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Tags: Opinión · The Washington Post Writers Group · E. J. Dionne
A los gobernadores: Responsabilidad es igual a invisibilidad


E. J. Dionne


E. J. Dionne E. J. Dionne
jueves, 3 de marzo de 2011, 09:59
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WASHINGTON - Si quiere ser objeto de la atención nacional como gobernador en los tiempos que corren, no intente ser innovador a la hora de solucionar los problemas por los que salió elegido para abordar -- educación, transporte y salud pública. No, si usted quiere ver correr tinta y tiempo en directo, basta con cortar, cortar y cortar un poco más.

Casi nadie en los medios nacionales destaca a los gobernadores que dicen lo razonable: que los déficit presupuestarios estatales, provocados sobre todo por los descensos acusados de la recaudación durante la crisis económica, no se pueden cerrar a base de recortes o subidas fiscales por sí solas.

No tiene nada de valiente un gobernador ideológico que descuartiza programas que los partidistas de su filosofía, donantes de campaña incluidos, quieren eliminar. Eso es quedarse en territorio seguro.

Los valientes son como Jerry Brown en California, Dan Malloy en Connecticut, Pat Quinn en Illinois, Mark Dayton en Minnesota o Neil Abercrombie de Hawái. Ellos afirman que hay que recortar programas, hasta cuando son del gusto de su propio bando, y subir los impuestos, cosa que no le gusta mucho a nadie. Lincoln Chafee en Rhode Island también ha advertido de posibles subidas tributarias.

En la práctica, en la medida en que Quinn recibe alguna cobertura nacional en prensa, es para ser puesto a caldo en medios conservadores en enero cuando aprobó una subida tributaria que incluye una subida temporal del impuesto sobre la renta a particulares en Illinois del 3% al 5%.

A pesar de toda la conmoción que rodea a la posibilidad de que la administración federal detenga su actividad, el clamor en los estados puede ser aún más importante que lo que sucede en Washington, que se pierde en medio del interrogante fiscal más vital del momento.

Lo que están haciendo los estados para aliviar su angustia fiscal sólo va a moderar nuestra frágil recuperación económica, y podría detenerla por completo. Lo último que nos hace falta ahora son instancias estatales y locales que restan empleo y dinero a la economía, pero eso es lo que se están viendo obligadas a hacer.

Como demuestran los tres últimos informes mensuales de la Oficina de Estadística Laboral, una economía que creó 317.000 puestos de trabajo netos en el sector privado destruyó 70.000 plazas de funcionario estatal y local. Los recortes son el peso muerto de la recuperación.

En un clima político más racional, el Presidente Obama habría resucitado la encantadora vieja idea Republicana del reparto de la recaudación federal. Washington debería haber seguido abasteciendo los presupuestos estatales durante dos ejercicios más, hasta estar seguros de que el chaparrón económico ha escampado. En lugar de eso, cualquier cosa bautizada "estímulo" -- "estímulo" es ya la letra escarlata de la política -- era rechazada de antemano.

El gobierno federal también podría ayudar a los estados haciéndose cargo de una parte mayor de su gasto en el programa Medicaid. A largo plazo, el gasto sanitario debería ser responsabilidad del gobierno nacional -- como pasa en casi todas las demás democracias saneadas. Un compromiso nacional alejaría el fantasma de estados que obligan a sus ciudadanos económicamente en las últimas a hacerse cargo del seguro.

Tales ideas no se contemplan porque la presente indignación no está causada por buscar la forma de hacer que el gobierno funcione mejor -- una causa que en tiempos unía a los gobernadores de los dos partidos -- sino por recortar incluso sus funciones más populares y básicas.

Considere los nuevos presupuestos que anunciaba el Gobernador Scott Walker el martes en Wisconsin. Entre otras cosas, proponía reducir la ayuda estatal a los centros escolares en 834 millones de dólares a los dos próximos años, una reducción del 7,9%.

Para rematar, Walker dificulta que municipios y distritos escolares compensen la reducción limitando su capacidad para recaudar el impuesto de propiedades. No hablamos de la reforma educativa. Hablamos de imponer aulas más grandes, despidos, reducciones de las actividades extraescolares o recortes en las pensiones y los salarios de los profesores. Pero oye, si entra en el capítulo llamado "gobierno", vamos a recortar.

Lo que es verdaderamente sorprendente, como informaba hace poco Stateline.org, es la cifra de gobernadores que bajan los impuestos al tiempo que destripan programas. Un caso particularmente dramático es el del gobernador Republicano de Florida Rick Scott. Se enfrenta a un déficit presupuestario de 3.500 millones de dólares -- y está defendiendo 2.000 millones en bajadas tributarias del impuesto de propiedades y el corporativo.

Históricamente, los momentos de carga fiscal obligaban a los estados a hacer ahorros útiles en programas que no funcionaban o que no eran esenciales. Pero lo que está sucediendo en muchos lugares es una carrera temeraria por destripar zonas de la administración apoyadas por todo el mundo menos los libertarios más radicales -- y que merecen de verdad ser consideradas (vienen a la cabeza la educación y los programas destinados a los menores pobres) inversiones de futuro.

Y aquellos gobernadores que tratan de hacer el trabajo duro de equilibrar recortes presupuestarios con subidas fiscales son ignorados, porque ser responsable no tiene nada de sexy.

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