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Oriol Regás, otra vez de viaje
Teresa Berengueras
Conocí a Oriol Regás pocas años antes de que muriera Franco, les conocí a él y a Bocaccio, para una periodista en ciernes que ni siquiera había comenzado su carrera en la Universidad a pesar de estar trabajando a pleno rendimiento conocer la historia de la vida de los miembros de la llamada “gauche divine” era un privilegio, y más para una periodista de clase trabajadora metida a comentar los ambientes nocturnos de esa Barcelona libre para muchos y libertaria para otros, era para mí toda una aventura, o al menos así me lo parecía en aquellos momentos, semejante al trabajo de una espía que en cualquier momento podía ser pillada por los “otros”.
Oriol Regás se ha ido de viaje una vez más, quiero expresarlo así porque él está aquí y aunque físicamente ha emprendido ese largo viaje de nunca volver nos queda todo su bagaje cultural, un bagaje que fue el mejor para esta ciudad cosmopolita a la que tanto amó y fue él uno de los que más trabajó para que Barcelona ocupara el lugar que hoy tiene en el mundo.
Ojos vivarachos, hablar a media voz.
La primera vez que hablé con Oriol Regás fue en Bocaccio, todo el mundo me había dicho que era muy poderoso pero que tenía mucho talante y escuchaba a la gente. Regás, es cierto, escuchaba a su interlocutor o eso parecía, tenía unos ojos pequeños y vivarachos que parecían estar siempre sonriendo, había que hacer un gran esfuerzo para oír sus comentarios pues hablaba casi en un pleno susurro.
Este primer contacto fue sencillamente para presentarme, para decirle que yo estaba en El Correo Catalán y me habían encomendado escribir de la noche, de sus gentes, también del día, de los rodajes de películas, pero a fin de cuentas algunos de los rodajes eran de noche y sus actores y actrices, al no madrugar, por la noche, se daban una vuelta por la ciudad. Fue cordial, no me puso ningún problema, me dijo que en Bocaccio no había problemas para entrar y hacer informaciones siempre, claro está, que no se perturbara el ambiente del local ni de las personas que lo frecuentaban.
Discreto y tímido
Regás era tan discreto, sencillo y tímido como buen anfitrión, un anfitrión que no se hacia notar, era un líder pero nadie lo sabía ni se enteraba hasta que pasaba el tiempo y veías cómo funcionaba todo a su alrededor, era un hombre discreto dentro de esa capacidad organizativa y de aglutinar actos unos culturales y otros más divertidos, pero todos ellos bajo el signo de cultura.
Pronto supe que Bocaccio no era una discoteca, era mucho más que esto, en Bocaccio se daban cita, noche tras noche, intelectuales, hombres de izquierdas y gentes que llegaba de otras poblaciones atraídas por la novedad, en la parte alta de Bocaccio los mullidos asientos, rojos como el pensamiento de sus creadores, acogían caras y cuerpos que durante tres décadas han formado parte de la intelectualidad de Catalunya, Terenci Moix, Antonio de Senillosa, Ricardo Bofill y Serena Vergano, muchos de los miembros de Els Setze Jutges, Joan Manuel Serrat en todos sus conciertos se acompaña de un taburete que cogió de Bocaccio, un taburete con patas modernistas y mullido asiento en terciopelo rojo, como eran todos los asientos de Bocaccio.
Bocaccio fuente de noticias
Ir a Bocaccio era acudir a una fuente de noticias, la noche destensa a las personas y si un personaje habla lo hace cuando está tranquilo y relajado, en Bocaccio durante años tuve mi cita casi diaria donde encontrar titulares para el día siguiente. Senillosa era muy divertido, un político con aires de izquierdas, con dinero, inteligente y hablaba con todo el mundo. Nunca me encontré desplazada en Bocaccio sin ser de su grupo, ellos eran “divinos”, la mayoría burgueses, lo único que teníamos en común era que éramos de izquierdas, pero sus izquierdas y las mías eran distintas, aunque todas a tener en cuenta.
Teresa Gimpera, modelo y musa de tantos afamados fotógrafos iluminaba las noches del lugar, algunas veces iba acompañada por un grupo de amigos, todos conocidos, como la modelo Romi o el publicista Leopoldo Pomés dueño del restaurante Flash Flash y de el Giardinetto, otros dos centros de reunión para los “gauchistas” célebres, o su marido y gran amor el actor americano Craig Hill. Conocí allí a Tip y Coll, a Pepe Sancho en sus inicios de amor con la cantante María Jiménez, Paco Rabal tampoco dejaba de quedarse hasta bien entrada la madrugada cuando viajaba a Barcelona, que era muchas veces pues su mujer, Asunción Balaguer, es barcelonesa, los Matas, el productor y su mujer la actriz Amparo Soler Leal, el hermano de Paco Rabal, Damián, que se ocupaba de presentar a sus últimas representadas, todas mujeres cañón, se pasaba por Bocaccio para presentarlas a periodistas en ciernes como yo.
