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Etiquetas:   Lencería fina   -   Sección:   Opinión

La elegancia en sus peores momentos

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
sábado, 19 de febrero de 2011, 23:00 h (CET)
Cada día temo más las pasarelas de los grandes eventos, en especial las alfombras rojas y las fiestas en donde el “dress code” exige tiros largos tanto para hombre como para mujeres. Ya no sé si soy yo la que es exigente o es imposible adaptarse a lo que vemos en actos públicos o bien cada día más ser y parecer elegante consiste tan sólo en ponerse un vestido de marca y ¡hala¡ a vivir que son dos días.

Hace unos días me sorprendió desagradablemente ver las fotos de la fiesta que Porcelanosa celebró en Buckingham Palace en Londres. Isabel Preysler, tantas veces proclamada como la mujer más elegante de España, vistió, manguitos incluidos, en ese evento un vestido horroroso firmado por Tot-Hom que recordaba, con los dichosos manguitos, los que llevaban los jefes de estación del siglo XX, por no hablar de ese volante largo y ancho en la parte baja del vestido dando volumen a un cuerpo estilizado como el de Isabel, sin apenas curvas ni cintura, un saco, un saco en donde los manguitos la ensanchaban por la parte de arriba y el vuelo de abajo no tenía sentido.

Una escoba vestida
Isabel parecía una escoba vestida de lujo donde sólo realzaba su pecho en el escote palabra de honor. De esta guisa se engalanaba la anfitriona de una fiesta en la que Cayetana de Alba, vestida por los sevillanos Victorio y Lucchino, resplandecía, al margen de su indumentaria y de los accesorios , por su saber estar y por su personalidad, aprecio la forma de vestir de la Duquesa, me gusta que se haya aficionado a ese aire hippy habitual en ella, pero a ella no hay que tenerle en cuenta lo que viste o se pone, no, Cayetana tiene personalidad y ahí radica, sin duda, su elegancia, algo innato, viene de dentro hacia fuera y no al revés.

En esta fiesta estaba también la hija de la Duquesa de Alba, Eugenia Martínez de Irujo, que no ha heredado de su madre en este aspecto del vestir, Lorenzo Caprile le confeccionó un atuendo como tal vez lo hubiera hecho su peor enemigo, cosa que dudo fuera la intención del diseñador. Tampoco Tamara Falcó, destinada a ser la heredera de su madre en el mundo de la imagen, llevaba un traje acorde al escenario, lucía un vestido estilo helénico en satén, las arrugas, hechas expresamente, siempre son difíciles de llevar en este tipo de tejido. El satén, siempre excitante para un cuerpo bien moldeado, agradece la sencillez de un buen corte y nada más, fuera recogidos que en nada ennoblecen el diseño, tampoco los zapatos de Tamara eran adecuados, tacón alto con plataforma y de rafia en color claro, más bien era un calzado adecuado para una falda en noche de fiesta playera.

Tejanos a toda hora
Y seguimos con los Goya donde la alfombra roja ha sido un desequilibrio de elegancia, ellos le llaman “glamour”, la verdad es que todo el mundo usa esta palabra que nadie ha definido en su exacta amplitud, se suele usar cuando alguien acude a un acto relevante y viste con traje largo “es una fiesta con mucho “glamour” se suele decir y escribir en múltiples ocasiones para resaltar el boato festivo . Ponerse un traje largo y lucirlo bien es muy difícil, y más teniendo en cuenta que hay pocas fiestas en las que se exija esta indumentaria y por tanto no hay costumbre. Habitualmente vestimos de forma deportiva, los “jeans” son los reyes donde poder mezclar diferentes estilos, en la calle vemos tejanos a todas horas, en todo tipo de personas y en todo tipo de actos. Los tejanos, pantalones deportivos, las camisetas y chaquetas son lo más habitual y es nuestra forma natural de vestir en hombres y mujeres.

Vestimos de forma global y a las chicas más jóvenes sacarlas del tejano en jornada habitual para ponerse un vestido normal y corriente es complicado, los pantalones, desde que Coco Chanel los inventó para que la mujer ocupara un lugar en la vida del día a día, han sido el gran invento y muchas veces sacarlas de aquí es poco más que imposible.

Las actrices, muy dadas por su profesión a adaptarse a personajes de distinto calado, representan bien los personajes de ficción, lleven lo que lleven o lo que exija el personaje del guión. En su profesión pueden vestir con estilo o sin el mismo, pero siempre según un personaje al que dan su aliento. Cuando acuden a la alfombra roja para asistir a la entrega de cualquier premio de renombre, sean los Goya, Gaudí o los Oscar, son ellas y no sus personajes las que se visten y pisan la alfombra del camino a la fama. Ahí es donde apreciamos que muchas actrices y también algunos actores no están llamados para vestir según exige la coloreada alfombra.

Vestidos para matar
Para nuestro pesar en la reciente gala de los Goya hemos podido ver cómo muchos actores y actrices se convirtieron en un publicitario árbol de Navidad, los diseñadores y los joyeros ofrecen a unos y otras sus creaciones ya que saben que es una de las maneras de salir en prensa y ellas y ellos aceptan encantados porque les resuelven el problema de vestuario y accesorios. Pero el problema no queda resuelto, hemos visto actores y actrices vestidos para matar.

