Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos  

¿Precisa España una regeneración de la clase política?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 20 de febrero de 2011, 09:26 h (CET)
A Benjamín Disraeli, judío, anglófilo, escritor y Primer Ministro del Reino Unido en tiempos de la Reina Victoria, se le debe el siguiente pensamiento: “El mundo está harto de estadistas a quienes la democracia ha degradado convirtiéndolos en políticos” y como es preciso escuchar y tomar nota de lo que nos dejaron, como legado cultural, los grandes pensadores, deberemos convenir que, a cualquiera que esté siguiendo los avatares por los que está pasando nuestra nación; tenga un mínimo de curiosidad por lo que está sucediendo a su alrededor y observe, con detenimiento, el comportamiento de aquellos a los que, con acierto o equivocadamente, se votó para confiarles os cargos de responsabilidad en el gobierno de la patria; le entran serias dudas a cerca de si, los partidos políticos han estado a la altura que les correspondía, en esta complicada situación en la que una crisis pertinaz se ceba en los ciudadanos españoles; se han destruido ingentes cantidades de puestos de trabajo; se ha empobrecido el pueblo; se han implantado nuevas leyes destinadas a coartar las libertades de los ciudadanos y, España entera, ha dejado de ser una nación próspera, eufórica y envidiada por nuestros vecinos los europeos, que vieron como se produjo –en sólo unos pocos años – el milagro de pasar de ser una nación empobrecida y sin proyectos de futuro, a convertirse en la locomotora que ayudó a impulsar nuestra economía a cotas nunca soñadas unos años antes.

Sin embargo, la utilización torticera y rastrera, por parte de los socialistas, del trágico suceso del 11M del 2004, el grave atentado cometido en la estación de Atocha de Madrid y algunos errores cometidos por el entonces gobierno del PP, acompañados de una campaña de movilizaciones callejeras, asonadas ante las sedes del PP y la participación activa del señor Rubalcaba para cargar las tintas contra el gobierno popular, permitió al PSOE hacerse con el gobierno de España. Desde aquella fecha nuestro país entró en una fase de sucesiva y pertinaz degradación, que comenzó con la eliminación de todos los proyectos en ejecución, promovidos por el PP, para ser sustituidos por otros que no importaba que fueran mejores o peores porque de lo que se trataba era de dar por malo, sin tomarse la molestia de analizarlo, todo lo que había sido iniciado por el partido perdedor. De ahí que quedaran fuera de los planes del gobierno socialista proyectos tan importantes como el Plan Hidrológico Nacional que, al no tener mejores alternativas, quisieron sustituir con las famosas desalinizadoras ( se proyectaron 22 y, parece que sólo se han construido 3 o 4). Esto fue el comienzo. Del ofrecimiento de diálogo, las consultas con la oposición, el mantenimiento de la Ley de Partidos y el “talante” que prometió el señor Rodríguez Zapatero ; pronto se vio con claridad que sólo se trataba de un bluf que, el tiempo y la actitud sectaria del nuevo gobierno, pronto se encargaron de desmentir.

Es posible que, en otras ocasiones, se cometieran por los anteriores gobiernos de la democracia graves equivocaciones; momentos de tensión y situaciones de dificultad económica, con un fuerte paro; pero siempre existió el suficiente sentido común para que los partidos más representativos de las derechas y las izquierdas llegaran a ponerse de acuerdo en los puntos fundamentales, para saca a la nación de sus apuros (los Pactos de la Moncloa de octubre de 1.977 fueron una muestra de ello). No obstante, para pasmo de los españoles, para preocupación de toda Europa y de los EE.UU. y para desconcierto de todos los expertos financieros y economistas del mundo, cuando se destapó la crisis de las sub prime y, en España, se produjo, de rebote, el estallido de la “burbuja inmobiliaria” con sus deletéreos efectos en todo el sistema financiero del país y el desmoronamiento en cadena de toda nuestra economía; hemos visto que, cuando ya era vox populi que las consecuencias de lo ocurrido en EE.UU eran graves y la evidencia de que la banca y las cajas de ahorro españolas, impulsadas por las expectativas de ganancias fáciles; se habían arriesgado y puesto en peligro el dinero de sus depositantes, concediendo hipotecas sobre inmuebles sobrevalorados, sin tomar cuenta del peligro que ello entrañaba; nuestro gobierno miraba hacia otro lado a causa de que no le convenía admitir las dificultades que se nos avecinaban, debido a que las elecciones legislativas estaban a la puerta. No quisieron ver el peligro y no se aceptó que los bancos estuvieran en serias dificultades ni que España se vería afectada por la crisis, que ya amenazaba en convertirse, como así fue, en mundial.

