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Danzad, malditos
Ángel Ruiz Cediel
Cuando a un ignorante se le da demasiado poder, si lo acepta es casi seguro que se despeñará por la por la soberbia y que se estrellará contra la locura. Esto es, ni más ni menos lo que le está sucediendo al PSOE…, y no es la primera vez, sino la segunda.
Con el rigor de una ecuación matemática, los resultados en ambos casos no pueden ser más exactos: del poder al endiosamiento, y del endiosamiento al gorro de papel. Este país, si no tiene revoluciones en plan Túnez, Egipto o Libia no es porque no pueda ver la necesidad de tenerlas, sino porque las lágrimas de la risa se lo impiden. Y no para aquí la cosa, no señor: habida cuenta de que entramos en periodo electoral interno y externo, esto irá a más, a mucho más, de modo que prepárense. Esto va a ser un sinvivir, se lo digo yo.
Es lo que pasa cuando se aprueba algo tan demencial como la ley de Discriminación Positiva y se la aplaude, que enseguida viene otro ocurrente y, ¡zas!, que se cisca en la Gramática, y como tampoco pasa nada, pues viene otra, ¡y venga!, que se preocupa por nuestra salud, y otro más y decreta por una huelga el Estado de Alarma y tal. Y suma y sigue. Y así, en un tú no eres más que yo, pues que todos los ignorantes, en la banal creencia de que quienes apoyan a sueldo estos desvaríos son sinceros admiradores y en la fútil seguridad de que su talento está eclipsando al mismo sol que apenas si nos iluminaba, creen que esa es la senda y allá se van todos a soltar sus chorradas: que si tener hijos es fascista, que si fumar mata pero cobran, que si quitarse la corbata ahorra electricidad, que si la subida de la misma tiene el costo de un cafelito, que si ir a 110 km/h ahorra combustible…, etc. Un pozo sin fondo, el de la locura, por el que se está desbarrancando este país de la mano de un Gobierno que, cuando todo el mundo se está sacudiendo de encima a los dictadorzuelos bananeros, ellos van de gira para besarles los pies. Pero, en fin, en vano es pedirle peras al olmo.
Este Gobierno y este partido del gobierno me recuerda a aquella novela y su película homónima “Danzad, danzad, malditos”, en la que unos cuantos concursantes, en tiempos de la depresión norteamericana, bailan hasta la extenuación para cachondeo general de los espectadores. Un alegato a favor de la desesperación y el suicidio, asfixiante, sobrecogedor, inhumano. Tal cual hoy vemos en nuestra realidad sociata. Enajenados por un orate frenesí, día y noche, sin parar, los mandatarios sociatas se estrujan las meninges a ver a quién se le ocurre la estulticia más disparatada o la idiotez más sinsentido que les catapulte a la insensatez suma que bien podría valerles un ministerio, o, siquiera sea, un puesto como candidato a secretario general, quién sabe si a Presidente, ya que para serlo, como muy bien podemos comprobar, no es necesario ni tener el bachillerato acabado, tener en condiciones de revisión las capacidades intelectivas o contar con una formación suficiente como para completar un crucigrama. La competición, pues, ha dado comienzo desde hace ya algunos años, y, de aquí en más, no pararemos de tener sobresaltos de risa de estos danzarines del despropósito. Al tiempo. Pondría algunos ejemplos de disparates venideros, pero reconozco que no doy para tanto y ni poniéndome en el papel del pirado me puedo acercar siquiera.
Por lo pronto, la sociedad que están construyendo va a las mil maravillas: el suicidio ya es la segunda causa de muerte en España, el número de abortos desborda por goleada a los que se practican en el conjunto de toda Europa y multiplica al de nacimientos, el número de divorcios (separaciones de parejas de hecho no cuentan) supera a los de los EEUU y somos el furgón de cola de Occidente en formación y cultura, entretanto, a razón de casi dos mil almas por día, nuestros titulados superiores huyen del país en busca de un horizonte donde poder ser lo que son. Y los idiotas, danzando, danzando, danzando. O los malditos. O ambos.
Hace ya demasiado tiempo que aceptaron el poder, se despeñaron por la soberbia y cayeron en la más esperpéntica locura. Esto no hay psiquiatra que lo arregle, seguro. Lo peor es que ni han consumido todo su delirio ni han llegado al final de su poder. Todavía nos queda mucho que reír, y verán como argumentos para hacerlo no nos faltan. ¡Socorro!
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