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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Cuidesé mucho

Manuel Alcántara
Redacción
viernes, 4 de febrero de 2005, 00:07 h (CET)
La salud es lo primero, pero a veces nos importan más otras cosas que ocupan lugares inferiores. He tenido amigos que ni fumaban, ni bebían, ni comían en exceso -o sea, lo suficiente- a los que ya no puedo llamar por teléfono: se murieron cuando estaban en la plenitud de sus facultades físicas. La obsesión por encontrarse bien hasta que nadie pueda encontrarnos en la guía de teléfonos nos está llevando a exageraciones un tanto ridículas. Hay gente que no come gallina en pepitoria ante el temor a contraer la gripe del pollo y gente que no fuma ante el temor de que vayan a enterarse sus jefes.

Una empresa norteamericana ha despedido a cuatro fumadores en aplicación de las nuevas normas antitabaco. (He pensado siempre que el tabaco es el Enemigo Público Número 1 y que el Enemigo Público Número 2 son los pelmazos que nos prohíben fumar). La empresa yanqui que les ha puesto de patitas en la calle pretende, como todas las empresas, que le duren mucho sus empleados. Por lo menos hasta que les jubilen anticipadamente. Cuatro de ellos, que tosían mucho, se negaron a pasar la prueba de orina que debía detectar si eran fumadores o no. Les han echado. De acuerdo con la nueva política laboral, ser fumador puede ser motivo de despido o de rechazo en la contratación. No ser tonto de capirote, cosa que dejaría diezmadas muchas oficinas públicas, sino ser fumador. La medida empieza a aplicarse incluso si la víctima fuma en casa o en horas de descanso.

España, incluso la España centrifugada que acaba de diagnosticar certeramente Felipe González, ha ratificado el tratado mundial contra el tabaco. Cualquier cosa menos cerrar los estancos y privarse de los millones y millones de euros que ingresan gracias a los impuestos sobre los depravados partidarios del humo. En cinco años no se podrá hacer publicidad, patrocinio y promoción del tabaco. Dentro de poco se podrá denunciar a alguien al que se vio, con unos gemelos, fumarse un puro en su casa después de comer. Estamos salvados. Gracias a estas medidas, cuando nos incineren, nuestras cenizas, con más o menos sentido, no tendrán tufillo a nicotina.

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