Lo que ocurrió a continuación ya lo sabemos todos, por lo que no hace falta insistir en ello. Pero lo que hemos sacado en limpio de todo este proceso por el que nos hemos vistos obligados a pasar, es que ninguno de los partidos, que forman el arco parlamentario de nuestra nación, ha estado a la altura de las circunstancias. En efecto, creo que una gran mayoría de los españoles hemos llegado a la conclusión de que, ni una sola de las formaciones políticas en las que los españoles depositamos, en su día, nuestra confianza, ha sabido actuar con el único objetivo que ayudar a España y a los españoles a salir del apuro. Todo su esfuerzo se ha centrado en dos cuestiones: no comprometerse en decisiones que pudieran perjudicarles ante los ciudadanos, en cuanto a sus objetivos electorales y, por otra parte, enfocar su artillería pesada en intentar buscarle las cosquillas a su adversario político, utilizando, para ello, cualquier táctica, cualquier estrategia, cualquier método legal o ilegal, cualquier instrumento rastrero o cualquier descalificación personal, que les permitiera desacreditar, deslegitimizar, denigrar o calumniar a aquellos que podían aspirar a derrocarles del poder.

Si, en política, todos sabemos que valen casi todos los instrumentos al alcance de los partidos, para intentar captar a los futuros votantes; deberemos admitir que, cuando un gobierno tiene ante sí una situación que pone en peligro el bienestar de los ciudadanos, cuando se ve sin recursos para enfrentarse a una catástrofe que amenaza a su pueblo y cuando tiene que elegir entre favorecer a los intereses de la nación o a los del propio partido; no existe otra alternativa que optar por el bien común, aunque ello les obligue a tragar muchos sapos. Ninguno de los partido españoles y, aún menos los nacionalistas, ha tenido la valentía, la nobleza o el sentido común de dejar aparte sus propios intereses, de cesar en sus chantajes al Estado y de actuar con generosidad y sensatez, para reconocer sus errores, si se trata del partido gobernante y dejar sus legítimas aspiraciones a ocupar el poder, el de la oposición; para enderezar lo que está equivocado, corregir aquellas decisiones que no han dado fruto y, conjuntamente, pergeñar nuevos planes, preparar otros proyectos y renunciar a egoísmo y terquedades para ceder en lo preciso y colaborar en lo fundamental para que, el objetivo principal, se centre en lograr el bien común para todos los ciudadanos sin que, en estas luchas fraticidas, se utilicen armas que, a lo único que pueden conducir, es a agravar más, si cabe, la situación del país que, aparte de solucionar sus problemas de convivencia, precisa emprender políticas, a veces dolorosas, que permitan reactivar nuestra industria, remediar el paro y, de paso, dar una imagen de unidad, que se proyecte al exterior, para infundir confianza en España a aquellos países que están dispuestos a ayudarnos, pero que no se atreven a hacerlo debido a la pobre imagen, a la escasa fiabilidad de los vaivenes económicos y financieros que los unos por los otros contribuyen a que se produzcan. España precisa una limpieza de políticos que erradique de raíz toda la podredumbre que hoy en día infecta a este colectivo, ¡urgentísimamente!

Noticias relacionadas

Chomsky y el sueño americano

Chomsky es uno de los grandes filósofos en activo con análisis muy precisos sobre la realidad económica y social

La sombra de la corrupción

Todos sabemos que muchos interinos entraron de forma digital y llevan años trabajando en la administración

Políticos sin ética

Ética sin virtud es un cero a la izquierda

Afecciones del alma

La partitocracia se ha revelado como un problema para la democrática convivencia

Bienvenidas las iniciativas globales

Somos hijos del tiempo, pero también de la acción conjunta. ¡Aprendamos a organizarnos!
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris