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Cocodrilos marinos en televisión
Mario López
El reptil más grande del mundo es el cocodrilo marino que habita en el sureste asiático y en el norte de Australia. Puede llegar a medir hasta seis metros de longitud. A mí me resulta espeluznante y extraordinariamente repulsivo. Es capaz de irrumpir en el idílico mundo de los canguros y engullir de un solo bocado a un cangurito adolescente.
Ese odioso monstruo tiene el mérito de haber sobrevivido a decenas de especies mucho más evolucionadas que él. En esto, como en tantas otras cosas, el cocodrilo marino me recuerda a esa especie de periodistas que tanto ha florecido en estos últimos años y que, como el apestoso saurópsido, ha sobrevivido a infinidad de especies más evolucionadas. Esto es lo que se podría llamar "los eslabones contumaces de la evolución".
En el caso de los retroperiodistas españoles, hay que distinguir cuatro subespecies: el retroperiodista convencido (Eduardo García Serrano, Hermann Terstch, Cuca García de Vinuesa), el retroperiodista adaptado (Federico Jiménez Losantos, Fernando Sánchez Dragó), el retroperiodista cínico (Carlos Dávila, Alfredo Urdaci, Pilar San Sebastián) y el retroperiodista patológico (Alfonso Ussía, Salvador Sostres, Cesar Vidal). Todos ellos representan la voz de la caverna, esa voz que ha sido capaz de sobrevivir a decenas de voces infinitamente más evolucionadas que las suyas.
Son los cocodrilos marinos del periodismo nacional. Supongo que seguirán sobreviviendo por muchas décadas, sobre todo si siguen contando con apoyos del peso del de la lideresa madrileña Esperanza Fuencisla Aguirre Gil de Biedma. A ella deben plataformas como Intereconomía, desde donde pueden desarrollar sus saurias actividades. Sólo espero que el poder judicial ponga coto a lo que, al parecer, no puede poner el sentido común.
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