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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘Donde nadie te encuentre’ de Alicia Giménez Bartlett

"Una espléndida novela sin paliativos"
Herme Cerezo
lunes, 21 de febrero de 2011, 09:32 h (CET)
‘Donde nadie te encuentre’ (Editorial Destino) es la última obra publicada por la escritora Alicia Giménez Bartlett. Con ella consiguió el pasado día 6 de enero el Premio Nadal 2011. ‘Donde nadie te encuentre’ es uno de los libros más sobrecogedores que he leído últimamente.’Donde nadie te encuentre’ es, además, un título muy apropiado. Al final de esta reseña-crítica-comentario explicaré el porqué.

Herme Cerezo Rabadan



Portada


‘Donde nadie te encuentre’ cuenta la historia de Teresa, llamada después Florencio, Pla Meseguer, más conocida como La Pastora, un maquis que se movió durante la posguerra por el norte de la provincia de Castellón, en las comarcas de El Maestrat y Els Ports. Se trata de una novela, no de una biografía, aunque los hechos que en el libro se narran son rigurosamente ciertos y están contrastados, bien por testigos, bien por documentos oficiales.

‘Donde nadie te encuentre’ tiene una sinopsis sencilla. Hacia 1950, un psiquiatra francés, el doctor Lucien Nourissier, acompañado por el periodista barcelonés Carlos Infante, se ponen en marcha para buscar a La Pastora, una mujer que se comporta y viste como un hombre y que es considerada como uno de los guerrilleros más peligrosos del maquis español. El objetivo del viaje es sencillo pero difícil y arriesgado: entrevistarse con ella y trazar un perfil psicológico que le pueda servir de ayuda al neurólogo para aliviar los problemas mentales de otros pacientes.

‘Donde nadie te encuentre’, con voz en tercera persona, nos sumerge de lleno, sin lenitivos ni piedad, en la España negra de mitad del siglo pasado, un tiempo difícil en el que subsistir era ya todo un logro. Nuestro país recién comenzaba a salir de la Guerra Civil que la había asolado durante el periodo 1936-39.

Sin embargo, las heridas no estaban cicatrizadas, ni siquiera lo están hoy casi ochenta años después, y el régimen franquista imponía su ley por todo el territorio patrio mediante una represión sistemática. Este es el primer aspecto que sobresale en la novela de Giménez Bartlett: una atmósfera seca, que amenaza tormenta permanentemente, de terror, de miedo y, sobre todo de silencio. Nadie quiere hablar por miedo a las represalias y eso dificultará enormemente el trabajo de Nourissier e Infante. Las autoridades esgrimen la ley de silencio como medida represiva: hay cosas que no se pueden mentar bajo ningún pretexto. Y los lugareños también la imponen como medida defensiva, para evitar no sólo la represalia de los picoletos, sino también la de los propios maquis.

“Vuelve a Barcelona y me envías al loquero a su país. No tientes la suerte, Infante, que ya está bien”, les recomendará el teniente Álvarez de la Guardia Civil a los dos buscadores una noche a la salida de un bar. Y es que a nadie debe importarle lo que ocurra en esta tierra. A nadie, y mucho menos a un sujeto venido del extranjero, que puede contaminar con sus ideas democráticas y republicanas a los nativos. A medida que avanza la novela, el francés se sentirá confuso, influido por el territorio, por la gente y por la aureola del maquis, hasta tal punto que llegará a extraviar en algunos instantes el objetivo de su misión.

‘Donde nadie te encuentre’, ahora con voz en primera persona, intercala un monólogo interior: el de la propia Pastora que, con sus pocas luces, cuenta cosas de los guerrilleros, de los asaltos, de las confiscaciones, de los enfrentamientos con la Guardia Civil, de heridos y muertos, de su infancia, cruel, dura y desgraciada, de su marginación social a causa de su difícil identidad sexual, de su existencia asilvestrada apartada de los demás, en el campo y con las ovejas.