Regás y Serrat
Damián Rabal en lugar de sentarse en el primer sofá entrando a la izquierda lo hacia un poco al fondo, como para crear más misterio, allí conocí a una jovencísima Nadiuska que acababa de llegar del frío y no hablaba ni castellano ni nada que se la comprendiera, Damián, siempre solícito, se encargaba de traducir lo que a él el daba la gana. Eran sus técnicas de empresario ducho en hacer de sus chicas un buen negocio dándolas a conocer en prensa para lanzarlas a la fama del celuloide.
Cuando en el año 1976 Serrat regresa de su exilio en México Regás es de los primeros en conocer la noticia y no se limita a esperarle en el aeropuerto de El Prat en Barcelona, viaja hasta París y llegan juntos el 20 de agosto, Regás está a las verdes y a las maduras y no sólo acompaña a “el nano” en esa ocasión sino que le da cobijo en su casa de Llofriu, cerca de la Costa Brava, para que descanse del trajín psicológico de un exilio y de la incertidumbre de no saber cuándo éste acabaría.
Dormir poco
Me consta que Regás dormía poco, me lo explicó alguna vez, creo recordar que con cinco horas de sueño le bastaba para seguir con su inconmensurable trabajo, a media mañana estaba en el despacho, al mediodía se daba una vuelta por el restaurante Via Veneto del que era propietario, por la tarde reuniones y por la noche en Bocaccio, no siempre se le encontraba pero siempre estaba, las conversaciones no eran meramente livianas en esos tiempos de dictadura pura y dura, Bocaccio fue la bocanada de libertad que nadie tenía, desde 1967 en que abrió sus puertas en Muntaner 505 albergó todo tipo de personas que querían que la libertad fuera una realidad en el país.
En los años en los que me moví por allí nunca observé ningún tipo de organización clandestina, pero en Bocaccio se hablaba de todo, no sólo se tomaban copas, que también, pero la base del éxito fue ser el centro donde se sabía se podía ir para encontrar a personas interesantes, no sólo la llamada era para la frivolidad, todo lo contrario, además nunca se tuvo en cuenta la edad de la gente que frecuentaba el lugar y convivían en sus noches diversas generaciones.
Amores y desamores
Bocaccio vivió noches de amores, desamores, desvaríos, nacieron parejas y primeras separaciones, con nocturnidad y alevosía, si se tiene en cuenta que la ley del divorcio no se aprueba hasta 1981 muchos años después de la dictadura franquista la gente de la “gauche” reconocida y también la otra cuando una pareja no funcionaba intentaba rehacer su vida de alguna manera y Bocaccio fue la madrina o el padrino, según se mire, de estas nuevas relaciones y también de algún que otro fracaso amoroso.
Por allí aparecía Bibí Andersen, todavía no era una actriz reconocida ni muchos menos una chica Almodóvar, triunfaba en la noche barcelonesa haciendo strip tease y dejaba a todo el mundo con la boca abierta al sacarse el diminuto tanga en el último minuto de su representación, Bibí por aquel entonces en el carnet de identidad todavía figuraba con su nombre original de Manolo, nadie le permitía cambiarlo, pero sus formas ya eran las de una mujer divertida, culta, un poco caprichosa y muy admirada, los moscones abundaban en su vida y en esas noches permisivas la presencia de Bibí era muy envidiada y muy amada.
La noche libre
Podría hacer una lista de personajes que llenaron aquel espacio, aquella isla de libertad, en una España tremendamente convulsa allí se respiraba un aire de solidaridad, de ver las cosas claras y de luchar por ellas, era un privilegio, luego, cuando despertabas y en la redacción llegaban vía teletipo otras noticias más deprimentes, podías retrotraerte a esas horas de libertad nocturna.
En Bocaccio encontré a los entonces jovencísimos, todos lo éramos, Ana Belén y Víctor Manuel, Serrat era uno de los asiduos y recuerdo que las mujeres se amarraban a él como su fuera su tabla de salvación, hombre atractivo del momento, tenía buena planta, era seductor y un poco canalla, pasó por Bocaccio Marisol en los tiempos en que su matrimonio se acabó y era amiga de Serrat, los dos tuvieron un pequeño romance, Pepa siempre dijo que en sus encuentros con Serrat lo que a ella le hacia falta era tener más conversación con el cantante.
