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Tags: Opinión · The Washington Post Writers Group · E. J. Dionne
La elevada factura de una metáfora que no funciona


E. J. Dionne


E. J. Dionne E. J. Dionne
lunes, 14 de marzo de 2011, 09:21
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WASHINGTON - "Estamos sin blanca".

Prácticamente puede colgar un motor de búsqueda si empieza a buscar esas palabras en internet. Se utilizan repetidamente al aludir a nuestras instancias locales, estatales y federal, casi siempre para argumentar el recorte drástico de programas - y últimamente para ir a por los sindicatos de funcionarios. La fórmula está diseñada para dar la impresión que justifica implantar medidas rápidas y radicales antes de que la ciudadanía tenga oportunidad de debatir las consecuencias.

Sólo hay una salvedad: No estamos sin blanca. Sí, casi todas las instancias de la administración sufren problemas fiscales a causa de la crisis económica. Pero no hay ninguna crisis: Hay muchas vías diferentes abiertas para corregir la situación de nuestros presupuestos públicos. Y llegaremos a soluciones más inteligentes y sostenibles si enfocamos con calma nuestros problemas fiscales, observando que seguimos siendo un país muy rico, y que a las rentas más altas entre nosotros les está yendo excepcionalmente bien.

Pensemos en dos de los arruinados más destacados, el presidente de la Cámara John Boehner y el Gobernador de Wisconsin Scott Walker.

"Estamos arruinados, nos vamos a la quiebra", decía Boehner en un discurso pronunciado el 28 de febrero en Nashville. Para Boehner, este "hecho" justifica los 61.000 millones de dólares en recortes nacionales que tramitaron los legisladores Republicanos (recortes que tendrán un impacto insignificante sobre el déficit a largo plazo). Los colegas Republicanos de Boehner quieren recortes en el programa Head Start, los préstamos estudiantiles y cantidades ingentes de programas más que son del gusto de los votantes, y la única forma de sacarlos adelante es anunciar la catástrofe.

Walker, por supuesto, utilizaba el razonamiento "estamos arruinados" para justificar sus ataques vertidos contra el derecho de negociación colectiva de los funcionarios. Pero la situación presuntamente "ruinosa" del estado no le impidió aprobar bajadas tributarias antes de abrir su guerra contra los sindicatos y proponer todo tipo de deducciones incluyendo importantes reducciones de la ayuda a los centros escolares públicos.

En ambos casos, las cuestiones fiscales son sólo una excusa de políticas ideológicamente encaminadas a bajar los impuestos a gente y empresas bien situadas al tiempo que se reducen los programas públicos. Pero sólo puntualmente los periodistas se paran a pensar: ¿Dice la verdad esta gente?

El admirable portal PolitiFact.com examinaba el anuncio de Walker en detalle y llegaba a la conclusión patente de que es "falso".

"Expertos coinciden en que el estado se enfrenta a desafíos económicos en forma de déficit", escribe PolitiFact. "Pero también coinciden en que el estado no está arruinado. Se están pagando nóminas y se están pagando facturas. Se siguen prestando servicios. Sigue entrando recaudación. Un amplio abanico de herramientas -- impuestos, expedientes de regulación, recortes del gasto, gestión de la deuda -- se contempla para cuadrar las cuentas. Walker ha prometido no subir los impuestos. Eso anula una herramienta".

Y esa es toda la motivación.
Bloomberg News examinaba las declaraciones de Boehner y afirmaba simplemente: "Se equivoca". Como escribe David J. Lynch, de la agencia: "Estados Unidos es hoy capaz de endeudarse a tipos de interés históricamente bajos, abonando el 0,68% del bono de deuda a dos años que tenía que ofrecer al 5,1% antes de estallar la crisis económica en 2007. Los productos financieros que están financiando la deuda del Tío Sam no atraen a los especuladores. Y la recaudación fiscal como porcentaje de la economía se encuentra en un mínimo de 60 años, lo que significa que si la administración tiene que elevar la carga tributaria y hace acopio de voluntad política, lo puede hacer".

Justamente. Se está utilizando una metáfora cogida con alfileres para secuestrar el debate político nacional y dar al traste con políticas públicas en beneficio de las ventas estadounidenses más altas y en detrimento de la mayoría del resto.

Tenemos una tasa de paro del 8,9%, pero no se contemplan más medidas para desatar la creación de empleo. Estamos arruinados, mire usted por dónde. Tenemos una economía de 15 billones de dólares, pero simulamos ser una nación pobre para la inversión pública en nuestro futuro o para hacer esfuerzos por paliar los problemas de una acusada recesión para aquellos estadounidenses que no sacaron tajada de ella ni la provocaron.

Como señalaba el Senador Al Franken, D-Minn., en un discurso poco destacado pero poderoso acerca de la economía el pasado diciembre, "durante los 20 últimos años, el 56% de todo el crecimiento neto fue a parar al 1% de hogares. Aún más increíblemente, la tercera parte de todo el crecimiento de la renta fue a parar solamente a la décima parte del 1% de rentas más altas". Hay quien definitivamente no está arruinado, pero ni siquiera se nos pasa por la cabeza subirle los impuestos.

Por el contrario, señalaba Franken, "cuando se ajusta la inflación, la renta familiar media en realidad descendió a lo largo de la última década". Mucha de esa gente va a arruinarse, pero dado que "estamos arruinados", se nos dice que no podemos ayudarles.

Hay que reconocer el mérito de Boehner, Walker y sus aliados a la hora de desviar nuestra atención con una metáfora chapucera muy grave. El resto de nosotros seremos panolis si picamos.

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