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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Totalitarismos

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 1 de febrero de 2005, 00:26 h (CET)
"El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión" (Edmund Burke).

Madrid, 1965
En España hay una dictadura. Francisco Franco domina, junto con su corte de aduladores, todas las instituciones. No hay separación de poderes, ni Estado de Derecho, ni democracia. Las libertades políticas e individuales están proscritas. No existe el derecho a la huelga, ni de asociación, ni a la manifestación (aunque a veces se permiten para identificar a los “sospechosos”), ni la libertad de Prensa, ni la libertad de expresión.

Un numeroso grupo de personas comprometidas con la libertad, perseguidas por el Régimen, se echan a la Castellana pidiendo democracia. El ansia de libertad siempre gana a los totalitarios. Y el Régimen lo sabe, y lo teme. El Régimen se está cuarteando.

El SECED recoge testimonios gráficos de las personas presentes en la manifestación (autorizada por el Gobernador Civil). Son fotografiadas. Posteriormente la Brigada de lo Social, por orden del Ministro de Seguridad, examinará cuidadosamente los reportajes realizados para proceder a la detención, sin orden judicial y sin garantías procesales, de los “melenas” allí presentes. Llevar “melena” es un claro indicio de que la persona en cuestión podría ser subversiva.

Dichas personas, “reconocidas” gracias a la labor de los servicios secretos del Dictador, son llevadas a Comisaría. Allí son sometidas a un interrogatorio. Se les pregunta por su militancia política. Se les pregunta si han visto en la manifestación a más camaradas (delación). Posteriormente, son puestos en libertad.

La Prensa del Movimiento estigmatiza a dichas personas, a las que acusa de querer destruir el sistema y a las que califica como violentas y peligrosas. Los pregoneros del Régimen van informando a los ciudadanos de que dichos “elementos subversivos” siguen declarando ante la Policía.

Cuba, Año 2000
Numerosos disidentes con el Régimen totalitario cubano se manifiestan en las calles de La Habana exigiendo libertad. Los servicios secretos castritas proceden a su identificación, previa elaboración de dossieres y grabación. El Comandante y la prensa castrista, encabezada por el medio oficial “Granma”, denuncian a los “terroristas” que exigen libertades. Muchos son encarcelados.

España (entre los años 2003 y 2004)

Se asaltan más de 200 sedes del Partido del Gobierno. Se intenta linchar a su candidato a la Alcaldía de Barcelona en Reus. Se llama terrorista a un Gobierno democráticamente elegido. Alguna totalitaria llama en la prensa “hijos de puta” a los que votan a ese partido. Se intenta linchar al Vicepresidente económico y al Presidente del Partido del Gobierno en Cataluña en una manifestación contra el terrorismo. Se llama asesinos a sus votantes, simpatizantes, afiliados y dirigentes. La oposición calla y sonríe. Alguno, cuyo Jefe de Gabinete actual mantiene webs donde en fotomontajes se fusila a los dirigentes del partido del Gobierno, dice que “prefiere huevos a bombas”. Otro dice, una vez instalado en La Moncloa que, “es la voz del pueblo” (pobre pueblo, siempre utilizado por los mismos absolutistas para sus revoluciones). Manifestaciones que acaban en destrozos de locales, quema de contenedores y coches, robo de jamones en grandes almacenes.

Madrid, Año 2005
La Asociación de Víctimas del Terrorismo convoca una manifestación bajo el lema “Memoria, Dignidad y Justicia”. La disidencia apoya desde el primer momento dicha convocatoria. El Gobierno trata de silenciarla y el Alto Comisionado de Algunas Víctimas dice que él sólo acudirá si hay muertos. Se trata de callar a la disidencia, frente a las negociaciones del Gobierno con ETA.

El Delegado del Gobierno en Madrid calcula que a dicha manifestación acudirán no más de 3.000 personas. Tanto lo pensaba que ni piensan en cortar Cibeles. Es sábado, hace buen tiempo. Son las 5 de la tarde. Decenas de miles de madrileños se presentan en la calle Alcalá para mostrar su solidaridad con las víctimas del terrorismo, para pedir que no se negocie con los verdugos y que no se calle a las víctimas. El ambiente está caldeado.

Un Ministro se presenta sin haber anunciado su presenciaa la organización y se mete entre la multitud de gente con numerosos escoltas y una cámara de la televisión del Movimiento. Abucheos e insultos (“la voz del pueblo”, que decía aquél de Moncloa).

El Ministro se inventa (los atestados policiales así lo certificarán posteriormente) que ha sufrido agresiones por parte de estos violentos que eran “mayoritarios”. Le han pegado “puñetazos”. Las víctimas y el partido de la oposición son “ultras reaccionarios”. “Esto no pasa desde la dictadura” (¡y tanto!).

La prensa del Movimiento está encantada. “Se va a enterar la disidencia terrorista”. Los inexistentes puñetazos se transforman por arte de magia y prensa carnicera en golpes con una barra de hierro. El Delegado del Gobierno y el Ministerio de Seguridad Socialista ordenan a las FSE que se pongan de inmedidato a buscar entre los testimonios gráficos a cualquier persona que sea afiliada de la disidencia.

La Cadena de radio del Movimiento identifica inmediatamente a dos ciudadanos, que son conocidos activistas disidentes. Se les imputa en la prensa la inexistente agresión. Los demás medios, que presumen de independientes pero también quieren televisiones y publicidad institucional, se hacen eco de estas noticias.

Jóvenes totalitarios se lanzan, vía chats, a la búsqueda y captura de los presuntos agresores.

Inmediatamente se ordena su detención (“Ya tenemos a dos, se van a enterar estos”). Posteriormente el Delegado del Gobierno negará dichas detenciones, pero los afiliados son trasladados por la Policía en un coche sin identificar a una Comisaría, donde se les leen sus derechos y son asistidos por letrado. Se les somete a un interrogatorio. Entre otras preguntas “¿Conoces a alguien más de los que salen en la foto?” (delación). Se cita también a una víctima del terrorismo de ETA. Varios policías se niegan a realizar dichos interrogatorios. Son sustituídos por otros más afectos al Régimen o más cobardes.

El partido del Régimen se lanza inmediatamente a exigir responsabilidades a la disidencia y a las víctimas. El Alto Comisionado de algunas víctimas cita a éstas para regañarlas. El portavoz del partido del Movimiento acusa directamente a la disidencia de haber organizado “grupos violentos”, poco menos que terroristas (en el atestado policial se dice que fueron “espontáneos” y unos pocos) y acusa a los disidentes (todos los asistentes) de ser “de extrema derecha”. El portavoz del Régimen dice que esto no ha sucedido jamás. Micebrina para el portavoz. Se pide a la disidencia indignada “que modere su lenguaje” cuando se habla de secuestros (lo de retención ilegal es dialéctica marxista). Se inventan cartas supuestamente enviadas por la disidencia convocando a una manifestación con tan innoble motivo, como reivindicar las víctimas del terrorismo.

Y de paso, objetivo conseguido: las víctimas son los terroristas a los que hay que acallar. Y el Régimen, que prefiere “entablar contactos” con los verdugos, tan contento. Esto es totalitarismo.

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