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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Carmen Chacón, la dama tapada?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 23 de febrero de 2011, 08:07 h (CET)
En la república ecuatoriana existe una leyenda que habla de una Dama Tapada, una joven que se aparecía cerca de la medianoche a personas que frecuentaban parajes no muy concurridos. Esta joven se presentaba vistiendo un elegante vestido de la época, con sombrilla y el rostro cubierto por un velo que impedía que la reconocieran.

Cuando se le acercaba sus víctimas quedaban embriagadas por un aroma muy agradable que las atraía a su lado, aunque ella evitaba que se le acercaran demasiado, manteniéndolas a una cierta distancia. Cuando los había alejado lo suficiente de la ciudad, permitía que sus seguidores se le acercaran y le levantaran el velo. Lo que se descubría detrás de él era el rostro espantoso, pestilente y nauseabundo de un cadáver en proceso de putrefacción, que hacía que la mayoría de las víctimas murieran, ya por el susto ya por la pestilente fragancia que emanaba aquel espectro, de ojos como bolas de fuego.

Esta ha sido la historia que me ha venido a la memoria cuando nuestra ministra de Defensa, señora Carme Chacón, ha salido de su mutismo, de su voluntario retiro tras el backstage de la arena política; donde ha procurado resguardarse, tanto como le ha sido posible, mientras el resto del Ejecutivo se iba desgastando, a medida que la crisis ha ido poniendo en cuestión su capacidad para gobernar esta nación. La señora Chacón no ha sido una buena ministra de Defensa ni, seguramente, el señor Rodríguez Zapatero nunca ha tenido intención de que lo fuera, le bastaba, simplemente, que mantuviera al Ejército apaciguado, que eliminase la anterior cúpula militar y la sustituyera por una que simpatizara con los socialistas y que se prestara a hacer el papel de ONG; con el fin de convertir a nuestras fuerzas armadas en un cuerpo de ejército dócil al Gobierno, que no creara problemas y que se sometiera, con facilidad, a los proyectos de ZP de convertir a España en un país federal o, incluso, si se terciaba, que se les concediera un autogobierno o la categoría de país asociado, a autonomías nacionalistas como el País Vasco o Catalunya. La ministra no ha conseguido sintonizar ni con el ambiente castrense ni con los militares pero, sin duda, ha impuesto su impronta antimilitarista en lo que ha sido su gestión. Evidentemente que, el Ejército que recibió la señora ministra, no tiene nada que ver con este que ha domesticado a base de irles recortando las alas a los más díscolos y de premiar a los más complacientes con su política.

Ha tenido tropiezos pero, seguramente, el que más la ha puesto en cuestión ante los militares, al menos ante los suboficiales –que se quejan de que se cercenen sus derechos de expresión, manifestación y reunión –. Claro que, si uno quiere democratizar mucho al Ejército, si quiere que los mandos no gocen de excesiva autoridad y se fomenta la crítica de las órdenes superiores; no es raro que los beneficiados se quieran tomar parte del brazo que les concede tales privilegios. Por fin la ministra ha tenido un gesto de honradez, ha dejado traslucir parte de los planes socialistas respecto a las fuerzas armadas, se ha quitado la careta y ha surgido la pestilencia de los proyectos de convertir al Ejército en algo manejable, sumiso y dócil a las órdenes del Ejecutivo. Sí señores, la señora Carme Chacón ha confesado que “Tenemos el Ejército que Azaña soñó hace 80 años”. Seguramente la señora Chacón se referirá al mismo señor Azaña que, durante su etapa de ministro de la Guerra, decidió como ella, reducir el poder de esta omnipotente institución. Porque Azaña, refiriéndose a las fuerzas armadas, empleó frases tan lapidarias como que: “trituraría a los enemigos de la República” (H. Thomas, La Guerra Civil Española), abolió la Ley de Jurisdicciones y también abolió el Tribunal Supremo del Ejército y de la Armada y transfirió sus atribuciones a los tribunales ordinarios. Retiró a varios oficiales para reducir el tamaño del Ejército y anuló los ascensos por méritos de campaña (seguramente pensando en la meteórica carrera del general Franco) y, para rematar lo que el consideraba que debía ser el ejército español, suprimió la jura de la bandera lo que sentó fatal al ejército. En fin que, si nos atenemos a lo que la ministra ha expresado es posible que, lo que de verdad hubiera soñado el señor Azaña hubiera sido que, España, no tuviera ejército alguno. El resultado de las reformas del señor Azaña, no obstante, no consiguieron reducir el presupuesto militar, no mejoró la instrucción y se descuidó la preparación para el combate (de ahí la diferencia de la preparación y disciplina de las fuerzas nacionales ante la evidente falta de disciplina y escasa preparación republicana, como se demostró en el resultado de las batallas entre ambas facciones del ejército)

