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Al Pare Manel le hubieran quemado
Rafa Esteve-Casanova
En Barcelona son infinidad las gentes que sabes de las obras que lleva adelante el sacerdote Manel Pousa, más conocido como el Pare Manel, desde la fundación que lleva su nombre y desde su parroquia del barrio de la Trinitat. Este sacerdote que está más cercano del infierno terrenal que de los etéreos cielos que pregona la jerarquía de la Iglesia viene dedicando sus esfuerzos y su vida a intentar mejorar la calidad de vida de los más necesitados, gracias a él y a sus numerosos colaboradores la infancia y la juventud que se encuentra en riesgo de exclusión social tiene una oportunidad para mejorar su forma de vida, también el mundo penitenciario es objeto de los desvelos del Pare Manel que ha convertido la sacristía de su parroquia en un refugio para quienes salen de prisión y no tienen momentáneamente un lugar que les ofrezca un cobijo digno y todo ello con el añadido de actividades implicadas en el desarrollo comunitario de los barrios más degradados y más tocados por la pobreza y la necesidad en la ciudad de Barcelona.
El Pare Manel no dedica su tiempo a hacer los típicos milagros por los que los miembros del santoral han subido a los altares, su labor está a pie de calle, junto a los que verdaderamente le necesitan, él entiende que la extensión de la palabra de Dios no consiste en vestirse de oropeles varios y desarrollar una parafernalia alejada de estos tiempos en los que los más necesitados parecen haber sido abandonados a su mala suerte por esa Iglesia que llena el Vaticano de tesoros. El Pare Manel no sana milagrosamente enfermos pero les ayuda a soportar mucho mejor la enfermedad y, si es necesario, les compra las medicinas que muchas veces la sociedad les niega, el Pare Manel no resucita a ningún Lázaro fallecido pero con sus obras impide la muerte de jóvenes que danzan peligrosamente sobre el filo de la triste navaja de la vida.
Ahora, en estos comienzos del siglo XXI, uno de esos peculiares “milagros” del Pare Manel le ha puesto a los pies de los caballos de la jerarquía de la Iglesia católica y está a punto de ser condenado a la pena de excomunión, los heterodoxos nunca han sido bien vistos por ninguna clase de poder y no olvidemos que la Iglesia católica es uno de los más grandes poderes de este mundo aunque Jesucristo dijera aquello de que “mi reino no es de este mundo”, frase que parece no haber sido bien entendida a lo largo de la historia por Papas, Cardenales y Obispos que a lo largo de los tiempos han dado acendradas muestras de aferrarse firmemente a los poderes terrenales. El Pare Manel en su biografía, escrita por el periodista Francesc Buxeda, narra que en dos ocasiones ha tenido que ayudar a jovencitas de quince años para que pudieran abortar en condiciones evitando así que cualquier “carnicero” las desangrará hasta la muerte sobre cualquier fría mesa de cocina, pero también afirma en el mismo libro que convive con una “compañera especial” con la que no mantiene ningún tipo de relación sexual. Y no se que es lo que más ha molestado a la jerarquía católica, si su convivencia con una mujer que pone en evidencia la obligación del celibato de los clérigos o bien su cooperación al aborto.
El Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona, ha decidido iniciar diligencias para penar con excomunión al sacerdote Manel Pousa aún reconociendo la ingente labor social que éste lleva a cabo. Cuando creíamos que la pena de excomunión era tan sólo un apéndice del pasado incrustado todavía en el Código Canónico el Cardenal Martínez Sistach nos recuerda que las leyes de la Iglesia no han evolucionado desde aquel año 306 en que en el Concilio de Elvira se creó la pena de excomunión con el fin de defender la ortodoxia católica y ha echado mano del canon 1398 que dictamina pena de excomunión para quienes “procuren o participen en un aborto o la cooperación necesaria para que se lleve a cabo”. Esta pena supone la exclusión de la recepción o administración de los sacramentos y por tanto la prohibición de ejercer funciones eclesiásticas. Nunca se preocupó la Iglesia de aplicar esta terrible pena para un católico en aquellos años en que desde España salían vuelos charter a Londres con las hijas de la burguesía que acudían a abortar a la capital londinense mientras aquí, en España, las hijas del lumpen morían desangradas bajo la macilenta luz de una triste bombilla.
Si esto hubiera ocurrido hace menos de doscientos años al Pare Manel le hubieran quemado ante las puertas de la catedral, si la Santa Inquisición, creada por los Reyes Católicos en 1478 también para defender la ortodoxia católica, no hubiera sido abolida en 1834 el Pare Manel tal vez hubiera terminado sus días en la pira expiando el terrible pecado de ayudar a quienes lo necesitan sin preguntarles para nada cual es la fe que profesan si es que todavía les quedan ganas de profesar alguna creencia. Todavía el 26 de Julio de 1826 en Valencia fue ajusticiado el maestro Cayetano Ripoll por no acatar la ortodoxia católica. Y es que la jerarquía católica no ha permitido en ningún tiempo a los discrepantes, antes les quemaban, hoy les excomulgan.
Y mientras el proceso de excomunión para el Pare Manel sigue adelante los miles de abusos sexuales a niños llevados a cabo por clérigos católicos se intentan tapar y a ninguno de ellos se le excomulga, como mucho se les cambia de parroquia como ha sucedido muchas veces para que así encuentren carne fresca para sus libidinosas y criminales conductas.
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