|
La cosecha de los taytantos magníficos
Ángel Ruiz Cediel
Corría el mes de noviembre de 2010 cuando publiqué al artículo “Los taytantos magníficos”, con ocasión de la reunión en La Moncloa de los mandamases de las principales empresas españolas. Desde aquel día hasta hoy, bien puede apreciarse el resultado real de aquella reunión, y cómo desde aquella fecha hasta hoy uno a uno han ido obteniendo pingües rentabilidades de su apoyo al Gobierno. No; no ha disminuido el desempleo ni ha mejorado la economía, ha desaparecido la corrupción o se ha distendido la enorme crispación que nos divide, pero han subido casi todos los precios al tiempo que multiplicaban los beneficios de estas empresas, la práctica totalidad de los participantes ha obtenido ventajas onerosas para un país en crisis y entretanto los hay que parece que no, con lo de la Nueva Rumasa va a ser que sí.
Reunión de pastores, lo nombre, y añadí aquello de “cuando los pastores se comen al rebaño”. Tal cual: ahí están los hechos. ¿Apoyo de los grandes tiburones al Gobierno para salir de la crisis?...: pues no, todo parece indicar que de eso nada, sino, más bien, tomar posiciones de reparto antes de que se acabe el festín, que ya no queda mucho. La electricidad ha subido por encima del sentido común (lo cual no es difícil), además que se está dando luz verde a unas nucleares que son contrarias a la vida en el planeta, a la salud colectiva y al interés ciudadano –pan para hoy y Chernóbil para mañana, ya saben-; ha subido el gas de forma absolutamente injustificada, siendo hoy notablemente más cara que cuando en origen el gas costaba un riñón; también lo han hecho los combustibles fósiles, a la vez que las petroleras confiesan haber multiplicado por tres sus beneficios, sencillamente porque hoy cuesta un litro de cualquier gasolina o gasóleo casi el doble que cuando el barril estaba casi a 200 dólares; las ayudas a la banca han redundado en el reparto de primas y comisiones por parte de quienes pusieron a esa misma banca contra las cuerdas de la insolvencia; y así con todo. Los que faltan, que son pocos, ya digo que están afilándose los dientes porque, entre las leyes éstas de incoherencia competitiva por hacerse con un puesto en la parrilla de salida de la sucesión de nuestro infausto presidente –tener hijos es fascista, por ejemplo; reducir la velocidad a 110 km/h en autopistas ahorra combustible, verbigracia; o limitar la velocidad a 30 km/h en ciertas partes de los cascos urbanos, sin ir más lejos-, está su premio participativo… y quién sabe si la dorada jubilación de algunos cargos políticos que, si no media milagro de san Stalin, no pocos de los actuales de ellos van a quedar a real y media manta.
La cosecha está siendo espléndida, y aún el Gobierno, antes de despedirse, es posible que les regale una traca de despedida no sólo con la cosa ésa de Estado que es el matarile en ciernes a Nueva Rumasa, sino también con nuevas y enjundiosas ayudas a la banca, algunas obras desquiciadas, la privatización de servicios públicos como los bomberos –en la cosa forestal ya están privatizados-, la recaudación de multas y la recolocación de señales de tráfico para poner en planta esas leyes de nuevo cuño tan racionales que se han sacado de la manga. Y ninguno de ellos, que nadie lo dude, son asuntos menores. Por ejemplo, los inmovilizados de la banca en la cosa de los pisos expropiados y todo eso, nada más que son medio billón de eurillos de nada, el agujero que tienen supera por diez los 20000 millones publicitados, las marcas que le van quitar a Nueva Rumasa no son precisamente un asunto baladí y lo de la aplicación de todas esas leyes desquiciadas, digan lo que digan, van a generar espléndidos beneficios. Podríamos hablar también de otros negocios que van a recibir un respetable esfuerzo gubernativo, pero quiero dejar algo en el tintero para que cada cual saque sus propias conclusiones y no dárselo todo masticado.
A buen entendedor… ya se sabe. Naturalmente, hay un respaldo unánime por parte de los medios y opinadores a sueldo del partido que rompe, por más que estos mismos personajillos ayer sostuvieran precisamente lo contrario. Evolución, lo llaman, que además va muy acorde con la evolución transmigratoria del Gobierno. Los negocios son los negocios, en fin, y la supervivencia es lo primero.
|