Pero, como ya comentamos en otros artículos, no es cierto que el sustituto indiscutible del señor Rodríguez Zapatero, en el caso, aún está por ver, de que renuncie a presentarse como candidato a la presidencia del Gobierno en el año 2012, sea el señor Alfredo Pérez Rubalcaba, a pesar de que ya se da por descontado que será él. Cabría la posibilidad de que se le haya asignado la función de intentar desarbolar al PP; de segarle la hierba debajo de los pies al señor Rajoy y ocuparse de hacer todo el trabajo sucio de ir destapando cuantos inmundicias pueda desenterrar entre las filas populares; pero el señor Rubalcaba no está libre de culpa, no es la persona impoluta y libre de antecedentes que se pueda presentar como ejemplo de honestidad política, de la integridad de sus procedimientos y de la limpieza de sus actuaciones, como ocurrió en su papel destacado en la negociación secreta con la banda terrorista ETA o con el reciente Faisán. La señora Carme Chacón ha dejado claro, para quien quisiera escucharla, que “España está preparada para una presidenta catalana”, más claro imposible. ¿Ha sido un aviso para navegantes?, ¿Se le ha escapado sin querer? O, y esta es la mejor hipótesis, ha decidido destaparse para advertir que no está dispuesta a dejarse pisar y si el señor ZP renuncia a presentarse para los próximas legislativa. Ella se cree suficientemente preparada para plantar cara al más valiente que quiera enfrentarse a ella. Ahora faltaría ver si, en realidad, lo está.

Lo que sucede es que, una cosa es postularse ante sus competidores socialistas y otra muy distinta es que, como dice la ministra, España esté preparada para una presidenta catalana. No dudo de que, en Catalunya, tuviera un apoyo masivo ni que, con cierta habilidad y concertando acuerdos, también lograra la complicidad del País Vasco y los etarras; sin embargo, otra cosa es que en el resto de autonomías fuera bien recibida; la posibilidad de que, después del ejemplo que ha dado la autonomía catalana; de la asimetría con la que ha sido tratada por el gobierno socialista; de las declaraciones del señor Más, respecto a sus intenciones futuras de seguir reclamando la independencia y de la forma que, en la comunidad catalana, se ha venido tratando el idioma español, impidiendo que sea usado en el suelo catalán a pesar de la sentencia del Tribunal Supremo al respecto. Aún, en el improbable caso de que los socialistas logren recortar distancias con el Partido Popular de aquí al mes de marzo del próximo año, es muy probable que no se quisieran arriesgar a poner de aspirante a la jefatura del Ejecutivo a una catalana, antimilitarista, y con antecedentes separatistas. Sería demasiado temerario, aún con la posibilidad de contar con el voto feminista, máxime, cuando existiera la posibilidad de que los barones socialistas, que también tienen sus aspiraciones secretas, se opusieran a su candidatura. Señores como el mismo Rubalcaba, Bono o, si mucho me apuran, el propio Blanco, no es probable que se apartaran voluntariamente para dejarle el paso a esta leona catalana. O esto es lo que opino yo.

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