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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group  

El vacío de poder

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 17 de febrero de 2011, 07:52 h (CET)
WASHINGTON - La falta de liderazgo político no conoce de formaciones. Los últimos días han ofrecido una demostración lamentable de esta máxima triste: El presidente de la Cámara John Boehner eludiendo su función de contener la creencia de que el Presidente Obama es musulmán, y el propio presidente, eludiendo una vez más un papel rector a la hora de abordar la crisis fiscal del país.

Boehner primero. En "Meet the Press" en la NBC, el periodista David Gregory presionaba al Republicano con motivo de una reciente muestra estadística de Republicanos de Iowa en la que 11 de 26 indicaron que creen que Obama es musulmán.

"Como presidente de la Cámara, como líder, ¿no cree que es su responsabilidad hacer frente a esa clase de ignorancia?" preguntaba Gregory. Buena pregunta.

"David, mi labor no consiste en ir diciendo a los estadounidenses lo que tienen que creer", dijo Boehner. "Nuestro deber en Washington es escuchar al pueblo estadounidense". Mala respuesta - y Gregory no le dejó irse de rositas. Hizo siete intentos más - una eternidad en televisión - de obligar a Boehner a reconocer alguna responsabilidad en la dirección de sus perdidas tropas.

Gregory: "Quiero decir, usted es el líder del Congreso y no está aceptando hechos evidentes y diciendo: 'Esto son los hechos. Si usted no cree, es tontería".

Boehner: "Acabo de describir los hechos tal como los entiendo. Estoy seguro de que el presidente es ciudadano regular. Estoy seguro de que el presidente es cristiano. Voy a fiarme de lo que dice él".

Gregory: "Pero ¿esa clase de ignorancia sobre que es musulmán no le preocupa?"

Boehner: "Mire, los estadounidenses tienen derecho a creer lo que quieren creer. No puedo - mi trabajo no es decírselo".

Pero por supuesto que sí, y Boehner lo hace todo el tiempo. El gasto público debe ser recortado. La reforma sanitaria destruye el empleo. Obama no debe salir reelegido. Y en contra del tipo impositivo adecuado o de la formación política de su gusto, la regularidad de Obama o su religión son cuestiones de información, no opiniones. El nuevo presidente de la Cámara simplemente encuentra inconveniente decirle a la gente que le aupó a ese cargo que está equivocada. De hecho, Boehner y sus colegas son los beneficiarios agradecidos de los delirios comunicativos de la ciudadanía de Obama y de su religión. La gente que cree que no nació en América vota -- y no vota a los Demócratas.

Esto puede ayudar a explicar el motivo de que el reconocimiento Republicano oficial de la religión de Obama parezca tan grosero. "El presidente dice que él es cristiano. Me fío de su palabra", dijo Boehner, haciéndose eco de la formulación utilizada por el secretario de la oposición en el Senado Mitch McConnell.

"Tengo que seguir a la gente. ¿Es que no soy su líder?" se dice que dijo Benjamin Disraeli. Imagínese lo que podría haber hecho el primer ministro británico con el beneficio de las muestras estadísticas y de los mensajes encuestados.

El esquivo liderazgo presupuestario de Obama se puede interpretar de dos formas, ninguna de las cuales es especialmente halagadora. La interpretación más caritativa de la decisión del presidente de no abordar el gasto de lo social ni el régimen fiscal es que la administración decidió que, en este caso, el liderazgo no era una estrategia buena.

Funcionarios de la administración aducen que dar demasiados detalles de, digamos, la seguridad social, reduce, no incrementa, las posibilidades de acuerdo bipartidista. Los Republicanos de la Cámara en particular, reza este argumento, tienen que trabajar en sus propias divisiones internas y aplacar a su nuevo ala fiscal antes de poder hablar de compromisos reales.

La táctica del matón del estrado no tiene ningún valor, sin embargo, si usted no está dispuesto a dar la talla y ponerse a predicar. Es difícil sacar adelante algo en Washington sin la educación pública y la presión popular que sólo se pueden generar a través de la implicación presidencial. Y Obama en persona ha reconocido que su enfoque distante a la hora de dar detalles del debate sanitario permitió que el proceso hiciera aguas.

Hay una interpretación cínica de la desconfianza de Obama -- el presidente y sus asesores han llegado a la conclusión de que, teniendo en cuenta las enormes probabilidades en contra de alcanzar un gran acuerdo con los Republicanos en materia fiscal o social, no tiene ningún sentido que Obama asuma grandes riesgos. Proponer recortes impopulares en la seguridad social va a alejar al electorado del presidente ya inquieto. Atreverse a sugerir lo que debía concluir la comisión de disciplina fiscal -- que hasta con los recortes del gasto público el país necesita generar más recaudación de la que proporciona el actual régimen fiscal -- expondría al Presidente a las acusaciones Republicanas de ser un fanático de los tributos.

El mensaje presupuestario se reduce a: Hablaremos en 2013, suponiendo que todavía ande por aquí.

Lo que me lleva a otra cita atribuida a Disraeli. "El valor", dijo, "es la más infrecuente de todas las características imprescindibles en la vida pública". Pero hasta el astuto primer ministro del siglo XIX habría quedado decepcionado por el cobarde estado de la política en la América del siglo XXI.

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