleta de problemas, a menudo imaginarios, que es muy posible que nunca se presenten. Las dificultades, reales o imaginarias, tienen el poder de llenar la mente, no dejando resquicio por el que entre la luz que ayude a encontrar la solución a los problemas presentados y que necesitan que se resuelvan.
Entendiendo que no todo es controlable y que los problemas forman parte de la vida maldecida por Dios debido al pecado, en vez de esperar en el Señor para que haga lo que se precise a su debido tempo, preferimos actuar atolondradamente e intentar resolver la incertidumbre de manera que a menudo el resultado es más perjudicial que beneficioso. Queremos cogernos desesperados a lo que debería ser en vez de lo que es.
Jesús, el Psicólogo por excelencia, que no sólo conoce perfectamente la sicología humana, sino que tiene poder para curar las perturbaciones del alma, nos dice: “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta cada día su propio mal” (Mateo 6:34). Estas palabra de Jesús se parecen a los consejos que nos pueden llegar del budismo o de cualquier otra filosofía que predica el perfeccionamiento humano. El resultado de estas filosofías que nacen del pensamiento positivo queda en nada porque son impracticables. Tienen mucha aceptación pero sin resultados que evidencien una curación integral.
Unas bellas palabras de Jesús pronunciadas para animar a sus oyentes y que han llegado hasta nosotros gracias a la transcripción escrita que hizo Mateo, exponen que Jesús se aleja del pensamiento positivo ya que trasportan al oyente / lector hasta la presencia de Dios. Vemos , pero no miramos. Las imágenes pasan vertiginosamente por las retinas de nuestros ojos y no nos damos cuenta de nada. Desconocemos el significado de las cosas que vemos. Jesús, conocedor de esta característica negativa que poseemos, despierta la atención de sus oyentes hacia su entorno: “Mirad a las aves del cielo…Observad a los lirios del campo”.
Instintivamente los ojos de sus oyentes se volvieron hacia los pajarillos que picoteaban y que de repente emprendían el vuelo para poco después lanzarse en picado hacia el suelo para seguir picando. Después sus ojos descansaron en las hermosas flores que con sus variados colores embellecían los campos. Las habían visto infinidad de veces sin fijarse en su hermosura. Atraída su atención hacia los pájaros y las flores, Jesús les dice: Los pájaros “ni siembran ni siegan, ni recogen en graneros y vuestro Padre celestial los alimenta”. Los lirios del campo”no se cansan trabajando ni hilan”, pero Dios los viste con unos colores que alegran la vista. Dios provee el alimento de los pájaros y viste con un esplendor que Salomón pudo conseguir a pesar de toda su gloria.
“No os afanéis”, nos dice Jesús. Las personas son más valiosas que los pájaros y los lirios. Si Dios cuida de ellos, ¿no lo hará también con nosotros? El hecho de que Dios provea nuestras necesidades no significa que tengamos que ser unos holgazanes. “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3:10), dice la Biblia. La misma Biblia nos instruye a parecernos ala hormiga que “prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento” (Proverbios 6:8). La providencia divina desestima la holgazanería. Una vez hecho todo lo necesario, siempre queda el misterio, la incertidumbre. Se dan situaciones en las que ya no se puede hacer nada más. Sólo queda esperar en el Señor para que Él haga lo que crea más conveniente. Bajo sus las nos resguardamos.
La proliferación de trastornos mentales de índole diversa, en buena parte se debe a la incredulidad y desconfianza en Dios. Esta es la razón por la que se ha desmesurado el afán por el mañana y de la desestabilazión emocional que la acompaña. Debido a ello nos es de gran utilidad la invitación de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).
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