|
La ingeniosa estrategia del loco que sigue el Partido Republicano
E. J. Dionne
WASHINGTON - Richard Nixon desposaba la que llamaba "la teoría del loco". Es un enfoque de negociación que induce a la otra parte a creer que eres capaz de realizar acciones peligrosamente irracionales y la lleva a retroceder para evitar la catástrofe que puede desatar tu indignación.
Los legisladores Republicanos están siguiendo su propia teoría del loco en materia de negociación presupuestaria, con un giro inteligente: El presidente de la Cámara John Boehner se está presentando como el caballero razonable totalmente dispuesto a llegar a un acuerdo para evitar el cese de la actividad de la administración por falta de fondos. Pero también tiene que satisfacer a una banda de "pirómanos radicales", como caracterizaba él a los nuevos legisladores en el Wall Street Journal del viernes al compararlos cariñosamente con su ser juvenil.
De esta forma se obliga a los negociadores del Presidente Obama y los Demócratas del Senado a negociar no sólo con los líderes Republicanos de la instancia sino también con un fantasma amenazador que ronda fuera del recinto. En calidad de funcionarios públicos "responsables", se pide a los Demócratas que hagan concesiones adicionales sólo para mantener a raya a los pirómanos.
Esta es la idea perversa a la que se enfrentan los legisladores Republicanos: Nadie cree en serio que cosas como sus 57.000 millones de dólares en recortes presupuestarios propuestos pendientes de tramitación puedan aprobarse. Es improbable que todos sus miembros confíen en todos los recortes a favor de los que han votado. Pero al secuestrar un número tan grande de programas, el Partido Republicano puede estar muy seguro de ganar más enfrentamientos de los que ganaría de considerarse las reducciones por separado.
Empecemos por los escandalosos 1.100 millones, el recorte del 15% al programa Head Start, un programa que ofrece educación preescolar a alrededor de 965.000 niños de hogares pobres. Según el colectivo Centro de Legislación Jurídica y Social, esto va a sacar a 218.000 niños del programa Head Start y cerrará 16.000 aulas.
Esa, por enmendar el lema favorito del presidente, es una forma excelente de perder el futuro. ¿Qué mejor uso puede tener el dinero público que ayudar a los niños más pobres al principio de su vida para que puedan lograr más cosas en la escuela, y más adelante?
Y para aquellos que dicen que el Head Start no es tan bueno como debería, la administración anunciaba planes el pasado septiembre de obligar a los programas Head Start con malos resultados a competir por la financiación con otras entidades. ¿No es la clase de competencia a favor de la que dicen estar los conservadores?
Teniendo en cuenta que la ciencia ha demostrado la importancia de los primeros años del niño, necesitamos programas infantiles mejores y más extendidos. Rebajar su presupuesto no puede sino causar perjuicio -- a las madres, a los menores, y al país.
Luego están los recortes al otro extremo del espectro de la educación. Los presupuestos de la Cámara reducen el margen máximo de las Becas Pell, las que ayudan a los chavales en dificultades a recibir una educación superior, en 845 dólares, con respecto a los 5.550 que se facilitan ahora. Según Mark Kantrowitz, que publica el portal FinAid de consejo financiero, 1,7 millones de estudiantes sin recursos van a dejar de poder solicitar Becas Pell, casi la quinta parte de sus beneficiarios actuales. ¿A eso votaron los estadounidenses el pasado noviembre?
Pero aquí es donde la estrategia de los Republicanos funciona de forma tan brillante. Supongamos que ni la administración ni los Demócratas del Senado -- ni siquiera el más tibio entre ellos -- puede permitir que salgan adelante los recortes al programa Head Start o Pell. Eso deja por defender una enorme cantidad de programas válidos. Al meter la tijera por todas partes, los Republicanos obligan a los defensores de cada causa concreta a enfrentarse entre sí.
Y con tantas reducciones sobre la mesa, los votantes se opondrían realmente a la mayoría de ellos si conocieran los detalles de los que no oyen hablar mucho porque los medios se concentran casi por completo en la tragedia partidista del enfrentamiento por la clausura de la actividad pública, no en la letra pequeña.
También se puede imaginar el argumento de aquellos Demócratas petrificados por su propio miedo. "Bueno", dirán los cobardes, "tenemos que salvar las Becas Pell y el Head Start, ¿por qué no les damos pues a los legisladores Republicanos lo que quieren con el Fondo Nacional de las Artes Escénicas - o sus recortes a la ayuda exterior, la red del Centro de Control de Enfermedades, la investigación médica, el programa Women Infants and Children, las iniciativas de los comedores sociales o las inspecciones de seguridad en las explotaciones mineras? Quiero decir, tenemos que darles algo, o esos dementes van a detener la actividad pública, y se nos podría culpar a nosotros".
Boehner no puede sino cruzarse de brazos y sonreír benignamente mientras los Demócratas se enfrentan por las concesiones que deberían darle. Cuando la negociación se ponga difícil, puede advertir sombríamente que sus advenedizos necesitan más porque él no puede responsabilizarse de lo que hagan. El legislador del bronceado perpetuo es un tipo astuto. Los Demócratas que le subestimen sólo caerán en sus redes.
|