Un maravilloso traje de fiesta debe adaptarse a la personalidad de la actriz o el actor para que todo quede felizmente equilibrado. Unos joyones con un vestido barroco puede ser un éxito si la actriz que lo luce lo defiende y se siente bien en él y con esas joyas. Nora Navas, mejor actriz por su interpretación en “Pa Negre”, llevaba un vestido rojo pasión adecuado para una actriz muy sexy, luciendo pierna, sacando pecho, un modelo difícil, Nora, mujer con personalidad, no defendía su atuendo a pesar de su merecido premio. Ana Belén, que siempre está estupenda, esa noche lo estaba pero menos, el vestido era normal y corriente. A Ana Belén que tiene percha y sabe lucir trajes largos, la hemos visto vistiendo algunos maravillosos, tal vez esta noche no lucía tanto por no llevar un diseño de Jesús del Pozo, su modisto preferido, eligió una creación de Varela, ya ven cómo son las cosas, la moda equipara a las princesas recién llegadas y a las progres que lo fueron en un tiempo pasado.

A Emma Suárez le sobraba tanto collar, y no es que el collar fuera un horror, sencillamente era excesivo para el conjunto de Emma, aunque Emma lucía un buen escote éste no podía aparecer repleto con el collar de Yanes. Cayetana Guillén Cuervo se enfundó en un modelo azul eléctrico y un peinado años 50, tampoco iba para tirar cohetes, nada del otro mundo ni adaptado a su estilo que casi siempre ha sabido lucir lo que le conviene y muchas veces la hemos visto desfilar por la alfombra de manera adecuada. Horrible Miriam Diaz Aroca, también Carmen Machí, Inma Cuesta, Dafne Fernández y Carolina Bang.

Menos es más
Sin embargo estaban maravillosas las actrices de “Habitación en Roma”, Natasha Yavorenko con un traje de Roberto Cavalli que le quedaba como un guante a su esculpido cuerpo y muy adecuado el collar de Carrera Carrera que rodeaba su cuello, su compañera de reparto, Elena Anaya, estaba preciosa con un vestido estilo helénico firmado por Elie Saab y en su recogido pelo llevaba una tiara de Bárcena, estilos lucidos por ambas que daban la sensación de formar habitualmente parte de su vida. Lo mismo vimos en Pilar López de Ayala con un traje corto de Chanel donde se podía apreciar que menos es más y la actriz dio importancia a un peinado alto que le favorecía mucho dándole un aire muy actual y con mucho saber estar. Sin duda, para mí, estas tres actrices fueron las que vestían según su manera de ser les permitía, y eso se notaba.

Los chicos parece que se olvidan totalmente del smoking, si todos lo lucen la sala parece llenarse de pingünos, está bien que se busquen alternativas y todos se vistan como mejor se encuentren, pero han pasado del camarero de hotel de lujo al vestido entero negro o camisa blanca y corbata negra, tampoco es eso, sabemos que para los hombres las alternativas son escasas y es sabido que los diseñadores pasan una de sus más grandes crisis, es por ello que deberían pensar en dar sorpresas agradables, mientras eso no suceda los actores irán de negro, de blanco y negro, de pingüinos o de camareros, ya sabemos que, especialmente, en Los Ángeles todos los camareros son actores en busca del papel de su vida . Pero a la gente del cine se la tiene por creativa, sólo les falta que den una vuelta de tuerca a su cerebro y seguro que encuentran otras soluciones mejores.

Y ahora esperamos la alfombra roja de los Óscar allí también cuecen habas y no por ser Hollywood debemos pensar que es mucho mejor, no, ya llevan meses los representantes, agentes, secretarías y secretarios de actrices nominadas y asistentes a la gala perseguidos por joyeros, estilistas, peluqueros, maquilladores y diseñadores para conseguir que sus estrellas vistan y luzcan ese día sus productos, terrible porque si lo que les ponen no va con su forma de ser tendremos en resultado parecido al vimos primero en los Gaudí en Barcelona y el domingo en los Goya. Un desastre donde todo cuenta menos la personalidad de la actriz o el actor, todo es dinero, dinero y dinero para vender, vender y vender. La persona y la elegancia, seriamente afectadas. Lo juro.

Y no puedo terminar sin hacer mención a ese barroco palco del Teatro Real reservado para la que muchos califican como la primera familia de España: la Familia Real. El día de la entrega de los Goya estaba triste y solitario, sus mullidos asientos no acogían ninguna posadera de sangre azul, o sobrevenida. Ningún Borbón o allegado se dignó acudir a apoyar con su presencia al cinema español, nadie de la Real Familia estaba en el palco insuflando con su presencia un soplo de ayuda a nuestros cineastas, y es raro, ya que a los Príncipes, los futuros Reyes de España, se les ve a menudo en conciertos y saraos parecidos. Tal vez la sala de cine de Moncloa no suele pasar las películas de nuestros directores. Menos mal que por allí andaba Pancho, ese simpático perrito que anuncia la lotería, vestido con un magnifico smoking de Adolfo Domínguez y un collar de Swarovsky.

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