Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Libertad o negocio

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 23 de febrero de 2011, 08:11 h (CET)
Uno no puede evitar cierta romántica emoción cuando contempla la lucha de un pueblo por sacudirse el yugo de la opresión, restañando su escasa fe en algunos valores de esta jauría humana tan dada a depredar a sus semejantes. Primero, fue el Túnez de ese Ben Alí miembro de la Internacional Socialista, el que nos mostró cómo había convertido a su país en un cortijo propio y a los tunecinos en una recua de esclavos de sus intereses; luego, ha sido el Egipto de Mubarak, también miembro de la Internacional Socialista, el que ha caído a precio de sangre, si bien en este caso su Ejército, tal vez sin que sirva de precedente, se ha mantenido neutral y se ha negado a atacar a su pueblo; y ahora, les ha llegado el turno a la Libia de Gadafi y al Bahréin del rey Hamad, dos dementes que no han dudado ni un solo instante en lanzar lo más granado de sus ejércitos contra el pueblo desarmado, produciendo matanzas que caen de lleno en el genocidio.

El mundo da la impresión de que está tratando de vacunarse contra la peste de estos dictadorzuelos sangrientos que usan sus países para enriquecerse, sin preocuparles en lo más mínimo que los habitantes de sus países padezcan o mueran. Sólo se importan a sí mismos, su impunidad, sus vidas exageradas y su vivir como sátrapas a costa de lo que sea y de quien sea. Hay quien apunta a que estas mentalidades son medievales, y se equivocan, porque cualquier versado en Historia sabe que los derechos ciudadanos en la Edad Media, en cualquier país, circunstancia y aspecto, estaban muy por encima de lo que hoy se aplica en la mayoría de los países, incluido Occidente. Valga como ejemplo, sin ir más lejos, que no se pagaban impuestos superiores al diezmo, pongo por caso, o que las conquistas solían hacerse por el quinto. Hollywood ha pervertido la base histórica de los pueblos, sentando como ciertos exagerados sofismas, porque los guionistas suelen ser asnos sin formación alguna más allá de ofrecer un espectáculo sin rigor, promoviendo los instintos y emociones más bajos de los potenciales espectadores.

Todos estos dementes que hoy ensangrientan el mundo islámico no han llegado adonde están por una evolución histórica más o menos propia de sus países, sino porque otro demente, EEUU, con el apoyo, consentimiento o connivencia de Europa, los han impuesto. Al Imperio siempre le han venido bien los dictadores, y ha ido colocándolos a lo largo de su historia en los países que ha ido conquistando, siendo innecesario así movilizar ejércitos que no tenía. Es a través de estos dictadorzuelos sin escrúpulos, como se hizo con Latinoamérica, desde el Cono Sur hasta México, como dominó todo el Norte de África, desde Marruecos a Paquistán, y como ha controlado y dominado el África profunda, desde Sudáfrica a Libia. El juego de apoyar a los dictadores y tener el as en la manga de los opositores a esos dictadores no sólo les ha permitido controlar la evolución histórica de todas estas naciones, sino también promover oportunamente cambios o guerras que le permitieran seguir haciéndolo sin parecer que lo hicieran, además, claro está, de producir cada tanto algunas rebeldías que procuraran su buen rendimiento a su industria armamentística, verdadera base su economía. Por otra parte, al controlarlos de esta manera no sólo hacían frente y frenaban la expansión de sus enemigos naturales –Rusia y China-, sino que sus multinacionales controlaban el mercado internacional de materias primas, desde el petróleo a las tierras raras tan fundamentales para la electrónica o la informática. Dominio, en fin, sobre vidas, almas y materias primas: poder y dinero.

A quien está enamorado de la libertad y sabe el peso de ésta en la evolución del alma humana, como es mi caso, y sabe que es por ella por esta causa por la que las almas encarnan, nada hay que le produzca mayor satisfacción que presenciar cómo las personas de la calle, los hombres comunes, son capaces de tomar las riendas de su propio destino y deshacer los infectos tumores que Occidente y EEUU han impuesto en todos estos países. Sin embargo, ¿verdaderamente lo están haciendo… o quizás están siendo manejados?... He aquí la duda más siniestra. Fueron los argentinos quienes, manipulados por actos de falsas banderas quienes pidieron la intervención del ejército en tiempos de Isabelita, los chilenos los que aplaudieron el golpe de Pinochet y los naturales de cada país de Latinoamérica quienes respaldaron sus dictaduras respectivas, desde Hugo Banzer a Stroëssner; pero también fueron esos mismos pueblos, apoyados por falsas banderas ahora de sentido contrario que también flameaba el mismo Imperio, los que derrocaron por activa o por pasiva a sus dictadores y reimplantaron la democracia: en ambos casos ganó el Imperio y Europa respiró tranquila. Negocios globales cuya trama escapa al común de los economistas, pero que ha sido promovido por medios que son ajenos a la práctica habitual de hacer negocios, pero siendo, en realidad, los más enjundiosos negocios. Es lo mismo que ha pasado con las pandemias inventadas y con las crisis mundiales que no han existido, en las cuales se han movido fortunas que sencillamente no podrían mover jamás negocios ortodoxos. Una nueva forma, en fin, de hacer negocios globales.

En estas rebeldías del Islam que estos días chorrean más tinta que petróleo, lo que subyace en el fondo del asunto es precisamente lo segundo. Todo, lamentablemente, me hace pensar nuevamente en una acción de negocio global promovido con falsas banderas de libertades que no lo serán o de acciones populares que no son en absoluto espontáneas. Si ustedes leen “Tetragrammaton”, mi novela, comprenderán cómo hay relojeros de un Poder Negro especializados en poner en marcha o detener los relojes de la Historia.

Ojalá me equivoque, pero me temo que bajo esta cubierta romántica de David que trata de derrotar al sátrapa Goliat, hay una encarnizada lucha por el petróleo. El gas, el cobre y el petróleo de Latinoamérica, ya es Imperial (a pesar de Chávez), y la riqueza que caracteriza a estos países que ahora están en vías de transformación, son el petróleo y las tierras raras, unos bienes más que escasos que determinarán quién será la potencia del siglo XXI y acaso de los siguientes. Demasiados intereses estratégicos se están poniendo en juego como para creer que una red social de Internet puede dar la vuelta a la tortilla y que los tiburones más sangrientos del mundo, ya sea en esos países, en el Pentágono o en la Casa Blanca, son inocentes como mamones. Aquí hay busilis, seguro. Tal vez sea que el conocimiento de Historia me ha convertido en un escéptico, pero dudo mucho que todos esos desalmados den una puntada sin hilo. Esperen y vean.

Noticias relacionadas

Un tejido de hábitos transformadores

No menos trascendentales han de ser nuestras propias transformaciones interiores

Opus Dei: Comentario crítico a una carta (XV)

Hay que liberar a los miembros del Opus Dei de la funesta manía de pensar

Un salabre oxidado

Un relato estival de Francisco Castro Guerra

Te invito a un Cat Café en A Coruña

Ya podía nuestra sociedad darse más cuenta de que son seres vivos

Respetar la verdad y la autoridad en la materia

Artículo de Carmen de Soto Díez, Consultora de comunicación
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris