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Tags: Opinión · Lencería fina
Bótox para el pelo
Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
domingo, 20 de marzo de 2011, 00:00
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Tengo una larga melena desde que era una niña, mi madre me peinaba trenzas, a veces dos y en otras ocasiones tan sólo una, a los dieciséis años, esa edad casi adulta y de años locos que “matan” a la familia impuse un corte de mi larga cabellera. Por primera vez mi familia me acompañó a la peluquera que había en el pueblo y a la que, muy de tarde en tarde, acudía mi madre. Ella, al contrario que el resto de las mujeres de la familia Berengueras, había optado por lucir el pelo muy corto, desde siempre mi madre tenía, según me explicó, el pelo cano, nunca la conocí con el negro brillante que lució en su adolescencia, tenía el pelo grueso, cano muy claro y le brillaba a todas horas. Se lavaba el pelo en casa y se lo peinaba de lado, se lo dejaba un poco hueco y estaba muy favorecida, iba a la peluquería dos veces al año por las fiestas de Navidad y por la Festa Major.

Cuando me llevó a Montse y le explicó que quería que me cortarse la larga melena hasta los hombros, la peluquera puso el grito en el cielo y dijo que hacia un sacrilegio. Las chicas bien del pueblo llevaban una media melena muy cuidada, sus visitas a la peluquería eran casi diarias y las que no peinaban el pelo al hombro se lo recogían en un moño italiano, especialmente para acudir a fiestas que eran muy privadas. Yo quería ser como ellas, aunque el estatus económico de mi familia no fuera el mismo. Montse, que era quién tenía que cortarme la larga cabellera, me convenció para cortarme tan sólo veinte centímetros, y del resultante del corte creó una cola por si algún día me quería hacer un postizo con aquellos cabellos que en aquel momento dejaba en el sillón de la peluquería.

Negro azabache
Nunca más me corte la melena, aprendí a lavarla con mucha agua y un champú neutro, a usar muchas mascarillas y poco secador y mucho sol, tenía el pelo negro como el azabache, igual que el de mi madre y el de mi abuela Teresa, madre de mi madre, a la que tampoco conocí con el cabello negro pues ya era blanco cuando nací. A lo largo de mi vida he procurado cuidar mi piel y mi pelo, pero eso no siempre ha sido posible en su totalidad puesto que, como mi madre, a los veintisiete años mi pelo empezó a dejar de ser negro azabache para aparecer en él las primeras canas, para remediarlo usaba henna y las canas se convertían en mechas cobre y además la melena brillaba mucho más y quedaba mucho más reforzada. Pero las canas pronto crecen y se amplían y tuve que dejar de ponerme henna ya que mis canas quedaban totalmente cubiertas pero aparecía mi cabello totalmente enrojecido.

La primera vez que en Barcelona pisé una peluquería fue en Llongueras, en un establecimiento que todavía existe en la Gran Vía, allí dieron forma a mi peinado: “Tienes un pelo muy bonito pero necesitas que tenga un poco de forma para que la expresión de tu cara sea más acorde con tu expresión”, me cortaron al estilo de Farrah Fawcett Majors pero en sencillo y no tan exagerado. Además me hicieron unas mechas de color marrón claro, me sentí maravillosa, todos los que me conocían alabaron mi gusto, ignoro si era para hacerme la rosca pero lo cierto y eso era lo más importante, yo me sentía muy actual y cómoda.

Horarios incompatibles
Frecuentar la peluquería nunca ha sido plato de buen gusto para mí, y no por nada en especial, por mi trabajo y las exigencias del mismo mis horarios y los de las peluquerías han sido siempre incompatibles y también el precio siempre ha supuesto un hándicap para mi bolsillo aunque siempre me gusta ir muy bien, soy exigente conmigo misma. Con el paso del tiempo y después de múltiples viajes he tenido que frecuentar peluquerías en todo el mundo y no siempre eso ha sido posible, acudir a hacer una información con el pelo en malas condiciones no forma parte de mi querencia natural.

Peinarse en casa es, con el paso del tiempo, cada día mucho más fácil, las empresas que han puesto a la venta productos para arreglarse el cabello en casa son múltiples y con los años han ganado en calidad. Siempre he creído que los profesionales de la peluquería están para hacer su trabajo y que yo nunca me haré la misse and plis como un profesional, lo mismo que no podré pintar mi casa como un pintor de brocha gorda o no podré cambiar un grifo en mal estado, para ello tengo a los profesionales, pero a veces he pintado mi casa y he arreglado un grifo que gotea.

Productos para celebridades
Últimamente he visto en TV anuncios reveladores, Eva Longoria luce una espléndida cabellera fruto de un producto que se la deja impecable, lo mismo ocurre con Penélope Cruz y otras celebridades, a estas mujeres no les hace falta ese producto porque tienen a todas horas a su disposición profesionales de la belleza capilar que hacen su trabajo de forma impecable, y sus sueldos y su tiempo se lo permiten.

