|
Duendes acechantes
Rafael Pérez Ortolá
Habrá quien considere necesario el viaje a Egipto para captar el sentido de la Esfinge, cabe también la posibilidad de que no se capte ni la sombra de ese esignificado a pesar de haber realizado el viaje. No es cuestión de un monumento de más o de menos. La práctica de estas experiencias no requier grandes componendas, se precisa un testigo de los tiempos y un observador que participe en la experiencia. Disponemos de abundantes testigos esplendorosos a lo ancho de la geografía española; desde las alturas, ejercen como tales los PICOS y CUMBRES de mayor relieve en los paisajes montañosos. Entre tantos, puede uno fijarse en el Teide, Sierra Nevada, Montjuich, Naranco, Guadarrama, como vigilantes impertérritos de los acontecimientos seculares; en cada zona, los observadores encuentran valiosos representantes.
Ante la presencia de unos testigos grandiosos como los señalados, quienes nos acerquemos a ellos quedaremos transpuestos a otras dimensiones, un tanto alejadas de las preocupaciones habituales. La amplitud, la inmortalidad o los muy prolongados lapsos de tiempo, se proyectan sobre los observadores, amplían las perspectivas de su ánimo. Digamoslo de diferente forma, uno aprecia el alejamiento de los límites en tan extensos horizontes. Al menos momentáneamente, se notan en el aliento las más elevadas ASPIRACIONES, en un panorama de espacio y tiempo con apuntes hacia el infinito. ¿Existirá ese infinito? Buena pregunta cuando se exaltó el ánimo en esas compañías. No viene nada mal, no. Si proliferan las conductas ramplonas, deshonestas y las corrupciones; de vez en cuando conviene expandir el corazón sin los impedimentos usuales.
Decimos eso de aspiraciones a lo más alto, quizá hacia unos hermosos terrenos aún no conocidos, pero dibujados con enorme ilusión. Sin embargo, ¡Cuidado con el posible batacazo! Tengo anotada como alerta, una frase de un antiguo premio nobel, Paul Heyse, “De usted gracias a su destino por no haber tomado en serio hasta ahora estas hermosas palabras”. Porque detrás de las supuestas opciones mejores, de las trascendencias con intensas repercusiones; se articulan todo género de TRAMPAS. Es frecuente la falsedad de las maravillas ofrecidas. La grandilocuencia de los manipuladores entraña servidumbres inconfesables que no suelen mencionarse a las claras. La turbidez genera algunas atrocidades que se descubren ocasionalmente y parecían ajenas al proyecto noble. Como en las casas de ahora, es menester la pronta instalación de una alarma conectada las 24 horas, porque acechan los diablos.
A estas alturas de la evolución no hemos aprendido con fundamento casi nada. Portamos encima un MALEFICIO destructivo, o cuando menos de distorsión, especialmente dirigido hacia quienes se manifiestan diferentes a nuestros impulsos, para destruirlos o silenciarlos. Nos convendría el uso de la inteligencia para la corrección de dichos semilleros maliciosos; sí, pero no es la tendencia habitual. Al revés, seguimos el juego propuesto por los estandartes distractores. ¿De qué otra forma llamaríamos a las frases rimbombantes con que nos asedian? José Jiménez Lozano apuntó sobre esto: “Cuando usted dice palabras como ética o libertad no significan nada; es decir, no anuncian nada que esté en la realidad…y esa creencia ha producido ya demasiados desastres en el pasado”. Se suceden las palabras y frases con afán de dominación y no de participación. No estamos ante desastre naturales, sino ante una especie de malicia muy propia de los humanos, la de proyectarse ferozmente en contra de la propia especie. ¿Seguiremos creyendo en alguna posibilidad para la neutralización de esas actitudes.
Las aspiraciones inteligentes sucumben, no son suficientes los trabajos ni las reflexiones; por los recovecos más inverosímiles se cuelan las actuaciones cargadas de malicia. Tiene que haber algún tipo de DUENDE perverso y muy activo. Es habitual que en su presentación inicial se ofrezca con sus aspectos halagadores, como un “candidato” a las próximas elecciones. Una vez obtenida la cédula de la confianza pasan a tolerarse como compañeros, han resultado “elegidos”. Luego se manifiesta en toda su pujanza una tercera fase, agria e insidiosa, en la que se practican las perversidades, se suceden los cientos de “corrupciones”. Pues algo así, la candidez inicial se resquebrajó por la endeblez de sus estructuras. Parecerá mentira, sin embargo, la evidencia de las maquinaciones no consigue despertar el ánimo para la elaboración de unos funcionamientos dignos de seres inteligentes. Son muchas las voces que denunciaron estas maneras convivenciales, sin que sus pronunciamientos cambiaran las perspectivas. ¿Se tratará de un sino implacable?
Las cosas tampoco son tan enrevesadas como pretenden enseñarnos; las complican innecesariamente, porque la transparencia les da pavor, mostraría las componendas en toda su crudeza. En la intimidad, cuando uno siente las repercusiones de una actuación y piensa, no necesita de grandes explicaciones, la calidad se percibe o se echa en falta. Mucho escribió María Zambrano sobre esa luz que nos aclara las cosas, dijo sobre ese sentimiento “…sentir que es directamente conocimiento sin mediación”. Es decir, si los mediadores nos tergiversan las informaciones, tendremos que inclinarnos sobre nuestro SENTIMIENTO clarificador. Pongo un ejemplo del ámbito público. Por muy legal que sea el incremento publicado sobre el patrimonio del Sr. Bono desde que está en la política o sino citemos los beneficios de la Banca; mi sentimiento no admite la calificación honrosa hacia esas actuaciones. No todo se explica con triquiñuelas legalistas o artículos de un reglamento. Las claridades disponen de muchas formas para manifestarse.
¿La realidad está constituida por las imágenes que se propalan por doquier? ¿Pensamos que esos signos que cada grupo coloca en sus fachadas representan lo verdadero de la realidad? Por muchas vueltas que le demos, el lema inscrito en cada ESTANDARTE, se trate de un grupo religioso, partido político o de una asociación de oportunistas acérrimos; no pasará de ser una zarandaja vulgar, un título sin contenido, mientras no cuenten con el estímulo y participación activa de cada persona incluida. La masa de sujetos pasivos, juntos, pero desprovistos de su sentido personal, se limita a dejar el paso libre a los referidos duendes. El mismo “estandarte democrático” se vacía de contenido con una rapidez alarmante. ¿Qué apoyaban las democracias occidentales en los países árabes? Si no se pone freno a las mentiras y corrupciones, si no reivindicamos una transparencia correctora, se desdibuja el sueño democrático. Mientras, los duendes, que no son tan invisibles, estrujan al ciudadano con muy variadas artimañas.
Resulta oportuna la fiesta carnavalera, nos vendrá bien su jolgorio desenfadado. Ahora bien, en plena preparación de los disfraces, una cosa es la CARETA que facilite los disimulos y otra bien distinta la CAROTA descarada empleada en los abusos de turno. Las mentirijillas que alegran las fiestas, pasan a mentirotas y se convierten en monstruos cuando pasan a ser una costumbre. Se desvía demasiado la atención hacia los duendes o fantasmas; mientras que se precisan más personas cabales y tenaces.
|