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Etiquetas:   Artículo taurino  

Rafeal Moneo, arquitecto del toreo

Ignacio Cossío
Ignacio de Cossío
martes, 22 de febrero de 2011, 08:18 h (CET)
Al fin un arquitecto para levantar al toreo de sus cenizas. Pronto volverá la vieja fiesta a vestirse de luces y capiteles en el anfiteatro maestrante. De ahí que nos llegue desde Tudela, como agua de mayo, la Mérida romana, la Semana Grande de Bilbao y la Feria del Toro de Pamplona personalizada en un gigante de la luz enamorado de la fiesta para dar lujo y esplendor a nuestra historia y lo que es más importante a nuestro porvenir.

Rafael Moneo habla con sus edificios y los hace andar solos, volar y saltar templando lo clásico con lo moderno, en ese equilibrio temporal que bien conoce su torero Alejandro Talavante. En el cartel del cincuenta aniversario de las Fiestas de San Fermín lo dijo bien alto que no se entendería el protagonismo del toro si no es sumándole quienes corren con él delante. Todos somos protagonistas pero pocos conocen su lenguaje, su idioma, su mirada.

Los arquitectos juegan diariamente con esa geometría viva y tan llena de urgencia en la que un detalle puede significar la gloria o el fracaso. Nada se logra sin el conocimiento de la historia y la disciplina como herramientas afirma el genial Moneo. Él con su personalísima voz, con sus movimientos acompasados y hasta con la forma de vestir también torea la vida y su naturaleza.

Maestro de soñadores en Harvard, Princeton o Columbia, es incapaz de ver la fiesta tan solo desde el pasado y por eso de vez en cuando la recubre con su cubierta de andanada haciéndola más monumental aún. Navarra y Sevilla nunca estuvieron tan cerca, misericordia y San Bernardo, como Joselito y los Miura, Rafael busca a los toros desde el coliseo balear, desde los cuadros de Miró, desde el amanecer del encierro, desde el silencio de una catedral, desde la luz del mar o desde un cubo como la plaza de Santa Cruz de Tudela.

Su exceso de conocimiento no le imposibilita a crear o inventar cada tarde, como el diestro frente al toro que ve a diario una nueva historia que nace para morir al instante. Ésa es su obra la que no se observa la que aún tiene dentro y que es muy probable que la susurre el próximo Domingo de Resurrección, será entonces cuando la fiesta con él, vuelva a nacer de nuevo. Gracias maestrantes al fin la luz.

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