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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

¡A la rica estulticia!

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 18 de febrero de 2011, 23:00 h (CET)
Sólo los necios confunden la estulticia con la responsabilidad, dice el aserto popular, y nada es más cierto, especialmente si nos referimos al PSOE. Tan es así que da la impresión de que en este partido, quién sabe si infestados con alguna nueva cepa mutante de algún peligroso virus experimental, se ha desatado una especie de locura colectiva –especialmente entre las féminas, con perdón-, pareciendo que hay apuestas entre ellas a ver quién propone y defiende en el nombre del partido la mayor estulticia, sin duda alentadas porque todas las que brotan por generación delirante del Ministerio de Sanidad y de la Dirección de Igualdad –otrora Ministerio-, salen adelante como si tal cosa ¡y hasta se aplican a contrarrazón! Tal que sí, porque ahora la responsable de Asuntos Sociales del grupo sociata en Galicia, señá Beatriz Sestayo, ha dicho refiriéndose a la mujer que: “tener hijos es de ultraderechas y rancio.” ¡Ele, mi niña!, ¡arsa pilili! Y fue juez, de modo que ya se pueden imaginar las sentencias de esta señora: ¡joder, qué miedo! Esta señoría, a lo peor, era de las que condenaba a simple vista, y de las que permitía la libre culpabilidad del acusado si éste tenía pinta de ser de derechas, ultraderechas o rancio, como si lo estuviera viendo.

No es que los varones del PSOE estén sean mancos en esto de la estulticia galopante –ahí tienen a José Blanco y sus Estados de Alarma, a APR y sus faisanes o al energético Sebastián y sus subidas de la luz al costo de un cafelito, sin ir más lejos-, pero las féminas del Gobierno les están ganando por goleada. Verdaderamente la señá Aído, la señá Pajín y la señá Sinde se están llevando muerto, a la vez que todo parecía indicar que habían puesto el listón imposible; sin embargo, en los extrarradios del partido, va la señá Beatriz Sestayo, suelta su estulticia en el Parlamento gallego, y, ¡zas!, se abre una nueva línea de competencia interna que deja tamañuelas a las ministras, abriendo un frente de batalla en la segunda fila. ¿Quién dará más?... Porque esto no se queda aquí, ya lo verán, y todo sea que en sacro santo nombre de la igualdad nos castren a todos, ya sea para que no haya discriminaciones, ya para que las señoras no puedan tener hijos, que eso es ultraderechista y rancio. En fin, todo sea por la armonía social y por nuestro bien.

Hay algunos fascistas redomados, herederos del franquismo más recalcitrante y partidarios de la resurrección del Generalísimo, golpistas donde los haya, que dicen y cacarean que esas manifestaciones tan sensatas son en realidad una queja a favor de las clínicas abortistas y su excelente negocio, y nada que ver. Ellos, rancios decimonónicos de brazo en alto y mucho Cara al Sol, ignoran que dicen lo que dicen por la cosa de la igualdad y por nuestro bien. ¡Pues será que no se nota que todos los que tienen hijos son unos fascistas que tienen a sus mujeres sometidas como conejas reproductivas! Porque la reproducción es una cosa rancia y fascista, y es necesario gritarlo a los cuatro vientos. Todo nacido, todo no abortado, es, evidentemente, fruto de un abuso machista sobre una mujer sometida a golpes fálicos.

En fin, el caso es que las elecciones están a la vuelta de la esquina y hay que tomar posiciones. Los despropósitos de las colegas mandatarias del partido han colado como si tal cosa y se han convertido en leyes, y la forma de postularse a puestos de cabeza es con estulticias mayores que mañana, quién sabe, también puedan ser normativa legal. La cosa está que arde, el listón muy alto y es necesario emplearse a fondo, estrujar bien el cerebro en discurrimientos originales que dejen en evidencia el talento y la catadura moral que certifique que no hay despropósito, por desquiciado que sea, que no se pueda superar.

¿Un error o un írsele un poquitín la boquita?....: ¡Nada de eso! Es lo que quiere la sociedad, ahí están los muchísimos que aplauden y respaldan con inusitado fervor estas iniciativas, y a los que no, se los compra, y listo. Nada de error, sino acierto pleno, que la sociedad es ya lo suficientemente estulta, a fuerza de estulticias gubernamentales, y sólo lo más desquiciado es ya lo único posible.

Nada nuevo. Ya decía Cicerón que cualquiera puede errar, pero sólo el necio persevera en su falta, y todavía estamos en ésas. O no sólo eso, sino que algunos se empeñan en superarse en estulticia, pareciendo que desean desbarrancarse por ese abismo y conducir a la sociedad al esperpento más desolador y más desalentador. Por eso, como pregoneros de infaustas mercaderías, van algunas responsables sociatas ofreciendo su producto a los estultos, gritando: ¡Estulticias! ¡Estulticias a mogollón! ¡A la rica estulticia, oiga!

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