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Tags: Opinión · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
La estrategia de la parasitación


Ángel Ruiz Cediel


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
domingo, 13 de marzo de 2011, 10:09
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La vida es una guerra permanente entre los seres vivos por la reproducción, la supervivencia y/o el dominio -especialmente en el hombre que es un gran predador-, en la cual la estrategia empleada por los individuos es capital para perpetuarse. Todas las estrategias usadas por lo seres vivos de cualquier orden se pueden resumir en dos grandes categorías: Fight y Flight (Lucha y Cooperación). Naturalmente, la estrategia varía de un grupo o especie a otro como varía de uno a otro individuo, usando cada cual su capacidad de adaptación al medio para resolver los problemas que se presenten y tener éxito en su objetivo de perpetuarse.

Entre los humanos, debido a sus enormes capacidades cognitivas, la supervivencia y el dominio ha sido elevado por Sun Tzu a la categoría de arte, y lo mismo se sirve cada individuo y cada cultura de una estrategia que de otra o de una mezcla de ambas, en según qué proporciones, pero siendo un factor capital la capacidad de infiltrarse silenciosamente entre el enemigo para corromperlo, conocerlo en profundidad para detectar sus puntos débiles y aun con el fin de parasitarlo, de modo que sólo dará la cara ese enemigo cuando realmente esté en disposición de obtener la victoria. Es la misma estrategia de intoxicación que usan algunos virus, los cuales infectan células sanas del organismo que invaden y se nutren de él sin dar la cara como infección, mimetizando la conducta de las células normales hasta que el número de las células infectadas es tal que cualquier acción del cuerpo invadido para erradicarlas sea ya inútil.

Tal que ésta es la estrategia que siempre han usado quienes pretenden socavar las organizaciones sociales para establecerse en dominantes del grupo. Cuando se trata la Revolución Francesa, por ejemplo, a menudo se piensa en algo así como en un estallido social espontáneo que derrocó la monarquía, pero sólo quienes están verdaderamente instruidos saben que fue la masonería la que poco a poco fue colocando sus peones en los puestos adecuados del Estado que pretendían apropiarse, hasta que su control del mismo era tal que comprendieron que su revolución estaba condenada al éxito. Lo mismo, en fin, que sucedió con las guerras de los Balcanes, y aun lo que hoy sucede en muchos países árabes que están agitados por turbas oficialmente convocadas por redes sociales de Internet. Lo que subyace en el fondo de todas estas realidades, es ni más ni menos que una parasitación de elementos extraños a esas sociedades. Una estrategia que desde la Revolución Francesa ha dado excelentes resultados a los conspiradores y contra la que los Estados no han sabido defenderse, a no ser por la contraestrategia de Fight que mencionaba antes, que es la confrontación, la fuerza bruta, tal y como sucedió con China cuando los invasores llevaron a efecto la supuesta revolución pacífica de Tian´anmen. Que esa infestación la produzcan masones, iluminados o los grupos G-lo.que.sea, es una cuestión secundaria para este artículo.

En España estamos desde hace mucho tiempo en esta tesitura. Es imposible saber en verdad qué sucedió el 23F o el 11M, a no ser a través de análisis de las consecuencias y de observación de quién se benefició de estos hechos, porque al tratarse de un organismo infestado, los elementos que parasitan la estructura del Estado se valieron de todos sus recursos para borrar pruebas o para desorientar las investigaciones. El móvil puede colegirse, se pueden cotejar los resultados y se puede saber quién se ha beneficiado y mucho de estos actos atroces. Quien quiera que sea quien pretende infestar el Estado, es necesariamente aquél que ha podido ir parasitando sus Instituciones y Órganos, tales como los Servicios Secretos, la Justicia, la Policía, los Ministerios y las demás Instituciones, para lo cual ha podido ir colocando al frente de cada uno de esos puestos a elementos de su logia o de su credo, dispuestos a servir e informar al cerebro que ha organizado la toma de control del poder a la vez que desinformar a la población o a otros investigadores no contaminados.

Vista desde cierta distancia la realidad española, no necesariamente muy alejada, es fácil comprender en ambos casos quién se aplica en esta estrategia. Los aparentes desvaríos legislativos que de forma rítmicamente continua han ido convirtiendo en leyes no sólo tienen el fin de ser una maniobra de diversión que aparte la atención ciudadana del foco de acción donde están contaminando el Estado, sino que son también la estrategia necesaria para ir modificando la forma de ser de la sociedad infestada para adaptarla a sus necesidades de supervivencia, al mismo tiempo que desmenuzan y destruyen los potenciales agentes de resistencia venidera, el sistema inmune del organismo invadido, tales como los sindicatos, las organizaciones sociales o cualquier tipo de agrupación o creencia que tenga o pueda tener magnitud suficiente para, en un momento dado, enfrentar la infestación que han producido. Una estrategia basada en la cooperación, en ese Flight que mencionaba al principio: “es por su salud”, “es por su bienestar”, “es por defender los derechos de…”, etc. No hay puntada sin hilo en esta estrategia. Dividir al potencial enemigo es tener una mayor garantía de éxito, que el opositor esté solo y, mejor, si es considerado loco o conspiranoico. Las creencias, en este orden, son un importantísimo objetivo a batir, como lo son las conductas sociales de grupo. He aquí por qué son tan agredidos los usos, costumbres y fes mayoritarios, al mismo ritmo que se infiltran elementos patógenos en todas las Instituciones del Estado.

España, en vista de estas evidencias, se puede considerar seriamente parasitada. Es mucho más que probable que el PP gane las próximas elecciones, y, entonces, vamos a tener la oportunidad de saber si es parte o no de esta estrategia de parasitación. De no serlo, tiene por delante un ímprobo trabajo de depuración social e institucional, viéndose obligado a remover de sus puestos y a castigar ejemplarmente a todos los elementos contaminados, que no son pocos ni menores. Aznar no supo o no quiso hacerlo, y, como consecuencia de ello, cayó cuando no debió haberlo hecho si hubiera sido diligente, tal vez engañado o desinformado por quienes debían decirle la verdad o informarle. En esta ocasión, cuando el PP se alce con el poder del Estado, si depura meticulosamente la Justicia, la Policía, los Servicios Secretos y todas las Instituciones del Estado individuo a individuo, tendremos una oportunidad de regenerarnos; pero de no ser así, no tendremos más remedio que creer que forma parte del juego. Un trabajo harto difícil, por cuanto esos parásitos harán lo necesario para enmascararse como células sanas, se mimetizarán en la probidad y lealtad con el Estado y tratarán de replegarse con la estrategia del Flight (cooperación) para pasar desapercibidos hasta la próxima ocasión, que la habrá, con seguridad, sea con un golpe de estado, con un atentado sangriento o con ambas cosas. La piedad y/o la falta de determinación, en tal caso, será su más temible enemigo, algo así como los leucocitos tuvieran misericordia del parásito que les está matando.

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