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Las sombras del 23-F
Mario López
Mucho se ha hablado del 23-F. Últimamente, en la rueda de entrevistas a celebridades, ya van cobrando protagonismo personas que pertenecen a otras generaciones que, por su edad, o no vivieron o vivieron muy de lejos aquellos acontecimientos y nos devuelven, a los que sí lo hicimos, una extraña sensación de irrealidad.
Yo pertenezco a la generación de, por así decirlo, los hermanos pequeños de los protagonistas. Unos estaban iniciándose en la vida laboral y otros, como yo mismo, estábamos prestando el servicio militar obligatorio. El que no lo haya vivido, no se puede imaginar por lo que pasamos los que estuvimos en el cuartel, de retén, durmiendo con las botas puestas y armados hasta los dientes, en el dilema de no saber si se nos iban a mandar a cargar contra nuestros paisanos o la propia tropa nos volveríamos en armas contra nuestros jefes.
Después, todo pasó y nadie se acordó de los pobres reclutas que padecimos el golpe en los cuarteles. Como tampoco ningún periodista se ha interesado o ha tenido el suficiente valor para investigar los acontecimientos que se sucedieron por todo lo ancho y largo de nuestra geografía, durante aquellas aterradoras horas.
Muchos sabemos de fascistas que ya habían elaborado sus listas para dar el paseo a los demócratas de su pueblo, con la misma determinación que lo hicieron sus abuelos en el 36. Son muchas las sombras del 23-F que aún quedan, a pesar de los libros que, como "Anatomía de un instante" de Javier Cercas, se han publicado para apenas contar lo que ya sabíamos muchos casi antes de que Tejero tomara el Parlamento. Aún les queda a las generaciones venideras darnos ese homenaje a los que padecimos el golpe en primera línea de fuego; silencioso fuego.
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