Olvidada por su familia, poco a poco será absorbida por la estructura del maquis, que significará para ella un hogar (aunque sea al aire libre), un grupo de amigos, que sustituirá a su propia familia, una ideología y el aprendizaje de la escritura y la lectura. Emocionante y epidérmica la escena en la que La Pastora consigue leer un texto. Duro, muy duro, el instante en que decide aceptar su condición masculina y cambia de aspecto. Introducirse en la piel de este personaje, que primero monologa como mujer y luego como hombre, no es tarea fácil.

Seguro que no. Pero Alicia Giménez Bartlett se ha aplicado a este cometido con un tremendo esfuerzo recompensado por el éxito. Y lo ha hecho dejando a un lado los sentimientos, sin que el pulso le tiemble, sin inclinarse hacia un lado o hacia otro. Su mano, su pluma o su ordenador, se mantienen rectos, como una cámara de televisión. Y el lector asiste, como si estuviera asomado a una ventana o a la pantalla de un cine, a todo lo que ocurre. Sobresaliente para la ganadora del Nadal por la naturalidad con la que ha sabido conducir sus palabras en la novela.

Quienes busquen en ‘Donde nadie te encuentre’ las batallitas del Abuelo Cebolleta o heroicidades sin cuento se van a equivocar. Este es un libro que, a través de la ficción documentada en hechos ciertos, como decía antes, de un solo golpe nos baja a ras de suelo, a la realidad que se vivió aquellos años, al sufrimiento de un guerrillero que fue juzgado por 29 asesinatos, cuya autoría jamás se pudo demostrar, y condenado a muerte, sentencia que le fue conmutada por 30 años de prisión.

Esta es una novela que desmitifica lo que de romántico pueda tener la vida del maquis que, a fin de cuentas, se comportó con la misma disciplina y marcialidad que un ejército en tiempo de guerra, y que revela hasta qué extremos puede rebajarse la condición humana para sobrevivir cuando todo está perdido y no hay alternativas de futuro.

Decía al principio que nadie suministraba información al doctor Nourissier y a Infante, el periodista barcelonés. Decía también que la ley del silencio imperaba en los pobladores de las comarcas de El Maestrat y Els Ports durante aquellos años. Y decía, por último, que al final de esta crítica les explicaría porqué me parecía apropiado el título de la novela.

A Florencio Pla Meseguer lo incineraron el 2 de enero de 2004 en el Cementerio Municipal de Valencia, donde dicen que se guardan sus restos. Pero dicen mal. Porque servidor, aguijoneado no sé si por la curiosidad, por el respeto o por un irrefrenable deseo de estar cerca de sus cenizas, se personó hace un par de días en el citado campo santo, después de certificar vía Internet la veracidad de todos estos datos.

Tras visitar el lugar, una especie de fosa común para incinerados, La Pirámide de El Jardín de los Recuerdos la llaman, y leerse dos veces los nombres de todos los que allí descansan eternamente, ha podido constatar que Florencio Pla Meseguer, La Pastora, no tenía allí su placa. Tras el desencanto, un amable trabajador me enseñó a manejarme con una pantalla informática para localizar al finado. Y allí estaba todo lo que ya sabía de La Pastora y, además, un dato suplementario fundamental que Internet no proporciona: “Custodia familiar”.

La Pastora no tenía familia, por tanto, quien se encargó de su incineración se llevó consigo las cenizas a algún lugar ‘Donde nadie te encuentre’, para perpetuar la ley del silencio en torno a su figura y, sobre todo, para asegurarle todo el reposo que la vida le negó. Descanse en paz, ‘Donde nadie te encuentre’, Florencio Pla Meseguer, alias ‘La Pastora’. Mi oración preferida, el salmo 114, mi recuerdo y las sensaciones experimentadas durante la lectura de esta novela, van por él.

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