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Juan Iturbe, el hijo futbolista de Gadafi y los hijos de Lugo

Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
viernes, 25 de febrero de 2011, 08:10 h (CET)
Dijo William Shankly que mucha gente piensa que el fútbol es un juego a vida o muerte, pero es mucho más importante que eso. La actitud de ciertos líderes políticos parecería confirmar la afirmación.

Cuando el cura presidente de Paraguay Fernando Lugo anunció que invitó al nuevo astro del fútbol Juan Manuel Iturbe, muchos bromearon en Internet que lo hacía para contarle que en realidad es su verdadero padre, en alusión a las demandas por paternidad irresponsable, que han sido tan frecuentes como las de incapacidad y corrupción.

Muchos creyeron que tal vez el carisma y la encantandora sonrisa de Lugo podrían persuadir a la joven estrella del balompié de olvidar las vejaciones, maltratos y humillaciones que lo llevaron a optar por la nacionalidad argentina, a pesar de su origen paraguayo, pero se equivocaron.

Advertía el poeta del fútbol Ror Wolf que “el próximo partido es siempre el más difícil”, y la derrota de Lugo en su juego con Iturbe lo demostró.

El joven delantero argentino insistió hoy en que no se echará atrás y no volverá jugar con la selección paraguaya de fútbol tras defender la casaca "albiceleste" en el reciente campeonato sudamericano sub'20 que se disputó en Perú, y es un ejemplo más de la poca ascendencia moral del cura Fernando Lugo y de la devaluada cotización de la nacionalidad paraguaya.

Cuando las personas no aprenden las herramientas de juicio y se limitan a seguir sus esperanzas, las semillas de la manipulación política se siembran, decía Stephen Jay Gould, y el recurrente recurso del cholulaje futbolero al cual apela Lugo con desmedida frecuencia lo demuestra. De todas maneras no es un recurso nuevo de los políticos en aprietos, lo hicieron mucho tiempo antes otros gobernantes arbitrarios y usurpadores empedernidos de la representatividad popular, desde Benito Mussolini a Videla.

“¿Qué significa un muerto en una obra de Shakespeare en comparación con el decisivo gol de cabeza en el minuto 92?” declaró en una oportunidad el periodista cultural Helmut Bottinger para justificar su entusiasmo por el fútbol. En el caso del mundial de Argentina en 1978, podría decirse que definitivamente, los muertos no contaban para nada.

Cuando el crítico literario Karl Heins Bohrer vio incursionar al genial Gunter Netzer en 1972 en el estado de Wembley, lo recordó como “perdido en la profundidad del espacio”. ¿Por qué no pueden permanecer libres de fútbol por lo menos las páginas culturales?” Se preguntó Coulmas en un periódico alemán.

Evidentemente, en vano advirtió hace noventa años el poeta Joachim Ringelnatz sobre la “locura del fútbol”.

HIJOS FUTBOLISTAS
Dijo José Luis Coll que un país habrá llegado al máximo de civismo cuando los partidos de fútbol puedan jugarse sin árbitros, y ese momento, evidentemente, aún no llegó para Libia.

El 14 de julio de 1996, durante un partido de fútbol en Trípoli, se suscitó un hecho de violencia que desembocó en sangrientos disturbios. Uno de los equipos contendores contaba en sus filas con el tercero de los hijos de Gadafi, Al Saadi, frustrada estrella de fútbol del Peruggia en el Calcio italiano.

Hacia el final del partido, el equipo de Al Saadi anotó un gol muy dudoso y el árbitro, intimidado por el hijo del jefe de estado libio, lo dio por válido. Eso desató invasión de campo y cánticos en contra del régimen y se originó una batalla campal con el trágico desenlace de 50 muertos. El gobierno de Gadafi se vio obligado a suspender el torneo por 40 días. Muchos consideran que esa fue la primera muestra de disidencia en la capital libia, hoy sacudida por las protestas opositoras.

Ya lo advertía Jean Paul Sartre, en el fútbol todo se complica por la presencia del equipo adversario. El laureado filósofo francés también advertía en su crítica de la razón dialéctica que cuando un guardameta evitaba varias veces la caída de su equipo con acciones individuales, se extralimitaba en su poder en una práctica creativa.

A principios del año 2009 Boca Juniors cayó ante San Lorenzo por tres a cero, con un desempeño aplastante del equipo de Boedo. En celebración, la hinchada de los santos salió a reivindicar su proverbial "paternidad" sobre Boca. "Tranquilo, Lugo... Estos son hijos nuestros", afirmaba el afiche publicado por entonces en el sitio Mundo Azulgrana., en el cual resaltaban jugadores paraguayos que por entonces defendían la casaca de Boca: (http://www.perfil.com/contenidos/2009/12/01/noticia_0020.html).

La broma, obviamente, parodiaba al presidente Fernando Lugo, quien deshonró la investidura presidencial de su país envolviéndose en varios escándalos por sus hijos no reconocidos, algunos de ellos nacidos cuando se desempeñaba como obispo.

“Menos creíbles que Lugo” tituló por la misma época el portal del equipo de River Plate de Buenos Aires al desempeño de sus jugadores, que cayeron entonces ante Nacional de Asunción y quedaron eliminados así de la Copa Libertadores de América : (http://www.riverplate.com/Noticias/futbol-profesional/3218-menos-creibles-que-lugo.html).

Tal vez la escasa credibilidad del cura con hijos, bien conocida por estos hinchas de fútbol, haya jugado un papel preponderante en la negativa del estelar Iturbe ante los requerimientos de volver a vestir los colores de Paraguay.

Episodios como estos ayudan a comprender porqué Albert Camus llegó a afirmar que todo cuanto sabía con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debía al fútbol.

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