Ante la galopante crisis que nos azota y debido a que mi pelo está sano y crece casi dos centímetros al mes me encuentro con el gran problema de que cada ocho o diez días me tengo que dar color para mantener la melena cobriza de ya tantos años en mi vida. Acudir a un profesional cada diez días no es fácil para mi, ni por mi trabajo ni por el dinero, tampoco es mi estilo llevar mal el pelo, el pasado mes de octubre llamé a LLuis LLongueras para decirle que me ayudara para ir bien a todas horas, le pedí asesoramiento y que me dijera un secreto como es el de el color que debía aplicarme para que luciera espléndida mi melena. LLongueras comprendió la situación y me aconsejó que utilizara su línea Color Advance y me indicó cómo tenía que mezclar los colores para obtener los más óptimos resultados y sentirme bien conmigo misma.

Color en casa
A través de la casa Colomer tuvo la amabilidad de mandarme los productos para que probara esta experiencia, asimismo me hizo llegar una mascarilla para cabellos coloreados y hasta hoy, desde el mes de octubre del pasado año, mi casa todas las semanas se convierte en un salón de peluquería y belleza, con la comodidad de trabajar a la hora que mejor me convenga, generalmente por la noche o entrada ya la madrugada que es cuando se está más tranquila y si hay que robar tiempo se lo quitas al sueño.

Llevo una mezcla de tres colores y cada ocho días o diez, como cuando frecuentaba a los diversos peluqueros a los que he acudido a lo largo de mi vida creo mi propio color. Pero en la vida todo puede mejorar o empeorar, en este caso concreto se ha realizado la primera parte y estoy mejorando mi experiencia de coloración capilar, un buen día a través de mi página de Facebook se puso en contacto conmigo una persona que lleva las riendas de una multinacional de belleza que vende sus productos a profesionales y quería darme a conocer unos revolucionarios productos.

Excepcional el bótox para el cabello
Hace unos años que se viene hablando del bótox y de sus excelencias, o no tanto, en aquellas personas que se lo pinchan para evitar tener más arrugas y mostrar un rostro más lozano y joven. Los médicos descubrieron que el bótox, ese veneno que sirve para curar el estrabismo, en cantidades ínfimas dejaba la piel de la cara como una manzana sana y alisada, sin una sola arruga que marcara el paso de los años.

Ahora también tenemos botox para el cabello, ya lo tengo en casa, lo he probado y es magnífico, el encargado de Salerm Cosmetics me mandó una prueba para que descubriera que lo que dicen su información es verdad. Llevo casi dos meses lavándome el pelo después del teñido con un champú Hi Repair que tiene entre sus ingredientes queratina que sirve para reconstruir cabellos dañados por el sol, por el color, por los secadores, por la polución, además del champú hay que ayudarse con una mascarilla y al final, cuando se procede al secado, se usa una loción que ayuda a desenredar el pelo. La verdad es que estoy fascinada con este invento.

La queratina, ese otro milagro
Hace mucho tiempo que me habían hablado en alguna peluquería de este tratamiento especial con queratina, un tratamiento que realizan en los salones y que son carísimos, sólo para bolsillos potentes y para personas con tiempo, pues para hacerse este tratamiento es preciso estar tres horas en manos de un profesional una mañana o una tarde de tu vida. Pero, bueno, lo peor del mismo es el precio, cada empresa lo hace a su medida y en eso no hay nada que alegar, las peluquerías son empresas privadas donde si sus clientes pagan es porque están encantados con el servicio y pueden acceder al mismo.

Tengo en casa el tratamiento y seguro que no me lo aplico como lo haría una profesional de la peluquería pero el resultado es milagroso, he ganado tiempo, y lo que es más importante, llevo la melena como yo deseo y no me siento angustiada por ir mal. Antes de encontrar esta solución iba siempre con sombreros, me gusta llevarlos porque son divertidos, elegantes y dan prestancia, pero no para todos los días, no siempre son cómodos, además cuando llegas a casa y te desprendes del sombrero las canas están ahí, también abusaba de las cintas de colores como cuando era niña y mi madre me cambiaba los domingos las trenzas por la melena suelta, para sujetarla con una cinta de colores, durante mucho tiempo recurrí a ese invento, al tiempo que me cardaba el pelo y me hacia un moño alto, algo inaudito, pero la gente me solía decir que era un punto exagerada, muy divertida y que les recordaba a las francesas de otros tiempos siempre tan a la última.

Perfecta a todas horas
Todo ello me preocupaba excesivamente pues sabía la verdad, detrás del cardado, de la cinta, del moño alto y del sombrero habían dos centímetros de cabello blanco que a mi no me gustaba nada. Ahora ya tengo la llave, debo decir que si alguien sigue mis pautas antes se asesore, sin saber colores, productos y cómo usarlos puede echar su melena, su moño o su cabello al traste. Prometo que cuando me toque la lotería volveré a los salones, como se puede entrever yo sola no puedo con todo el tinte, con el champú ni con el secado y en casa siempre está mi Rafa que me echa una mano, sin él sería imposible ir peinada a las mil maravillas. Vivir para ver.

 
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