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Etiquetas:   -   Sección:   Opinión

Discurso, oraci n, vida

Enrique Vzquez
Redacción
miércoles, 26 de enero de 2005, 22:54 h (CET)
EL presidente Bush complet ayer el formato de su toma de posesi n -que es ms que el juramento del cargo propiamente dicho- con un servicio religioso de oraci n en la catedral de Washington: aunque el tono general y el recinto fueron cristianos, el acto fue ecumnico, de las confesiones jud a y musulmana.

Tcnicamente, nada obliga a tal rezo solemne como acci n de gracias y apertura de perodo, pero la s lida tradicin, que instituy nada menos que el propio George Washington, es respetada sin problema alguno. Otra cosa es el nmero de invitados a la ceremonia que probablemente habr sido ayer de los mayores: 3.200 personas de todas las latitudes.

No es un misterio que la religin informa la vida personal del presidente y de algunos de sus colaboradores, cercanos al fundamentalismo cristiano (de Condoleeza Rice se dice que ha sido con frecuencia su compa era de rezo matinal en la Casa Blanca y tambin de gimnasio) y en esto el presidente se separa de varios de los trados y llevados 'neocons' (en realidad, seg n una frmula que va haciendo fortuna, 'trotskoderechistas') de muchos de los cuales no se conocen credenciales semejantes y entre los que abundan los jud os laicos.

En su discurso del jueves, examinado con lupa, se advirti una prudencia exquisita sobre el particular: s lo una mencin, obligada por ritual, al final, con el Dios os bendiga o bendiga a Am rica y otra del Creador, genrica, y una alusi n a la Biblia sabiamente compensada con otra inmediata -muy remarcada- al Corn. El mensaje inherente es claro: el Cor n es un libro santo y nada se tiene contra el islam.

Lo ms notable ha sido el recurso a las dos palabras que hay en ingl s para 'libertad' (liberty y freedom) hasta 42 veces contra ni una sola para 'pobreza' (poverty). El alegato pro-libertad y democracia liberal en que se convirti el discurso olvid el correlato, que habra estado en sinton a con el 'conservadurismo compasivo', y asum que la sed de libertad supera a la de salir de la miseria material. Algo que las encuestas (por ejemplo, en Am rica Latina) desmienten sin tregua.

Bien. Con el servicio religioso de ayer en Washington se cerr la asunci n de la presidencia y fue cancelado, por la fuerza de las cosas, el ambiente de jbilo, esperanza y color. Hoy se presenta, intacta como siempre, la sencilla realidad de cada d a, lo que Ortega y Gasset llamaba su majestad la vida.

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