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Mourinho, el cáncer del Madrid
Daniel Sanabria
Desvelaba Alcalá el domingo por la noche en la Cope que el Madrid pedirá a la Federación una mejora del nivel del arbitraje español y un control más ferreo de los sistemas antidopaje. Desde el club no se han pronunciado sobre el asunto, pero pasadas más de veinticuatro horas nadie lo ha desmentido.
Da que pensar. El Madrid está a punto de perder los papeles por ceder ante su entrenador, que en apenas unos días puede destruir más de cien años de señorío. Y es que a Mourinho se le acaban las excusas y el Barça sigue ganando. Tras acusar a los árbitros de perjudicar al Madrid y a las televisiones de redactar un calendario que beneficia al Barcelona, Mourinho pretende sacar el panzer y dinamitar el fútbol español. Si el Real Madrid cede ante las presiones de su entrenador, como así parece que será, se convertirá en el club más odiado.
Sería vergonzoso que el equipo de fútbol más favorecido por los colegiados en la historia de la Liga Española sea el primero en pedir justicia arbitral. Es como si los bancos denunciaran la crisis. Aunque más sangrante es incluso el tema del dopaje. Da que pensar que el Real Madrid sospeche del Barcelona a diez jornadas para el final de Liga y cinco puntos por detrás. En cualquier caso, ambas acusaciones nacieron de la alevosía de Mourinho, que se ha chivado del batido de vitaminas que el médico del Barça entrega a sus jugadores y que parece el culpable de los tropecientos títulos culés de los últimos años.
Aunque Florentino Pérez haya picado y vaya a ceder a las peticiones de su entrenador, ningún aficionado al fútbol es tan inocente como para pensar que los seis títulos del Barcelona vinieran por otro camino que no fuera el del talento de sus futbolistas.
Por suerte para todos los que amamos este deporte, el fútbol es una disciplina donde la calidad y el talento deciden a los ganadores, a diferencia del atletismo o el ciclismo, donde el músculo se erige como juez y un batido tomado a destiempo sí puede decidir al campeón.
Acostumbrado a ganar el título allá donde va, Mourinho se agarra a cualquier clavo ardiendo ante la derrota anunciada que le espera. Ha faltado el respeto al Barcelona -un club que en su día le dio de comer-, se lo ha faltado al Valencia, y lo más grave de todo, se lo ha faltado al Real Madrid, la institución que le paga y que a la vez le consiente todos los caprichos que se le antojan. Con Mourinho en el banquillo, la creciente ola de antimadridismo terminará por convertirse en un tsunami imparable.
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