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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

ZP y su optimismo antropológico

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 24 de febrero de 2011, 07:56 h (CET)
“Lo que sembramos hoy, y cuesta, es la prosperidad de mañana”, esta fue la frase lapidaria y, evidentemente, mitinera que el señor Presidente del gobierno dejó caer en su primer acto electoral, celebrado en Oviedo, ante una discreta audiencia de 2.000 simpatizantes. Es obvio que, nuestro Rodríguez Zapatero, puede ser un mal gobernante; puede haber cometido un error detrás de otro: puede haber llevado a España a una de las peores situaciones en las que se ha encontrado desde el advenimiento de la democracia; puede haber contribuido, con sus equivocadas relaciones internacionales, a situar a nuestra nación a la cola de todas las europeas y, sin duda, ha sido el verdadero artífice de que tengamos la más elevada cuota de desempleo de toda la UE y de la mayor parte de las naciones de todo el mundo occidental.; sin embargo, hay que reconocerle que tiene una moral y una resistencia al desánimo que se puede comparar con la del santo Job, claro que: en laico. Y me atrevo a decir que, el señor ZP, es incansable en la defensa de sus empeños e inquebrantable ante el abatimiento y la desmoralización, cuando, después de casi tres años de tropezar, una y otra vez, en todos los planes que hay ido poniendo en práctica ( creo que ya andamos por el F) para intentar mantener su política de desarrollo social y de pleno empleo y, a la vez, buscarle una salida a la grave crisis económica y financiera a la que ha contribuido a llevar a España; todavía tiene la osadía de decirles a los seguidores que le quedan que lo que, en realidad, ha venido intentando durante estos años ha sido sembrar para la prosperidad de mañana.

No puedo evitar, como simple hombre de la calle, hacer un pequeño comentario que estoy seguro que va a ser compartido por muchas personas que, sin duda, piensan lo mismo: Si se nos dice que, desde el principio de la crisis, ha estado sembrando para que en el futuro ( largo me lo fiáis) tengamos prosperidad, ¿ cómo es posible que, el mes de mayo pasado, España haya estado a un tris de tener que declarase en quiebra soberana, cuando era incapaz de renovar los vencimientos de la deuda pública? Es evidente que, como le sucedió al personaje de la parábola del sembrador de los Evangelios, la simiente que ha venido sembrando nuestro presidente ha caído en lugar equivocado ya que no a fructificado y se ha perdido en el erial. Tuvo que venir Bruselas y el señor Obama para que el señor ZP tuviera que darle la vuelta a los bueyes y el arado para cavar los surcos en dirección contraria a la que lo había hecho durante el tiempo anterior. Y, siendo así, como es posible que nos venga a intentar engañar, una vez más, atribuyéndose unos méritos de los que no sólo carece sino que, en todo caso, se deberán a las imposiciones de la UE y los EE.UU, que le han hecho rectificar su evidente error de enfoque de cómo se debería haber enfrentado a la crisis.

