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Talentos desvencijados
Rafael Pérez Ortolá
Aunquelos extremos se alejan del ciudadano medio, porque cuesta la realización deactuaciones excepcionales; tampoco la moderación reina a sus anchas. Seproducen escapes derivados de una intensa actividad o promovidos por fuertescarencias, por la pasividad a ultranza. Somos muy EFECTISTAS, nosextralimitamos al menor descuido; son muchas las áreas afectadas pormanifestaciones de este género. En los artistas se ven a diario gestosestrambóticos, pinturas extrañas, escritos provocativos, y se dice de algunaspelículas que son “efectistas” por el predominio en ellas de los efectosprovocativos. En la gente corriente, estas maneras intentan el realce de suprotagonismo en las diferentes relaciones, ese afán para hacerse notar abundaen ámbitos profesionales. Así mismo, es un enfoque dominante en los hechosdelictivos, el golpe de efecto les resulta primordial. Se busca el excesosignificativo desde unos comportamientos. Es una matización ambigua en símisma; tolerable si fuera para un bien, execrable si agranda la maldad.
De talmanera, se producen las novedades diarias como una suerte de petardazossucesivos, esto se convierte en el reino de la constante truculencia. Da lomismo hacia donde se desvie la mirada, decisiones espasmódicas del gobierno,degüellos o puñaladas en familia, como las algaradas de sangrientos embates enpaíses próximos al son de motivaciones complejas. Algunas barbaridadesadquirieron renombre, se calmaron con el tiempo y ahora resurgen con pérfidasmaquinaciones. Allá por el siglo XVII se hablaba con temor de los COMPRACHICOS,a estas horas se torna difícil la precisión, los datos concretos no se hantransmitido con nitidez; las madres reconvenían a sus hijos, ¡Niño! Que voy allamar al comprachicos. Alguna realidad tendría su agresividad cuando ocuparonpáginas de relatos históricos y de la literatura. ¿En qué zonas? ¿Con quéfrecuencia actuaban? ¿Era sólo compra? ¿robo? Permanecen en esa nebulosa de lamemoria. El mismo Caro Baroja se molestaba con Víctor Hugo porque este referíalas prácticas de semejantes truhanes en Pancorbo y en el País Vasco. Qué cosaspasaban entonces, verdad.
Laantigüedad confiere una pátina anecdótica a los relatos, se diluyó la gravedadde unos hechos bajo un aspecto de ficción literaria. Hasta que estalla potentela desgraciada sorpresa, reaparecen aquellas conductas diabólicas, saltó laalarma. El eco de los noticieros nos revela la existencia de numerosos BEBÉSROBADOS. Puesta en marcha la sospecha, los indicadores nos situan en la crestadel iceberg; en las profundidades ocultas, quién sabe cuál será la opulencia delas cifras reales y la extensión de las tramas involucradas. Los primeros casossalpican a toda la geografía española. No aparece el cuerpo del niño donde secreía enterrado, se obtienen documentos delatores, algunas personas avizoran laaproximación de dichas fechorías a sus propios lugares de nacimiento.
Una vezmás topamos de lleno con la extensión de unas actividades desnaturalizadas, nose trata de un hecho aislado. Asistentes sanitarios en aquellos partos,siniestros personajes agregados a corporaciones benéficas, actuacionespolíticas caciquiles, complicidad silenciosa, vigilancia inexistente opretendidas ignorancias de los compradores; son las implicaciones repugnantesque afloran. Tampoco vale aquí la muletilla del 36, por que se sacan a colacióndiferentes casos de niños robados en plenas décadas actuales. Confiemos en lasincera aportación al completo de la información y testimonios disponibles porparte de las instituciones involucradas, sean policiales, registros,eclesiásticas, clínicas o cualquier otra. El ASOMBRO nunca se acaba. Lacontinuada perversión sigue circulante. Hemos empeorado la leyenda de loscomprachicos, convertida en robachicos cobra una actualidad inusitada. Veamosel decurso próximo de las investigaciones. ¿Se diluirán entre elecciones uorientaciones de los fiscales? La desidia general amenaza la persecuciónimplacable de los delincuentes.
Quéefecto se intentará resaltar en las diferentes respuestas europeas, tanto porparte de los ciudadanos como de las instituciones políticas, a la hora de tomaruna postura con respecto a las recientes revueltas acaecidas en los paísesárabes. ¿Cómo evolucionó el trato informativo y político de un personaje comoGadafi? ¿Con Mubarak? ¿Acaso vemos la coherencia por alguna parte? La HIPOCRESÍA REZUMAA BORBOTONES. Las críticas actuales no disimulan los amiguismos ostentososanteriores ni los apoyos armamentísticos. Ahora mismo cuesta la adopción de unapostura coherente. Si no se interviene, continua la masacre de los ciudadanosopositores; la intervención militar nos repugna. Ahora bien, quedándose en laanécdota de un espectador, tampoco se entienden las declaraciones desprovistas deun contenido satisfactorio, máxime si quienes las hacen colaboraron activamentecon el poder agresivo de aquellas figuras. La sinceridad puede quedarse en unaexclusiva ayuda humanitaria o acogida de exiliados. La ambigüedad previaemitida desde Europa no es consecuente con la pretensión de presentarse comolíderes magníficos de nada.
Alreferirse a las fuertes convicciones, a las más arraigadas creencias, escribióOrtega y Gasset lo siguiente: “…al alcanzar una forma su máximo, se inicia suconversión en la contraria”. Han sucedido demasiadas desgracias por los excesosde las convicciones (Inquisición, stalinismo, nazismo), excesos que por otraparte no se acabaron, son resortes que permanecen en activo. No hay más que verlos entornos, cualquiera con un gramo de poder pretende transformar suscreencias en imposiciones. Parece ser que se tiende a la NIMIEDAD del CIUDADANO,se le trata como a un incapacitado, conunas decisiones normativas de todo género. Van desde las bombillas al tráfico,gruesas subvenciones a los sindicatos, viajes en aviones oficiales de difíciljustificación; mientras se suprimen ayudas a nivel individual o se nos obliga apermanecer más horas en la carretera para un mismo trayecto. Ese florilegiocontinuo de normas no esconde la privación real de que se oiga a la gente enlas grandes decisiones. Asaeteados con una normativa tras otra, se utiliza alos ciudadanos.
Me temoque tembién ocurre algo así con el LAICISMO TOTALITARIO en auge. La primeraidea elogiable de evitar imposiciones de un color religioso a todo el grueso dela sociedad; excedida en sus límites, pasa a convertirse en la dominación deotro punto de vista sobre el conjunto de la población. ¿Acaso la convivencia delas diferentes tendencias se piensa a base de suprimirlas todas en la esferapública? Al fin y al cabo estamos hablando de otra convicción ¿No habrá otrasmaneras inteligentes de compaginar las orientaciones distintas? La pluralidad oel multiculturalismo, si se entienden como una progresiva anulación de las peculiaridades;en la línea de la citada frase de Ortega, perderán su buen contenido decarácter participativo, se tornarán nuevos entes excluyentes. Aunque serequiera esfuerzo, no es posible esquivar la dignidad de cada persona, ni porun extremo ni por el opuesto.
Losefectos especiales están muy bien en las películas. Cada persona requiere unmejor tratamiento de su fondo.
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