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La consabida caída de Gadafi
Mario López
Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, nos deshacemos de una vez por todas de Gadafi. El romance de Occidente con Gadafi se inició en 2002, después de treinta azarosos años en los que se sucedieron todo tipo de acusaciones, agresiones y tímidos guiños entre los Estados Unidos y Libia. Ahora, y cumpliendo el guión clásico que se lleva repitiendo desde el hundimiento del Main hasta la invasión ilegal de Irak, pasando por el asesinato de Omar Torrijos, el Pentágono ha decidido que ha llegado el momento de ampliar su zona de influencia a Libia. Primero derroca al gobierno molesto, después instaura un poder adepto a los intereses de Wall Street, hace una enorme inversión en las clases privilegiadas e hipoteca a la población hasta el día del juicio final.
El primer paso suele hacerse por medio de la diplomacia (sobornando al presidente del país a colonizar). Si el presidente en cuestión acepta, miel sobre hojuelas. Si el presidente no se aviene a ser sobornado, se le intenta derrocar por medio de la propaganda, la creación de una oposición armada o, si se puede, se le elimina físicamente. Estados Unidos intentó atraerse la voluntad de Gadafi por medio del soborno, pero no resultó. Se pasó a la fase de organizar una oposición combativa y satanizar a Gadafi. Ya hemos superado esa fase. Ahora estamos en la penúltima. Supongo que pasará algo parecido a lo que ocurrió en Irak. Unas semanas de bombardeos hasta hacer caer el régimen. Probablemente, antes del verano Gadafi ya esté durmiendo el sueño de los justos y al frente de Libia se encuentre un gobierno perfectamente sensible a las demandas del gran adalid de las libertades de los pueblos: Wall Street. Mientras, el pueblo libio al que se le iba a rescatar de las garras del dictador, se debatirá entre la miseria a la que le ha condenado una deuda imposible de pagar y la guerra civil de baja intensidad. Bueno, todo sucederá de esta manera si no se produce alguna imprevista reacción de algún país de la zona que no sea muy partidario del guión americano. El tiempo dirá.
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