Lo cierto es que no puedo evitar establecer un paralelismo con lo que está sucediendo en los EE.UU del señor Obama. Nunca he tenido simpatía por estos políticos que se basan en la demagogia y no en una idea pragmática y posibilista de la situación de la nación que pretenden gobernar. Resulta sumamente fácil y rentable políticamente, el aprovecharse de la pobreza de la gente, el prometer utopías, el utilizar con habilidad las cuestiones raciales o religiosas y el criticar a la actuación gubernamental, cuando se está en la oposición y se quiere sacar provecho electoral de las dificultades que, todo gobierno, tiene para superar situaciones extremas; aunque nadie le pueda achacar negligencia o falta de previsión en las medidas, a veces poco populares, que ha estado obligado a tomar. Siempre he tenido la sensación de que, si se hubiera dejado que cayeran varias empresas, como se hizo en el caso de Leman Brothers, y se hubiera permitido que las leyes económicas y el libre desarrollo del mercado hubieran puesto las cosas en su sitio, es muy probable que esta catástrofe mundial, que ha seguido al desplome de las sub-primes, no se hubiera producido o, al menos, los efectos hubieran sido menores. El señor Obama, como Zapatero, no estaba preparado para superar la hecatombe económica que se le vino encima; no supo compaginar las medidas sociales que había prometido a sus electores, con una situación económica que hacía imposible su cumplimiento. En lugar de bajar impuestos, ampliar créditos a las empresas y recortar el peso del Estado y las instituciones públicas, se fió de sus asesores y puso en marcha una gigantesca operación de rescate de los bancos, que ha aumentado el endeudamiento público hasta cotas que se están haciendo insostenibles. En primer lugar, se calcula que un 60% de esta deuda externa lo tiene acaparado una nación emergente, la China, que, a la vez, se ha convertido en el mayor competidor de los EE.UU. en exportaciones. El gasto del gobierno federal ha subido de forma exponencial, tanto que ha aumentado 18 veces sobre el de 1970; no obstante, el señor Obama, todavía quiere incrementarlo hasta los 5´5 billones de dólares para el 2021; la deuda nacional ha sobrepasado ya los 14 billones de dólares (14 veces por encima de la de 1980) y sus intereses amenazan con comerse cualquier crecimiento del PIB; las deudas de las unidades familiares, tristemente, ha crecido a un ritmo semejante al de las finanzas públicas, alcanzando los 14 billones de dólares y, la deuda total del país, supera los 50 billones de dólares, el equivalente a 3’6 veces el PIB americano. El desempleo, aunque no llega a la mitad del español y su duración media no pasa de las 20 semanas, alcanza cotas inimaginables para aquel país.

Comparen la trayectoria de nuestro país que, a diferencia del americano, no tiene la posibilidad de la FED de fabricar dinero virtual (que, si bien devalúa al dólar, favorece a sus exportaciones).Aquí, el Gobierno se conforma con poder colocar su deuda, aunque sea a intereses superiores a los normales y con una garantía que sobrepasa los 200 puntos básicos sobre el bono alemán. Con ello, lo único que estamos consiguiendo es lanzarnos a una huída hacia delante, que consiste en trasladarles a nuestros nietos los efectos de nuestra política económica y de nuestros despilfarros, para salvar a las entidades financieras, responsables del inicio de la recesión española. Aumenta el IPC y, no obstante, la demanda no mejora lo suficiente para que nuestra economía recobre sus ritmo de producción, ahora en mínimos, debido a la falta de financiación y de créditos. El tema de las pensiones y la reforma llevada a cabo puede ser un alivio para la tesorería del Estado, a partir de que surtan efecto las medidas que, como pronto, va a ser por el 2027; pero, en nada ayudan a los autónomos, a las pequeñas y medianas empresas o a la industrias que han tenido que recortar su plantillas, que no han podido hacer las inversiones precisas para ser competitivas y sin que, el problema de la baja productividad, haya quedado solucionado al quedar encallado entre la oposición de los Sindicatos y la pazguatería de la patronal CEOE, que es incapaz de imponer el sentido común y sólo se aplica a apaciguar al gobierno y a sus satélites los sindicalistas.

Sí, señor Zapatero, puede que usted haya sembrado, pero no buen trigo, no señor, lo que usted ha venido sembrando, desde su ascenso al poder, ha sido cizaña entre los españoles, odio de clases, rencores guerra civilistas y, por si fuera poco, ha aprobado dos leyes, la del aborto y la de la Memoria Histórica, por las que, la primera, va a contribuir a que las estadísticas de nacimientos sean aún peores que la actual (1’3 hijos por pareja) y, la segunda, a que las próximas generaciones se conviertan a unos analfabetos de la verdadera Historia engañados por sus “sabios” de pacotilla, sectarios y vendidos al poder. Y es que, señores, como decía Terencio: “una mentira abre el camino a otra”.

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