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La regla de San Benito, una solución a la crisis
Mario López
Dijo San Ignacio de Loyola que en tiempos de crisis te prives de hacer mudanzas. La orden del Císter, que no tiene mucho que ver con el fundador de la Compañía de Jesús, sin embargo, se ha caracterizado siempre por su espíritu ascético y su rigor litúrgico.
Pero no sólo eso. También ha demostrado una admirable habilidad para los negocios, consiguiendo acumular a lo largo de su historia un vasto patrimonio inmobiliario. Bueno, pues ahora las monjitas del monasterio cisterciense de Santa Lucía nos han demostrado lo bien que se les da hacer de la regla de San Benito una auténtica mina de oro.
Y, a la vez, han puesto en valor la opinión de San Ignacio, guardando sus dineros en los armarios del monasterio esperando, quizá, la llegada de un tiempo de bonanza para, no hay que dudarlo, poner en circulación ese millón y medio al servicio de las más nobles causas; lástima que se les colara por algún insospechado resquicio del claustro un espíritu maligno y echara a perder tan hermosa cosecha.
Es posible que este monasterio sea el único que haya dispuesto de tan desahogada hacienda, pues no todos cuentan entre sus miembros con pintoras de la talla de Sor Isabel Guerra, cuya obra ha adquirido un alto valor en el mercado del arte. Bueno, ya veremos qué dice al respecto la Agencia Tributaria, si es que dice algo. ¿Y quién se habrá llevado la pasta? Esta historia bien podría haberse inspirado en un capítulo del mítico Colombo.
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