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Etiquetas:   Reportaje / Fútbol   -   Sección:  

El árbitro tramposo

David Camín Martínez
Redacción
jueves, 10 de marzo de 2005, 13:33 h (CET)
Durante varios días, Robert Hoyzer tuvo el incierto honor de ser el alemán más famoso y el más odiado del país. El estudiante de ingeniería de 25 años y con un gran futuro por delante en la dificil profesión de árbitro de fútbol, se encontraba bajo la sospecha de haber manipulado el resultado, de por lo menos, cinco partidos de fútbol, con el fin de ganar dinero en las casas de apuestas.

Pero este jueves, Robert Hoyzer, se convirtió en un ex árbitro tramposo y en un serio candidato a pasar una larga temporada en la cárcel, después de confesar públicamente que todas las sospechas que existían sobre su comportamiento eran ciertas. "Lamento profundamente mi comportamiento y pido disculpas a la Federación Alemana de Fútbol, a mis colegas y a los hinchas del fútbol", admitió el joven, sin poder contener las lagrimas.

La confesión de Hoyzer, realizada en la oficina de un prestigioso abogado, esconde, sin embargo, una peligrosa bomba de tiempo que puede provocar una nuevo gran escándalo en el mundo deportivo alemán y dejar al desnudo la corrupción que impera en las canchas deportivas alemanas, cuando falta poco más de un año para que el país vuelva a ser el anfitrión del campeonato mundial de fútbol.

El joven señaló que había entregado a sus abogados, una completa información sobre su comportamiento y sus conocimientos, relacionadas con el mundo clandestino de las apuestas, además de una lista detallada sobre hechos y personas. "Estoy a disposición de la fiscalía y de la Asociación Alemana de Fútbol (DFB)", añadió Hoyzer, al dar conocer su voluntad de cooperar con la justicia.

Uno de los escenarios de los crímenes cometidos por el joven fue un estadio donde dos equipos, el Hamburgo HSV y el SC Padeborn, debían disputar un valioso partido por la Copa de Alemania. Ese día, el 21 de agosto de 2004, el Hamburgo ganaba por 2-0, cuando de pronto el partido dio un giro espectacular. Hoyzer pitó dos penaltis casi sucesivos, uno completamente inexistente y el otro dudoso, a favor del Padeboren y para rematar su labor, expulsó al delantero del Hamburgo, Emile Mpenza.

"Del resto me encargo yo"
"Seguid jugando así, que del resto me encargo yo", dijo el árbitro a los jugadores del Padeborn durante la pausa, según pudo averiguar la revista especializada 'Kicker', que fue informada del escándalo con antelación. Cuando finalizó el partido, con un 2-4 a favor del Padeborn, la agencia de apuestas Oddset informó a la DFB que se habían registrado fuertes apuestas a favor del Padeborn, cuya victoria se pagaba por 575 a 100.

Las denuncias al DFB y a la policía de Berlín generaron una investigación que nunca prosperó, hasta el miércoles de la semana pasada, cuando varios colegas de Hoyzer decidieron denunciar el caso a las autoridades de la Federación. El joven, al parecer, había intentado convencerles de ganar dinero en forma rápida y segura.

Mafia croata
Cuarenta y ocho horas después Hoyzer renunciaba a su puesto de árbitro de la DFB y también a su club de Berlín, el Hertha BSC, dos decisiones que le ahorraron un proceso disciplinario interno, pero que no impiden que la justicia alemana investigue el escándalo. "Jamás he realizado apuestas personalmente", gritó el joven, en un intento de desviar la avalancha de dudas que se ciernen sobre su persona.

Pero la honestidad de Robert Hoyzer se diluyó como un terrón de azúcar en una taza de café, cuando informaciones publicadas por el 'Bild' rebelaron que el ya ex árbitro había sido manipulado por una mafia de apuestas. "Se trata de una mafia croata", admitió el ministro del Interior, Otto Schilly, en un encuentro reciente con corresponsales extranjeros.

El último gran escándalo que sufrió la famosa Bundesliga ocurrió en 1971, cuando se descubrió que decenas de jugadores habían recibido gratificaciones millonarias para manipular el resultado de encuentros de la Primera División.

A la postre hubo 53 jugadores, dos entrenadores, seis árbitros y dos clubes -Arminia Bielefeld y Kickers Offenbach- sancionados. Pero 800.000 espectadores dejaron de asistir a los estadios en la temporada 71-72 y más de un millón en la temporada siguiente.

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