Ana Belén y Víctor
Ana Belén y Víctor Manuel eran amigos de Regás que había sido el productor de Morbo, la película en la que la pareja se enamoró, ya casados, cuando llegaban a Barcelona para promocionar un disco o para hacer algún concierto en las Festes de Gràcia donde durante años fueron las estrellas, se pasaban por Bocaccio, se admiraba la simpatía, belleza y cercanía de Ana y la timidez de Víctor Manuel, hacían piña con el fotógrafo (hace años que también se fue de viaje eterno) Xavier Miserachs, Elisenda Nadal, directora de la Revista Fotogramas que aún cosecha éxitos editoriales aunque ahora sus premio los da en Madrid, muy al principio la fiesta de entrega de los Fotogramas era en casa de la madre de Elisenda, en la zona alta de Barcelona, luego se entregaron en algún teatro o sala de fiestas, pero los tiempos de Bocaccio quedan lejos, la “gauche” existe pero es otra historia y algunos de sus miembros decidieron irse de viaje como ha hecho esta fin de semana Oriol Regás.
En Bocaccio me enteré que Concha Velasco estaba embarazada, muy de madrugada alguien me dijo: “es que mañana tenemos unas escenas que tenemos que cuidar mucho” y pregunté el por qué, sorprendidos mis interlocutores me aseguraron: “Es que como Concha está embarazada y cada día se le nota más hay que estar atentos con la luz y con las tomas”. Al día siguiente fui al rodaje, esa noche llegué a casa de madrugada, ya de día, me cambié de ropa, una duchita y al rodaje. En un descanso hablé con Concha, ni un reparo: “Es cierto, estoy embarazada, soy muy feliz”, era una noticia de alcance, era el primer hijo de Concha y estaba todavía soltera, el director de Lecturas, Juli Bou, quiso esas fotos y esa entrevista, lo publicó en portada.
Todo acaba y Bocaccio también, había pasado su tiempo, murió el dictador, se estableció la democracia y la esencia de Bocaccio perdía fuelle, dejó de existir sin que nadie le empujara, pero Oriol Regás seguía con las neuronas bien puestas y se inventó otro sala de fiestas para la noche, si a Bocaccio la calificó como de “izquierdas” de su nueva creación, Up&Dawn, siempre dijo que era de derechas aunque con sorna, Oriol tenía un humor inglés que era preciso captar, de lo contrario estabas perdida.
Viví el Up&Dawn también profesionalmente y de forma intensa, en el año 1984 Tv3 me contrata para el programa Àngel Casas show, un programa con alto presupuesto donde se iba a invitar a la crema y nata de Hollywood y por supuesto a lo más granado del mundo del espectáculo y sociedad del Estado Español y en cuanto a música los artistas del momento, de ayer y de siempre. Primero fui guionista pero pronto Ángel me dio más trabajo, el de coordinar el programa, mi trabajo consistía en contactar con los representantes, agentes y secretarías de las estrellas de Hollywood, al mismo tiempo coordinar con los guionistas y la producción del programa para que el mismo tuviera un equilibrio.
Àngel Casas Show
El programa se emitía en horario nocturno, era una fiesta en directo, al finalizar los invitados querían cenar y en Barcelona no existía en esa época ningún restaurante con calidad abierto en ese horario tardío para invitarlos. Àngel habló con Oriol Regás y éste dio el permiso para que yo con Tato Escayola organizara todo lo necesario, y fue así como todas las noches de los martes o de los jueves un grupo de personas muy célebres estuvieron en aquellas exclusivas mesas, el personal del local tenía órdenes de atendernos y procurar que a los invitados se les dejara a su aire. A Catherine Deneuve, por ejemplo, que estuvo en el programa y cenando en aquella sala, no se la podía importunar, ella después de su entrevista en el programa consideraba cumplido su contrato y por lo tanto su cena y su rato de distensión tenían que ser privados.
Fue una experiencia memorable, Up&Dawn tuvo un éxito clamoroso, si alguien no quería ser visto por la prensa o por otras personas no podía acudir a aquel espacio. Nosotros, los del Àngel Casas Show, siempre tuvimos un sitio privilegiado y nos lo pasamos muy bien, cuando nos visitó el periodista americano Carl Bernstein, uno de los que siguió y descubrió el caso Watergate, quedó fascinado por la noche barcelonesa, por el ambiente del local y porque era un seductor al que le gustaba coquetear con las mujeres, de hecho la película Se acabó el pastel de la escritora Nora Ephron refleja su vida, Nora era su mujer y acabó divorciándose de él por ser muy mujeriego e infiel. La noche en que estuvo en el Up&Dawn manifestó que las mujeres que había en la sala de fiestas “son muy guapas” yo le dejé muy tarde mientras él intentaba entablar conversación con alguna de ellas.
Los años divinos
Podría escribir muchas historias más, pero el espacio se agota, Regás ha dejado un legado que forma parte de nuestro pasado, pero fue real, una realidad que hace que esta ciudad de los prodigios, como la llama el escritor Mendoza, sea mucho más entusiasta por lo que se vivió en tiempos complicados, Regás nos ha dejado todo un cúmulo de experiencias y un libro Los años divinos, es interesente releerlo. Buen viaje Oriol Regás.
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