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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
Borrachera de poder


Octavi Pereña i Cortina


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 23 de febrero de 2011, 08:48
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Una palabra griega que se ha recuperado gracias al Dr. David Owen que además de neurólogo también fue ministro de asuntos exteriores británico es hybris, que se usaba para definir al héroe que conquista la gloria y que encendido de poder y extasiado empieza a comportarse como un dios, capaz de cualquier cosa. Una de las características de los ebrios de poder es que dejan de escuchar, toman decisiones por su cuenta porque consideran que únicamente sus ideas son las correctas. Al final, cuando queda demostrado que eran erróneas, jamás reconocen su equivocación. Siguen pensando que poseen la verdad.

La democracia permite que personas desconocidas alcancen la cima del poder. Al principio de disfrutarlo se comportan razonablemente bien. Poco a poco el vino se les sube a la cabeza. Una pléyade de aduladores que les rodean comienzan a enaltecerlos, alabando su valía. Si al principio tenían alguna duda de su capacidad, ahora no lo dudan. Si no fuese por ellos la empresa, el país, todo se desmoronaría. Se convierten en infalibles e insustituibles. Quienes no asuman sus fantasiosas ideas se convierten en enemigos y son borrados de la foto de familia. Olvidan que quien bien te quiere te hace llorar.

Se debate si el ’síndrome hybris’ es una enfermedad o no. Si se llega a la conclusión de que es una enfermedad clínica, quienes la sufren no son responsables de sus actos. Son enfermos que deben tratarse con terapias sicológicas y farmacéuticas, que por cierto no dan los resultados esperados. El endiosamiento sigue haciendo estragos. ¡Ah! Si hybris es una enfermedad espiritual, la cosa es distinta, también se precisa diagnosticarla para aplicarle la medicina conveniente para curarla.

Los investigadores que analizan el comportamiento humano pueden encontrar anomalías cerebrales debido a los efectos sicosomáticos. Las alteraciones cerebrales no provocan hybris, borrachera de poder, sino que la psique enferma afecta al cerebro, por medio del cual el alma se comunica con el mundo exterior. La investigación científica del comportamiento humano se queda corta en sus resultados: detecta los efectos pero no la causa que los provocan.

Quienes padecen hybris se comportan como dioses. Están por encima del resto de los mortales. No necesitan consejeros sabios. Debido a ello, las decisiones que tomas frecuentemente son erróneas y perjudican a mucha gente. Es por ello que el libros de Proverbios que es un compendio de sabiduría práctica dice: “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo, pero en la multitud de consejeros hay seguridad” (11:14). Cuando la Biblia se refiere a consejeros no se refiere a los aduladores que medran alrededor de los ‘héroes’ como las moscas con la miel. No. Se refiere a personas sabias a las que no les da miedo perder su cargo de consejeros por desempeñarlo bien. A los ebrios de poder no les gusta que este tipo de consejeros estén a su lado porque les molestan. Quieren aduladores que los pongan a lo alto de un pedestal de donde caerán estrepitosamente si previamente no rectifican.

Hybris es el orgullo que altera el funcionamiento de las neuronas. Si se cura esta actitud, excepto en el caso de que se hayan producido daños cerebrales irreparables, las neuronas recuperan su normal funcionamiento y desaparecerá el comportarse como héroes que ebrios de poder se comportan como si fuesen dioses. Tratemos el orgullo. Este mal funcionamiento del alma aparece al inicio de la Historia cuando Lamec, nieto de Caín dijo: “Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será” (Génesis 4:24). El espíritu de Lamec hizo aparecer a “los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre” (Génesis 6:4) que provocaron el Diluvio que acabó con toda la población excepto Noé y su familia.

El espíritu de Lamec que conduce a la destrucción ha persistido a lo largo de los siglos produciendo los sangrantes episodios que llenan las páginas de la Historia y que ha perdurado hasta nuestros días, produciendo a los “varones de renombre” de la política, la economía, la religión, los señores de la guerra que nos han llevado a la grave crisis global que tanta miseria produce. Debemos sustituir Lamec y su comportarse como hybris y sustituirlo por Jesús que siendo “manso y humilde de corazón” produce efectos opuestos en quienes cree en Él. Lamec destruye, Jesús edifica.

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