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En defensa de liberar a Gulliver

George F. Will
Redacción
jueves, 17 de febrero de 2011, 06:58 h (CET)
En un principio, la audiencia del auditorio de la 38 Conferencia Anual de Acción Política Conservadora hizo a Mitch Daniels, Gobernador Republicano de Indiana, los elogios de rigor de interrumpir con frecuencia, casi por reflejo, su discurso con aplausos. Pero a medida que la audiencia se daba cuenta de que estaba escuchando algo nada convencional - que se le estaba haciendo el infrecuente cumplido de ser tratada como adulta reflexiva - respondió con sosegada atención a su elegante presentación de conservadurismo para adultos.

América, dijo, se enfrenta a "una amenaza a su supervivencia", una nueva "amenaza roja" que consiste en números de ese color. No hay empresa, pública ni privada, que "pueda seguir siendo autónoma, y ya no hablemos de rentable, estando tan profundamente endeudada con terceros como estamos a punto de estar". Ciertas personas aceptan o "hasta celebran" el "crecimiento disparatado de la administración pública" que consigna a América a "una paridad gris" con otras naciones manirrotas. Tales personas están convencidas de que la historia está gobernada por un "desequilibrio que la escora hacia la izquierda paulatinamente" - al margen de "el Paréntesis Reagan" - que siempre se desplaza hacia una administración pública con cada vez más competencias.

Para estas personas, la tarea ahora es meramente defensiva: Los compromisos de gasto de la administración Obama -- por ejemplo, la reforma sanitaria está diseñada para "engullir al mercado privado y dar lugar a un sistema de fondo único o algún sucedáneo suyo" -- darán lugar a un mastodóntico estado y reducirán la notoriedad mundial estadounidense que cierta gente lamenta.

Centrarse en las partidas presupuestarias (una "práctica nociva" pero "una bagatela") y "el derroche, el fraude y las prácticas abusivas", dice Daniels, trivializa la labor de practicar una "cirugía bariátrica" a un gobierno que sufre de "obesidad mórbida". Él es partidario de devolver a los presidentes las competencias de incautarse de los fondos asignados por el legislativo ("se sorprenderá del gobierno que nunca se le pasará por alto"). Pero la gran labor bicéfala es reformar lo social y propiciar el crecimiento económico -- "un prolongado periodo de crecimiento de duración casi sin precedentes".

Los estadounidenses tienen que dar "unas expresivas gracias" a los grandes programas sociales del último siglo -- y luego despedirse progresivamente de ellos, después de que esos estadounidenses "acogidos actualmente o a punto de acogerse" a ellos hayan hecho mutis. La seguridad social y Medicare deberían de actualizarse para ajustarse a "la creciente longevidad y buena salud" de los estadounidenses. Medicare 2.0 debería de respetar la dignidad y la competencia de los estadounidenses dotándoles de los medios para "tomar sus propias decisiones" trasladando su dinero directamente a los particulares y esperando que ellos "paguen una parte mayor de su atención primaria igual que si fueran los clientes autónomos más exigentes que sabemos que son".

Para estimular el crecimiento económico, hay que "desatar a Gulliver": "La selva amazónica de regulaciones a través de la cual nuestras empresas tienen que abrirse paso está malogrando el futuro de millones de estadounidenses". La reciente directiva de Obama destinada a podar el bosque de malas hierbas fue, dice Daniels, igual que si el principal productor de música rap del mundo expresara su alarma de pronto por las obscenidades. Y Daniels cree que el "primer pensamiento" de los conservadores debería estar ocupado por "aquellos que todavía ocupan el primer escalón de la escalera de la vida":

"La movilidad positiva desde los últimos puestos de la escala social es el reverso de la promesa estadounidense, y el estancamiento de la clase media se está convirtiendo en la práctica en un problema, bajo cualquier lectura imparcial de los acontecimientos. Nuestra principal labor no es ver subirse al carro a esa gente de renta elevada, sino que aquellos sin grandes recursos tienen mayores posibilidades de ganar algo más".

Autor de la caracterización más sucinta del programa Obama ("estatismo por saturación"), Daniels ha ejercido el gobierno eficaz que predica. A instancias suyas, Indiana tiene la menor plantilla de funcionarios públicos desde 1978, el número más reducido de funcionarios estatales per cápita, los impuestos de la propiedad netos más bajos y el tercer gasto público per cápita más reducido. De manera que cuenta con las credenciales para asesorar a los conservadores en materia de la necesidad de llegar a compromisos en interés de ampliar el electorado necesario para acometer reformas difíciles.

"El cambio de la dimensión que nos hace falta", dice Daniels, "exige una coalición de una dimensión que nadie ha reunido últimamente", incluyendo la gente que "zapea más allá de C-SPAN para llegar a SportsCenter". Lo que podría traducirse por dilución ideológica: "La pureza del martirio es para terroristas suicida" y "Pirro de Épiro es recordado, pero su nación desapareció". Daniels no tiene "ningún interés en quedarse entre los escombros de nuestra República diciendo 'os lo avisé' ni 'tendríais que haber hecho lo que os dije'".

Recordó a su audiencia que cuando formó parte de la administración de Ronald Reagan, el presidente le indicó junto al resto que "no tenemos enemigos, sólo oposición". El argumento en defensa de una retórica conservadora menos estridente es práctico: "A medida que pedimos a los estadounidenses que se unan a nosotros en un rumbo tan audazmente distinto, sería provechoso que les cayéramos bien, sólo un poco".

No emprendas grandes empresas, advertía Jefferson, con "mayorías escasas". Los conservadores criticaban a los Demócratas por hacer precisamente eso en cuestiones sanitarias. Los cambios grandes, sabe Daniels, exigirán una mayoría amplia, tal vez una reunida después de 2012 por alguien con su maridaje entre logros reales, alergia al autobombo y el discreto carisma de la competencia.

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