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Japón, nucleares y progres
Almudena Negro
¡Vaya manera de aprovechar la tragedia nipona la de los ecologistas españoles! Los mismos ecologistas que andan entretenidos en crear un partido político de cara a las próximas elecciones generales que pueda recoger buena parte del voto socialista. Y es que resulta que como en Japón, una de las principales economías mundiales, hay centrales nucleares y una de ellas (Fukushima) se ha visto muy dañada por un terremoto de grado nueve en la escala de Richter se han lanzado a advertir del peligro de la energía nuclear. Que es lo mismo que alertar del peligro de los trenes bala porque dos de ellos han desaparecido a consecuencia del seísmo.
Los progres demonizan la energía nuclear porque así lo mandaron los cánones sesentayochistas del siglo pasado. Y porque es la solución más eficaz para España. Sí, nuestros ecolojetas quieren acabar con toda la energía nuclear, acaso porque sea un de las más limpias, baratas y seguras. Que la dependencia energética de España supere el 80% , que la subvencionada apuesta por las carísimas renovables (energías para pijos las definió en su día Gorbachov en el fórum de Barcelona) haya supuesto un incremento brutal en nuestra factura eléctrica –y eso por no hablar de la corrupción- y con ello serios problemas económicos para la asfixiada clase media española o que el petróleo pueda llegar, a causa de las revueltas en el mundo musulmán, a costar entre 120 y 160 dólares el barril, son menudencias para los seguidores de la bioideología verde.
Al fin y al cabo son las clases medias quienes hacen posible el bienestar de occidente, la democracia. Y eso del bienestar y la libertad a los colectivistas, también a los de la neo-religión ecologista, no les gusta nada de nada. Ellos siguen creyendo en los mantras malthusianos y suscribiendo al farsante Paul Ehrlich (“en la década de los 70 y 80, centenares de millones de personas se morirán de hambre a pesar de cualquier programa de choque que se emprenda ahora”). Ehrlich fue un señor adorado por los progres del siglo XX, los mismos que justificaban el criminal régimen que gobernaba detrás del telón de acero, que propuso hambrunas planificadas para el tercer mundo, esterilización obligatoria de personas con más de tres hijos, gravar impositivamente los artículos necesarios para el cuidado de bebés y todo tipo de barbaridades de las que hoy en día aplica el gobierno socialista chino en contra su población.
Lamentablemente, en la España de la LOGSE no fueron pocos los que se lanzaron inmediatamente a relacionar el seísmo japonés con el cambio climático. Cambio climático que no es más que el armagedón del siglo XXI que justificaría desde la vuelta a las cavernas a la aniquilación de seres humanos con el fin de preservar la naturaleza. En tertulias televisivas y radiofónicas se aprestaron a vender que la naturaleza se rebela contra el malvado hombre blanco, en este caso amarillo pero capitalista. Y lo de la central nuclear de Fukushima, cuando España comienza a despertar del “nucleares, no” que ha supuesto la ya mencionada dependencia energética, les ha venido de maravilla a estos inmovilistas. Ahora podrán justificar que Zapatero cierre Garoña por si un tsunami arrasa Burgos o por si debajo de la hípica Almenara apareciesen placas tectónicas más grandes que la falla de San Francisco. Y así ZP podrá seguir subvencionando renovables y nos subirá el recibo de la luz un 100% por nuestro bien. Qué tropa, que diría el conde de Romanones.
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