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Juegos delirantes


Rafael Pérez Ortolá


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
sábado, 19 de marzo de 2011, 00:00
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“Lo que ningún oído percibió,
Lo que los ojos no vieron
¡Eso es, sin embargo, lo bello, lo verdadero!
F. Schiller . Palabra del delirio

Alguna razón tendrá Schiller, se perfila entre sus versos y se pone de manifiesto con rotundidad si observamos las expresiones con que nos abruman. De tantas voces como escuchamos, es paradójico el efecto de un alejamiento progresivo de lo bello y lo verdadero, cada vez cuesta más encontrarlos. Las miradas detectan efectos similares; el predominio de las falsedades y las fealdades se introduce con una ligereza preocupante. Aplaudiremos al poeta, lo no visto ni oído, quizá sea lo maravilloso. Si nos paramos a pensarlo, la realidad acumula situaciones demostrativas, con toques humorísticos e incluso sarcásticos.

Me convence esa intuición poética sobre la verdad; dicho así, si asumimos esas convicciones, la verdad y lo bello abundan. Aunque a primera vista resultara extraño, puede apreciarse esa verdad en cualquiera de los MÍTINES, ahora habituales de cara a las elecciones de Mayo. Simplemente, escuchemos y veamos lo manifestado en los mismos; pronto salen a la luz las que son de verdad las mejores esencias. Sigamos la recomendación de Schiller. El “Respeto a las minorías” debe ser algo magnífico, su sentido no se aprecia en ninguna de las manifestaciones; salvo cuando hablan las minorías, pero estas silencian también a los más pequeños todavía. Los discursos se multiplican, pero no se detecta por ninguna parte aquello de la “Transparencia”. No se trata sólo de oír palabras, aunque estas sean grandotas, con frecuencia están vacías en su interior. Cuando escuchamos milongas reiteradas, no se abordó en ningún momento la magia de la “Sinceridad”. Si buscamos el concepto añejo de la “Vocación de servicio”, ¿Dónde quedó? O no estuve atento, o desapareció de las consideraciones actuales. El trasfondo mitinero traduce algo grave, si la “Democracia” la visten conestos trapos, urge su remodelación, una nueva confección. Se recobran algunos conceptos estupendos a fuerza de no practicarlos.

Con diversos grados de interés, tratamos de informarnos de cuanto acontece, sean banalidades o esencias. Desde el principio se plantea el seguimiento de los datos sensacionalistas o el afán por las excelencias de la vida. Al acercarnos a los MEDIOS INFORMATIVOS, pronto intuimos por donde van las tendencias cuando se oye la cantilena de “eso no es noticia”. ¿Será justo al revés? De nuevo, las excelencias habrían sido silenciadas, se desplazaron de la foto principal. Curiosamente, se juega con la abundancia de datos aunque ofusquen las percepciones. Casi todas las características salieron alguna vez en las informaciones, pero quedaron muchas de ellas disimuladas con una letra pequeñísima. En las pequeñeces residirán intimidades, los sentimientos y los misterios de la vida “que no son noticia”. Las recónditas realidades, las que son menos aireadas, son las que nos permiten una navegación personal auténtica. El ancho mar de noticias nos engulle a poco que nos descuidemos.

Corren tiempos de ajetreos acumulados, no salimos de una y nos acucian cientos de apuradas vicisitudes; hipotecas, paro, crispaciones o la simple frustración de mil tareas sin compensaciones satisfactorias. Si observamos a los VIANDANTES, atentos a lo que no digan o no muestren; al trasluz del lema poético de hoy, quizá resurjan esas ideas superadoras tan necesarias. Domina la realidad de las protestas, derechos y reclamaciones, mientras no se habla de los “deberes” que se derivan de la responsabilidad propia; Ahora bien, si sólo se exige responsabilidad a los demás, los deberes propios no se contemplan. Es una distorsión tan fuerte, que separa a los asesinos junto a sus familiares, de las víctimas de aquellos; a los de una ideología de los de otra; a los jóvenes de los mayores; es un clamor que reclama la verdad de los buenos y responsables deberes. Del mismo modo, está ausente la “reflexión”, por lo que intuímos de su bondad y fundamento. ¿Se da valor a la vida como hecho básico, o sólo cuando conviene a cada quién? Madres y padres, el común de la gente, endiosados ideólogos o gobernantes, debieran constestarse a esa pregunta. ¿Estamos dispuestos a asumir los costes del tipo de energía elegida? ¿Votamos como autómatas o por convencimiento? No cabe duda, la reflexión parece una gran cualidad de la que pudiéramos echar mano.

Son evidentes los grandes espacios abiertos para la comunicación a través de las modernas vías electrónicas, a su vera se establecieron redes muy populosas, con amplias esferas de intercambio. No obstante, se ven deslucidas por un inconveniente innecesario, el desmesurado empleo del ANONIMATO, bien en forma de alias o de diminutivos inexpresivos. Lanzan el mesaje primordial de una ausencia. Se produce la ocultación flagrante de una “autoría personal” que se esconde. Dicha ausencia nos evoca la importancia de los conceptos que elude, como la “implicación”, traduce una deformación de la “sinceridad” y esquiva la “responsabilidad” nominal. Si todo se reduce a la flojera de no dar respaldo a la opinión propia emitida, se fragua un debate aligerado; a los conceptos introducidos en él, les falta algo básico. La pretendida espontaneidad sana se transforma en unos impulsos liberados de circunstancias y características que son vitales, porque son los de una persona que respondía de lo emitido. No basta el número de participantes para transformar los significados y las esencias de las personas; podrán dominar en las actividades sociales, pero el anonimato no favorecerá ni la confianza ni las buenas valoraciones.

Lo que no se dice, lo que no se ve…alienta a través de dimensiones complejas, a la vez que sensacionales. ¿Por qué provoca un estremecimiento especial la contemplación del arte maya, de las esculturas de Miguel Ángel o de su preciosa Capilla Sixtina? Sirven de mediadores para la percepción de áreas intangibles. Pues bien, si ahora nos desplazamos a las movidas artificiosas de ciertos museos o EXPOSICIONES artísticas, las componendas presupuestarias, intereses políticos, elenco de artistas escogido, los efectos enrevesados y novedosos; comprobaremos como apenas hablan de la inspiración o del toque artístico, menos aún de la profundidad del arte, estos quedan suplantados por las tramas llamativas, que buscan otros logros. Marquan lo espresó de manera genial. El entusiasmo festivo derivado del encuentro con el arte sublime, lo habían transformado en un “día laborable”. Nos escamotean lo mejor y seguimos con docilidad la rueda.

Los ruídos discordantes se perciben antes que las finuras armónicas; pero además, no todo se alcanza por las vías aceleradas y vulgares. Por eso, en el repaso efectuado, se refuerza la valía de algunos gestos y palabras, de actitudes y comportamientos, tendentes a la renovación de esa capacidad de superación propia de la inteligencia humana. Precisamos de tal redescubrimiento. La renuncia a dichas cualidades sólo podrá conducirnos, lo estamos viendo con profusión, a unos ambientes llenos de broza y fango.

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