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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Pasarelas

Octavi Pereña
Octavi Pereña
viernes, 18 de febrero de 2011, 16:15 h (CET)
En un escrito anterior me refería a Sarah Burge que enseña a su hija Poppy de 7 años a bailar utilizando la barra que usan las bailarinas porno porque desea que cuando sea mayor sea una auténtica ’pole dance’. También tiene otra hija de 15 años, Hanna, a quien le inculca una obsesión por las arrugas y a quien le ha hecho tratamiento de bótox. Esta madre despierta en sus hijas un erotismo que no es propio de su edad.

El número 913 de Vogue Paris Cadeaux de diciembre 2010/enero 2011publica unas fotos de niñas entre 5 y 7 años vestidas y maquilladas como adultas y con poses sexy desempeñando un papel de seductoras. Un reportaje publicado en La Vanguardia lleva este título: “Vestidas para matar…a los 7 años”. No hace falta añadir nada más al reportaje de Vogue. Tan pronto se publicaron las fotos se han dejado oír las voces de protesta de los defensores del menor denunciando que se haga uso de la provocación y la sensualidad de menores.

El ilustrador Alexandro Palombo dice que las fotografías son “un regalo para los paidófilos”. Arantza Francés, directora de KTS Models, una de las agencias más prestigiosas de modelos infantiles contradice a Palombo, al decir: “De todas maneras, a menudo el mercado pederasta lo que busca son imágenes de niños, no de niñas”, declaración que no se ajusta a la realidad. Las noticias nos informan de que con demasiada frecuencia de las vejaciones sexuales a las que se someten a las niñas por sus propios padres, tutores, educadores y allegados. En el momento de escribir el borrador de este escrito el 29-01-2011, una noticia llevaba este título: Detenido en Málaga por abusar de una niña de 6 años”.
La influencia cristiana ha cambiado el concepto que se tiene de la infancia y adolescencia. Gracias a ella se ha despertado un sentimiento de protección hacia este grupo de personas que por no haber alcanzado la madurez pueden verse sometidas a las agresiones sexuales de desaprensivos. Volvamos a las noticias y descubrimos que clérigos y educadores que en teoría deberían preocuparse por el desarrollo de la personalidad de quienes dependen de ellos, en vez de velar por su protección se convierten en depredadores que ocasionan daños, a menudo irreparables porque las injurias emocionales ocasionadas a menudo son de por vida. Las apariencias, en algunos casos engañan. Los padres jamás deben firmar un cheque en blanco por lo que hace a la educación de sus hijos. La agresión sexual suele ir acompañada de unos síntomas que manifiestan que algo no marcha bien en los hijos. Dando por sentado la posibilidad de equivocarse, sin acusar antes de hora, una de las cosas que deberían investigarse ante un anormal comportamiento de los hijos es ver si tienen algún problema de tipo sexual.

De la misma manera que Sarah Burge quiere que sus hijas sigan sus pasos y se conviertan en atractivos sexuales para los hombres, es muy posible que los padres que consienten que sus hijas menores de edad sean fotografiadas vestidas y con poses sexy no se hayan dado cuenta que con semejante actitud siembran en ellas la semilla de la desgracia. Es posible que puedan ganar mucho dinero, pero como personas serán unas desgraciadas. El modelo de vida que les inculcan no es el más adecuado para la felicidad. El mundo en el que las introducen está basado en la mujer como objeto sexual destinado a satisfacer la lujuria masculina. Esta forma de vida a la que aparentemente le acompaña el éxito, realmente, bajo el maquillaje y el vestuario de firma se esconde el fracaso porque no cumple la promesa de felicidad. Un ejemplo de ello lo tenemos en Miley Cyrus que en sus 18 años ha encabezado por dos años consecutivos la lista de las celebridades más escandalosas por su manera de vestir, por bailar provocativamente en clubes nocturnos, por sus excesos en drogas y alcohol.

Nuestra cultura que conserva la apariencia de cristiana solamente tiene como objetivo el éxito rápido y la gloria que tal como se entienden son muy efímeros y frustrantes. La belleza y el atractivo erótico se marchitan. Los focos que hacían resaltar los encantos físicos se apagan. Los hombres que buscaban sus favores huyen como las cucarachas de la luz. Lo único que queda es la soledad con toda su carga sicológica frustrante. Invertir en el atractivo físico ha sido un mal negocio. De este error han sido culpables los padres que consintieron que sus hijas se decidiesen por la belleza física que perece cuando todavía no tenían conciencia de lo que hacían, en detrimento de la hermosura del alma que es perenne.

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